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OPINIÓN

Movilidad y delincuencia ( por Uwe Rohwedder Académico Facultad de Ingeniería y Arquitectura, U. Central)

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Que sorprendente es darse cuenta como una buena noticia pueda generar opiniones tan diferentes y opuestas. Hace una semana se anunció con bastante ruido y despliegue los posibles trazados que tendrían las nuevas líneas de metro 7, 8, 9 y 10, junto a algunas extensiones.

Es indudable que, para sectores como Bajos de Mena, La Pintana y Renca por nombrar algunos, la noticia llena de esperanza, cumple con anhelos y sueños postergados por décadas. Sus habitantes esperan con ansiedad que estos proyectos se concreten lo antes posible.

En el oriente de la ciudad, específicamente Vitacura, el panorama es diametralmente opuesto. Las opiniones apuntan con miedo a que las futuras estaciones de metro podrían atraer actos delictivos. Muy lamentablemente, la recién inaugurada línea 3 que termina en el corazón de La Reina ya tiene una estadística negativa que da cuenta de un aumento significativo en acciones como los temidos portonazos. Cuesta creer que estén relacionados, pero de ser así debiera ser una variable inteligente para incorporar en el diseño de las estaciones.

Movilidad de la delincuencia es un fenómeno vivo que está ocurriendo, por lo que el foco del problema sin duda es más complejo y tiene múltiples factores. Vale preguntarse por esos jóvenes protagonistas de hechos violentos contra la propiedad, si aquello lo hacen como un derecho territorial o son reacciones anti sistémicas que vienen de condiciones de desigualdad.

Nuestra sociedad construida sobre la lógica del mercado, ha profundizado vacíos éticos y culturales. Sin duda que la extracción de toda la energía sin piedad del producir y competir para sobrevivir ha dejado gran parte de la educación en las etapas escolares, desapareciendo con ello la comprensión de lo que significa una familia y toda su construcción moral. Esta ausencia ha aumentado la brecha entre entender cuando estoy invadiendo o dañando patrimonios de otros y la conciencia de que estoy actuando en la ilegalidad o perjudicando el bienestar de esos otros.

Desde la mirada académica y de lo arquitectónico, existen hoy estudios serios que sitúan la responsabilidad de conductas delictuales en la forma de vivir. Los barrios y condiciones espaciales deterioradas, hacinamientos, poca luz natural, la ausencia de áreas verdes y/o paisajes naturales, son condicionantes de desesperanza y gatillan con mucha facilidad actos delictuales.

La disposición de áreas comunes que invitan al encuentro, que se diseñan con la intención de ser mirados, que generan pertenencia a la comunidad, son contrapuestos a aquéllos pasajes enfrentados largos, oscuros, densos y de un pasar rápido como calles sin fin y perspectivas encerradas. Es tan distinto una ventana que mira un espacio con vida, a tener que cerrar la misma por proximidad, o simplemente por enfrentar la monotonía de otra ventana.

Desde luego, esto es una reflexión abierta y sin duda los elementos arquitectónicos deben complementarse con factores sociales, pero es una realidad que los espacios en que se sobreponen más hechos simultáneamente alegran el corazón, porque la retina del ojo suele moverse más rápido por los estímulos que genera la composición arquitectónica de ese lugar.

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OPINIÓN

Amazonas en llamas después del día del fuego ( Por Jessica Acuña Neira )

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El 10 de agosto un montón de hacendados de Brasil, respaldados por el discurso de su presidente, un ser  que ha dicho que el Amazonas es de Brasil y no de la humanidad y que necesitan tierras para cultivar, declararon el día del fuego. El lugar es suroeste de Pará,  y desde allí comenzaron a incendiar hectáreas logrando 124 focos que no han parado de consumir el principal pulmón verde del planeta Tierra, ese mismo que produce el 20 por ciento del oxígeno del planeta y que capta o más bien captaba gran parte de los gases de efecto invernadero.

