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OPINIÓN

No podemos dejarlos caer ( Carlos Vohringer, director técnico nacional de Apoyo Terapéutico del Hogar de Cristo )

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Carlos, mi tocayo, vive desde hace dos años en la calle. Dice que hacerlo fue como borrarse de sí mismo y dejarse caer. Y que ahora no sabe cómo recuperarse, cómo pararse. La droga, la pasta, lo amarra, lo ata, le pesa como un ancla.

El recién publicado Informe Mundial sobre Drogas 2019 indica que el número de personas que consumen drogas ha aumentado en un 30% respecto de 2009 y que la prevención, el tratamiento, las respuestas en materia de salud pública, son insuficientes. Este déficit es un serio obstáculo para lograr los Objetivos de desarrollo sostenible y cumplir el compromiso de no dejar a nadie atrás. Las escasas respuestas son en su mayoría ineficaces, poco accesibles; no se basan en evidencia científica, ni son respetuosas con las obligaciones internacionales en materia de derechos humanos.

En Chile, los datos del Senda, indican que, en 2016, 692 mil personas presentaron consumo problemático de alcohol y otras drogas. De ellas, sólo el 10% recibió algún tipo de respuesta terapéutica, ya sea pública o privada. Ese porcentaje es alto dentro del contexto latinoamericano, pero escaso si nos comparamos con países OCDE, y no se condice con los desafíos planteados por el programa Elige Vivir sin Drogas y el Acuerdo Nacional por la Infancia, entre otras iniciativas gubernamentales.

En 4 regiones del país aún no existe ninguna oferta para personas en situación de calle, como Carlos, ni para las privadas de libertad; en 8 no hay ninguna respuesta para quienes están en libertad vigilada y la falta de camas para desintoxicación en la mayoría de las regiones es un hecho de la causa. Y lo peor de todo es que desde 2015, el presupuesto de Senda ha ido bajando de manera sostenida. Lo más grave es el descenso de los recursos destinados a tratamientos: se han asignado 2 mil millones menos estos últimos 5 años. Parafraseando a Carlos, es como si estuviéramos dejando caer a los que, por una cuestión tanto ética como práctica, tendríamos que estar empeñados en ayudar a levantarse.

 

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OPINIÓN

Combatir el cáncer de la corrupción, debe ser el compromiso de todos. ( Por: Luis Nuñez Barrientos. )

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Siempre existió la corrupción, no es novedad, es más esta ruin y dañina conducta se ha transformado en algo que no escandaliza o sorprenda a casi nadie, resultado de aquello tristemente se ha acuñado una frase, que más de alguno la hemos oído alguna vez “Todos roban, ahora que le toque a otro robar”.

En el pasado la corrupción se mantuvo oculta, se rumoreaba, pero era difícil de probar. En el siglo XXI globalizado ya no puede ocultarse con la misma facilidad. Los avances tecnológicos, la grabación de conversaciones telefónicas, rastrear cuentas bancarias de personas y empresas, todo ello es más sencillo y más veloz. Hoy los medios de comunicación tradicionales y digitales crean corrientes de opinión, permiten fiscalizar y denunciar como no se podía en años anteriores.

La corrupción frena el crecimiento económico del país, de las regiones y de cada una de nuestras comunas, genera ineficiencias y sobrecostos. Todo ello nos trae como consecuencia obras mal diseñadas, mal construidas, sobredimensionadas presupuestariamente y muchas veces también mal implementadas, la corrupción es una de las grandes responsables del uso y gasto ineficiente de nuestros recursos, la adjudicación de obras a empresas sin experiencia o sin recursos, pero que ganan las licitaciones en forma inexplicable, debe ser siempre una señal de alerta y debemos estar como ciudadanos siempre vigilantes, porque esos recursos que se pierden y van a parar en los bolsillos de los nefastos corruptos, en lugar de ir en mejoramiento de la calidad de vida de la gente.

¿Cuál es el criterio que se aplica al adjudicar una obra de inversión pública? Muchos de los escándalos de corrupción y sus dañinas consecuencias se hubieran evitado si esta información hubiera estado accesible desde el principio para funcionarios, empresas y ciudadanía. Porque seamos claros: mucha corrupción existe porque los sistemas opacos y poco transparentes proporcionan una garantía de discreción e impunidad de los entes corruptos del sistema.

La noticia no es que hay corrupción en nuestra región, sino que hoy la tecnología y los medios de comunicación permiten difundir información a todos, denunciar, probar, comprobar y sancionar actos de corrupción, de incapacidad o de negligencia. Es una labor en la que podemos colaborar responsablemente todos los ciudadanos. La transparencia, el accountability (término norteamericano, que se refiere al Yo me hago responsable) junto a la rendición de cuentas, permitirán que se tomen mejores decisiones, para lograr un alto nivel de eficiencia y eficacia en la utilización de nuestros recursos y con ello logremos que se sancione con rigurosidad a quienes usan un cargo público para enriquecerse.

Esta columna es una invitación a todos: No seamos culpables por acción u omisión, que el cáncer de de la corrupción se siga ramificándose en nuestra sociedad, por ello es indispensable que no avalemos bajo ningún pretexto o sesgo ideológico actos de corrupción. No existe espacio para hemiplejia moral condenemos la corrupción venga de donde venga…Porque tenemos los recursos humanos y naturales que nos permitirán un crecimiento económico, social y sustentable.

