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OPINIÓN

El problema de la eutanasia ( Dr. Alejandro Serani Merlo, médico neurólogo y doctor en Filosofía, U. San Sebastián )

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Los seres humanos somos por naturaleza seres de cultura. Pero la cultura no es algo que nosotros adquirimos conscientemente, sino más bien algo que nos impregna; en ella vivimos, nos movemos y existimos. El problema de la eutanasia, antes que un problema de leyes o de doctrinas, es un problema de cultura.

En la aparición de la eutanasia como problema, se refleja sobretodo un malestar de la cultura. Un malestar en relación al modo como estamos viviendo, un malestar en el modo en que estamos muriendo. Estamos viviendo solos y nos estamos muriendo solos.

Lo que el individualismo buscaba, finalmente lo ha conseguido. La pretendida autosuficiencia plena del ser humano, conduce a su máxima indefensión. La autosuficiencia no es mala. Es mala si se la entiende mal y es buena si se la entiende bien.

Como todo lo humano la autosuficiencia no es absoluta sino relativa. Dependemos del medio ambiente, dependemos de la familia, dependemos de la comunidad, dependemos de Dios. En cada una de esas dependencias, si las entendemos y las vivimos bien, crecemos; y si las entendemos y las vivimos mal, nos frustramos.

Pero ese entender y vivir es un entender y un vivir que se da en y a través de la cultura. Este sello cultural deriva del modo como nos relacionamos, de los valores por los que nos guiamos, de las opciones que tomamos, de las cosas que sabemos, de aquellas que ignoramos, de aquellas que admiramos y valoramos.

Quizá debiésemos atender al modo como estamos viviendo la vejez y el modo como estamos viviendo el sufrimiento. No estábamos preparados para la prolongación de la vida, no estábamos preparados para los nuevos sufrimientos.

¿Tenemos que aprender a darle un sentido a la muerte y un sentido al sufrimiento?  Pienso que no, si le damos sentido a la vida, entonces la muerte y al sufrimiento pueden llegar a tener algún sentido. El problema no lo tenemos con la muerte, lo tenemos con la vida. Si no sabemos para qué se vive, menos sabremos para qué se muere. Si entendemos que se vive en dependencia, quizá podamos vivir, sufrir y morir menos solos.

 

 

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OPINIÓN

Amazonas en llamas después del día del fuego ( Por Jessica Acuña Neira )

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El 10 de agosto un montón de hacendados de Brasil, respaldados por el discurso de su presidente, un ser  que ha dicho que el Amazonas es de Brasil y no de la humanidad y que necesitan tierras para cultivar, declararon el día del fuego. El lugar es suroeste de Pará,  y desde allí comenzaron a incendiar hectáreas logrando 124 focos que no han parado de consumir el principal pulmón verde del planeta Tierra, ese mismo que produce el 20 por ciento del oxígeno del planeta y que capta o más bien captaba gran parte de los gases de efecto invernadero.

Esta decisión hace dudar de la inteligencia de los seres humanos/as, que no logramos como especie ponernos de acuerdo en medidas básicas de preservación de nuestra especie. Este aterrador acto de quema del Amazonas es un ejemplo de ello. Bolsonaro enarbola la bandera del nacionalismo, del derecho de los brasileños de decidir qué hacer con sus tierras para defender la deforestación del Amazonas, mientras el resto del mundo sufriremos las consecuencias del fuego, los gases, poniendo en peligro al mundo.

Cuesta entender que los minerales, hidrocarburos, tierra para la agricultura y cualquier de las materias primas para explotar sean más apreciadas que la conservación del planeta, que no se entienda la importancia de la selva, de los árboles, en esta ideología capitalista que ha demostrado no tener la razón, pero a nadie le importa. Porque la idea que la ciencia iba a encontrar la solución a la crisis y al cambio climático no se ha producido y más bien los investigadores aportan cada día más datos preocupantes sobre el deterioro y el peligro para el planeta, mientras que los pueblos eligen a líderes que niegan el cambio climático, se empeñan en producir más  a cualquier costo, todos preocupados por la economía, consumir y ese optimismo en torno al mercado, esa absurda certeza  que habrá siempre más.

Es cierto que las informaciones sobre el cambio climático en las personas de a pie produce ansiedad o dolor, a veces sin muchas ganas de hacer algo o más bien resignándose a algo así como que el mundo se va a acabar. Pero no es el apocalipsis porque la Tierra podrá sobrevivir sin esta especie, somos los y las humanas las que estamos en peligro.

Inevitable preguntarse qué hacer, si se ve tan lejana la Amazonas.

Algunas personas comparten en redes sociales. Creo que ya es algo. En lo personal siempre me he ubicado en un moderado optimismo en la humanidad, en que mejoraremos y sabremos resolver nuestros conflictos, en que el pasado fue y hoy estamos mejor aunque a ratos me cuesta conservar el punto de vista. Sobre todo en días como hoy con un gran incendio que la Nasa vigila desde el espacio.

El desafío, para los expertos, es emitir menos carbono a la atmósfera. Eso tiene un efecto directo sobre el calentamiento global. Para eso hay que consumir menos energía, cambiar en todo lo posible a energías renovables o limpias, tener políticas ambientales robustas, a la altura de lo que estamos viviendo como planeta y cuidar nuestros árboles. Uno de los problemas es que gran parte de la población y de los gobernantes no quiere hacerse cargo de este gran problema, porque las soluciones van en directa confrontación con la base de las economías capitalistas, son impopulares y la gran mayoría prefiere seguir como si nada pasara, porque es más fácil, o como si fuera imposible un cambio profundo. Me recuerda a Game of Thrones, cuando todos peleaban sus batallas por el trono, sin darse cuenta que el invierno ya venía.