Esta decisión hace dudar de la inteligencia de los seres humanos/as, que no logramos como especie ponernos de acuerdo en medidas básicas de preservación de nuestra especie. Este aterrador acto de quema del Amazonas es un ejemplo de ello. Bolsonaro enarbola la bandera del nacionalismo, del derecho de los brasileños de decidir qué hacer con sus tierras para defender la deforestación del Amazonas, mientras el resto del mundo sufriremos las consecuencias del fuego, los gases, poniendo en peligro al mundo.

Cuesta entender que los minerales, hidrocarburos, tierra para la agricultura y cualquier de las materias primas para explotar sean más apreciadas que la conservación del planeta, que no se entienda la importancia de la selva, de los árboles, en esta ideología capitalista que ha demostrado no tener la razón, pero a nadie le importa. Porque la idea que la ciencia iba a encontrar la solución a la crisis y al cambio climático no se ha producido y más bien los investigadores aportan cada día más datos preocupantes sobre el deterioro y el peligro para el planeta, mientras que los pueblos eligen a líderes que niegan el cambio climático, se empeñan en producir más  a cualquier costo, todos preocupados por la economía, consumir y ese optimismo en torno al mercado, esa absurda certeza  que habrá siempre más.

Es cierto que las informaciones sobre el cambio climático en las personas de a pie produce ansiedad o dolor, a veces sin muchas ganas de hacer algo o más bien resignándose a algo así como que el mundo se va a acabar. Pero no es el apocalipsis porque la Tierra podrá sobrevivir sin esta especie, somos los y las humanas las que estamos en peligro.

Inevitable preguntarse qué hacer, si se ve tan lejana la Amazonas.

Algunas personas comparten en redes sociales. Creo que ya es algo. En lo personal siempre me he ubicado en un moderado optimismo en la humanidad, en que mejoraremos y sabremos resolver nuestros conflictos, en que el pasado fue y hoy estamos mejor aunque a ratos me cuesta conservar el punto de vista. Sobre todo en días como hoy con un gran incendio que la Nasa vigila desde el espacio.

El desafío, para los expertos, es emitir menos carbono a la atmósfera. Eso tiene un efecto directo sobre el calentamiento global. Para eso hay que consumir menos energía, cambiar en todo lo posible a energías renovables o limpias, tener políticas ambientales robustas, a la altura de lo que estamos viviendo como planeta y cuidar nuestros árboles. Uno de los problemas es que gran parte de la población y de los gobernantes no quiere hacerse cargo de este gran problema, porque las soluciones van en directa confrontación con la base de las economías capitalistas, son impopulares y la gran mayoría prefiere seguir como si nada pasara, porque es más fácil, o como si fuera imposible un cambio profundo. Me recuerda a Game of Thrones, cuando todos peleaban sus batallas por el trono, sin darse cuenta que el invierno ya venía.

Mientras veo imágenes de un planeta en llamas, mientras el agua es escasa en mi región y en la cordillera se derriten los glaciares inexpugnablemente y avanzamos hacia las desaladoras como solución, pienso en los árboles, en los de mi ante jardín, en los de más allá, esos que mis vecinos no riegan deseando que se sequen luego para evitar barrer las hojas y  me sigo preguntando qué más hacer. Por mientras escribo.

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Tropezar con la misma piedra ( por Samuel Fernández, Facultad de Derecho, U. Central)

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El peronismo kirchnerista volvería en Argentina el 27 de octubre, en la primera vuelta electoral, si se mantiene la tendencia de las primarias recientes.  Hace sólo cuatro años los despidió del poder por Macri, ahora castigado por un electorado que exigió soluciones efectivas y rápidas, no logradas. Su gestión priorizó recomponer el país del descalabro peronista, pero descuidó a las personas. El kirchnerismo lo hace al revés y ha funcionado, aunque el país no prospere, oponiéndose al empobrecimiento salarial; aumento de las tarifas; dólar e inflación el alza constante; y recortes en los subsidios que marcaron la actual administración.  No han pesado en contra de Cristina, la corrupción y los juicios acusatorios a ella y su entorno, muchos presos, aunque  esté protegida por su fuero parlamentario; ni los bolsos con dinero; los cuadernos con pagos ilícitos y el cansancio del omnipresente sistema K, como se conoce. En pocos años, todo vuelve a empezar y cuesta creer que será diferente a lo hecho en tantos años en el poder.