La corrupción un obstáculo al desarrollo y al crecimiento de nuestra Atacama y su Gente.

 

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OPINIÓN

Las ‘otras’ primeras líneas contra la pandemia ( Samuel Erices, Académico Trabajo Social, UCEN )

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Desde el inicio de la emergencia sanitaria, en marzo de 2020 ya han transcurrido cuatro meses, en donde hemos sido testigos de cambios, ajustes e impactos en distintos niveles de nuestra sociedad, tanto en lo político, social-emocional y económico.

 

Las interacciones que desde ahí se evidencian son variadas, disímiles y van más allá de lo complejo, ya que reflejan el sentir, la preocupación y el miedo en las personas, sin constituirse en una excusa que les inmoviliza, por el contrario, más bien alienta a la organización, empuja la solidaridad, aumenta la fraternidad y fortalece la valoración de los otros en los distintos contextos de los que muchas personas somos parte en nuestro país.

 

Los diversos medios de comunicación informan sobre el alcance de la pandemia: desempleo, escases de recursos y pobreza, y advierten sobre la catástrofe del Chile actual pero, además, y en contrapartida, desde el núcleo social, germina una capacidad de resiliencia ciudadana que ha fortalecido la asociatividad y solidaridad entre las organizaciones sociales, que se han transformado en otra primera línea de asistencia a los vecinos más vulnerados producto del coronavirus.

 

¿La pandemia nos obliga a la distancia física? Si, es fundamental, pero de la misma forma nos dice no a la desconexión social. En ese sentido, muchas organizaciones y juntas de vecinos a pesar del confinamiento, han asumido un rol estratégico en cada barrio, organizando ollas comunes, asistiendo a los enfermos, cuidando a los adultos mayores, conteniendo a las mujeres y enfrentando situaciones de violencia física y mental.

 

Este apoyo de la comunidad ha sido esencial para las familias más golpeadas por la enfermedad y se ha transformado en una viga sólida para las personas, más allá de la ayuda formal del Estado que muchas veces es escasa o nula.

 

Hoy vemos que la comunidad siempre ha estado viva y atenta a actuar frente a los problemas ciudadanos.

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OPINIÓN

“Diversificación y descentralización del conocimiento” Por Jaime Alonso Barrientos (Vicerrector Regional UCEN Coquimbo)

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Ya hablamos en este espacio de los desafíos para la generación de conocimiento a partir del fomento de la investigación local.  En el estudio “Cartografía del Conocimiento de Chile” (Cárdenas, Cabrera, Moguillansky, Olivares; datos y otros en columna), se muestra un grupo pequeño de disciplinas vinculadas, reconocidas como el “núcleo del conocimiento chileno”, principalmente conformadas por el área de Recursos Naturales, las cuales permitieron que entre el año 1994 y el 2014 la producción científica, medida en número de artículos indexados “WoS”, se incrementara pasando de 1.000 a más de 7.000 artículos.

Lo que en una primera mirada es un buen dato, al hacer un análisis acumulativo entre el año 2004 al 2014, indica que sólo el 10% de las disciplinas con mayor número de publicaciones concentraba casi la mitad del total de artículos publicados. Las Ciencias Naturales aportaban el 70%, con el sobresaliente rendimiento de Astronomía y Astrofísica, con 5.819, seguido de Medicina con 1.896 y Ecología con 1.766 publicaciones “WoS”. Las Ciencias Sociales aparecen en el lugar número 14, con Economía y sus 903 trabajos.

En la Región de Coquimbo, las diferencias esperadas se hacen evidentes, el conocimiento más que originar líneas diversificadas tiende a acumularse, principalmente por los mecanismos de difusión generalmente focalizados en audiencias específicas. Al ser una zona con gran actividad astronómica, que casi duplica sus publicaciones entre 2008 y 2014 (494 a 709), existe gran movilidad internacional de investigadores. En esta disciplina, el 45% de los artículos con afiliación regional son producidos por académicos extranjeros y sólo el 35% por talentos regionales.

Esta concentración espacial y la “fuga” de conocimiento impiden generar un vínculo virtuoso regional, el cual es absolutamente necesario. En él, el Estado requiere señalar los acoplamientos requeridos para generar el encuentro formal entre instituciones regionales e internacionales, que permita avanzar para posicionar a la región como territorio científico relevante, fundamentado en sistematización de redes.

Ahora bien, si a lo anterior agregamos que la Región Metropolitana cubre casi el 100% del total de las disciplinas WoS, se revela además que existe concentración y centralización del conocimiento, con un desarrollo país heterogéneo. Por ejemplo, en nuestra región esta cobertura alcanzaba una cifra algo superior al 60% en el 2014, en un número profundamente afectado por el “adyacente posible”, es decir, por la construcción sobre aquello ya escrito, y no con líneas que privilegien la diversificación y la descentralización.

Se requiere una estrategia pública de apoyo a la investigación, encaminada a mejorar la tasa de crecimiento de la cobertura temática nacional, que ahora alcanza a un 3%; y fomentar la inversión privada, que en países desarrollados llega al 70% del total.  Finalmente, quiero resaltar el rol de las Universidades que han profundizado su aporte en la región para la descentralización, diversificación y multidisciplinariedad, como un llamado a no continuar haciendo más de lo mismo, sino que apuntar a la creación de conocimiento local, de modo de lograr un flujo de investigación que sea capaz de comunicarse y traducir en forma efectiva los requerimientos para el desarrollo.

 

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