Mientras veo imágenes de un planeta en llamas, mientras el agua es escasa en mi región y en la cordillera se derriten los glaciares inexpugnablemente y avanzamos hacia las desaladoras como solución, pienso en los árboles, en los de mi ante jardín, en los de más allá, esos que mis vecinos no riegan deseando que se sequen luego para evitar barrer las hojas y  me sigo preguntando qué más hacer. Por mientras escribo.

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Tropezar con la misma piedra ( por Samuel Fernández, Facultad de Derecho, U. Central)

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El peronismo kirchnerista volvería en Argentina el 27 de octubre, en la primera vuelta electoral, si se mantiene la tendencia de las primarias recientes.  Hace sólo cuatro años los despidió del poder por Macri, ahora castigado por un electorado que exigió soluciones efectivas y rápidas, no logradas. Su gestión priorizó recomponer el país del descalabro peronista, pero descuidó a las personas. El kirchnerismo lo hace al revés y ha funcionado, aunque el país no prospere, oponiéndose al empobrecimiento salarial; aumento de las tarifas; dólar e inflación el alza constante; y recortes en los subsidios que marcaron la actual administración.  No han pesado en contra de Cristina, la corrupción y los juicios acusatorios a ella y su entorno, muchos presos, aunque  esté protegida por su fuero parlamentario; ni los bolsos con dinero; los cuadernos con pagos ilícitos y el cansancio del omnipresente sistema K, como se conoce. En pocos años, todo vuelve a empezar y cuesta creer que será diferente a lo hecho en tantos años en el poder.

Los mercados y el dólar lo han demostrado tan pronto conocidas las PASO, y no ha sido responsabilidad de Macri, aunque lo culpen y agrave su crisis. Son el efecto de tales resultados y la desconfianza que inspiran. La economía interna lo presiente, y habrá consecuencias internacionales inevitables, económicas como políticas. Si Argentina decide finalmente que hay que regresar al pasado, será su decisión autónoma, sin el acompañamiento de las economías y organizaciones mundiales que han confiado y dado su apoyo generoso a Macri. El país queda endeudado y frustrado. Como reacción, busca volver a la bonanza y las promesas peronistas, siempre presentes y efectivas en el sentimiento de sus adherentes, que los perdonan y abarcan todo el arco político. Una fórmula duradera y base del peronismo tradicional.

Chile necesitará una readecuación en sus prioridades vecinales. Nuestra sintonía con el peronismo kirchnerista, es escasa y se ha demostrado. No así  los otros símiles regionales, populistas y en retirada por sus fracasos. Seguramente ahora festejan y buscarán recuperar Argentina a su favor en el ámbito latinoamericano. Difícil período el que viene, si como todo lo indica, nuestro vecino tropezará nuevamente con la misma piedra.

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No me conoces, pero ¿sabes de mí? ( por Claudio Piña Novoa , académico Ucentral Región de Coquimbo)

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Desde la masificación de internet, y sobre todo desde el uso excesivo de las redes sociales, es posible determinar tanta información personal, que llega a ser escalofriante.

En la mayoría de las compras que realizamos, nos piden el rut con distintas excusas (sumar puntos, tener descuentos, inscripción en club de beneficios, incluso para ver la boleta por internet). ¿Pero qué hay detrás de eso?

Sólo con su rut, alguien que sepa medianamente de informática, puede conseguir su nombre completo, el de su familia, madre, padre, hijos y pareja legal (si tiene). Con esa información se puede cruzar en las redes sociales llegando incluso a saber en qué trabaja, los lugares que frecuenta, su círculo de amigos y familiares o sus más cercanos. Gustos, expectativas de vida, problemas personales y todo lo que usted suba como “estado” en sus redes sociales.

Hasta ahí sin tener muchos conocimientos de informática. Ahora, si es experto en informática, principalmente inteligencia artificial o minería de datos, podría predecir el comportamiento y con ello saber qué preferiría comprar o donde viajar para sus vacaciones, incluso antes que usted lo decida. Lo que permite crear “ofertas” personalizadas, que es la publicidad que aparece en distintas páginas web o redes sociales. Como cuando uno está buscando un artículo por google y a los minutos le aparecen ofertas de productos parecidos en Facebook o Instagram. No es casual y está detrás de la clásica pregunta en la tienda… ¿me da su rut?

¿Cómo evitar que sus datos sean públicos? Primero, dejar de compartir todo por redes sociales, hoy la principal fuente d información somos nosotros mismos. Segundo, cambiar los nombres de nuestras redes sociales, por nombres de fantasía. Sus amigos seguirán viéndolo, solo con otro nombre, y podrá seguir compartiendo y chateando con ellos. Tercero, evite dar su rut en centros comerciales, ya que así deja de “alimentar” a los sistemas.

Así como antes, quien tenía oro era valioso, y en un futuro quien tenga agua será valioso, hoy en día quien tiene datos tiene un gran valor en ellos, y claramente puede comercializarlos.

 

Claudio Piña Novoa

Académico

Ucentral Región de Coquimbo

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