Los mercados y el dólar lo han demostrado tan pronto conocidas las PASO, y no ha sido responsabilidad de Macri, aunque lo culpen y agrave su crisis. Son el efecto de tales resultados y la desconfianza que inspiran. La economía interna lo presiente, y habrá consecuencias internacionales inevitables, económicas como políticas. Si Argentina decide finalmente que hay que regresar al pasado, será su decisión autónoma, sin el acompañamiento de las economías y organizaciones mundiales que han confiado y dado su apoyo generoso a Macri. El país queda endeudado y frustrado. Como reacción, busca volver a la bonanza y las promesas peronistas, siempre presentes y efectivas en el sentimiento de sus adherentes, que los perdonan y abarcan todo el arco político. Una fórmula duradera y base del peronismo tradicional.

Chile necesitará una readecuación en sus prioridades vecinales. Nuestra sintonía con el peronismo kirchnerista, es escasa y se ha demostrado. No así  los otros símiles regionales, populistas y en retirada por sus fracasos. Seguramente ahora festejan y buscarán recuperar Argentina a su favor en el ámbito latinoamericano. Difícil período el que viene, si como todo lo indica, nuestro vecino tropezará nuevamente con la misma piedra.

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No me conoces, pero ¿sabes de mí? ( por Claudio Piña Novoa , académico Ucentral Región de Coquimbo)

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Desde la masificación de internet, y sobre todo desde el uso excesivo de las redes sociales, es posible determinar tanta información personal, que llega a ser escalofriante.

En la mayoría de las compras que realizamos, nos piden el rut con distintas excusas (sumar puntos, tener descuentos, inscripción en club de beneficios, incluso para ver la boleta por internet). ¿Pero qué hay detrás de eso?

Sólo con su rut, alguien que sepa medianamente de informática, puede conseguir su nombre completo, el de su familia, madre, padre, hijos y pareja legal (si tiene). Con esa información se puede cruzar en las redes sociales llegando incluso a saber en qué trabaja, los lugares que frecuenta, su círculo de amigos y familiares o sus más cercanos. Gustos, expectativas de vida, problemas personales y todo lo que usted suba como “estado” en sus redes sociales.

Hasta ahí sin tener muchos conocimientos de informática. Ahora, si es experto en informática, principalmente inteligencia artificial o minería de datos, podría predecir el comportamiento y con ello saber qué preferiría comprar o donde viajar para sus vacaciones, incluso antes que usted lo decida. Lo que permite crear “ofertas” personalizadas, que es la publicidad que aparece en distintas páginas web o redes sociales. Como cuando uno está buscando un artículo por google y a los minutos le aparecen ofertas de productos parecidos en Facebook o Instagram. No es casual y está detrás de la clásica pregunta en la tienda… ¿me da su rut?

¿Cómo evitar que sus datos sean públicos? Primero, dejar de compartir todo por redes sociales, hoy la principal fuente d información somos nosotros mismos. Segundo, cambiar los nombres de nuestras redes sociales, por nombres de fantasía. Sus amigos seguirán viéndolo, solo con otro nombre, y podrá seguir compartiendo y chateando con ellos. Tercero, evite dar su rut en centros comerciales, ya que así deja de “alimentar” a los sistemas.

Así como antes, quien tenía oro era valioso, y en un futuro quien tenga agua será valioso, hoy en día quien tiene datos tiene un gran valor en ellos, y claramente puede comercializarlos.

 

Claudio Piña Novoa

Académico

Ucentral Región de Coquimbo

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