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OPINIÓN

Los males de la Democracia se curan con más Democracia ( por Rodrigo Rojas Veas, rector Sto Tomás , Copiapó)

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Hasta hace 15 dias atrás, las ideas de Democracia, instituciones que creíamos funcionaban, capacidad de abordar la resolución de las necesidades sociales, estabilidad y orden público parecían ser parte del escenario habitual de la sociedad chilena y constituían el acervo mínimo sobre el cual, suponíamos, se cimentaba la organización del país. Pero tan solo en dos semanas todo este tinglado que estimábamos sólido ha sido puesto en serio riesgo, demostrando una fragilidad sorprendente luego de tres décadas en las que nos ufanamos de ser casi una excepción en el concierto latinoamericano.

¿Qué ocurrió para que la situación de Chile presente un horizonte plagado de incertidumbre?

Ríos de tinta han sido derramados en los medios escritos y digitales, horas y horas de análisis en la Televisión, semanas de reportajes en radios, toneladas de información y debates en redes sociales. Todo para tratar de desentrañar las causas de esta reacción que no estaba en los cálculos de nadie y que ha puesto de cabeza a la sociedad chilena. Para muchos, se rebalso el vaso de las inconformidades de una parte mayoritaria de la ciudadanía que durante años fue acumulando la sensación de ser abusada y excluida del crecimiento y desarrollo del que nos hablaban las cifras macroeconómicas pero que muchos sentían no les llegaban, haciéndoseles cada vez más difícil la vida y el acceso a las oportunidades de mejorar su calidad de vida.

En distintas latitudes sorprende que él, en incontables ocasiones, reseñado ejemplo de crecimiento, estabilidad, reducción de la pobreza y mejora de indicadores de bienestar sufra este proceso tan radical de cuestionamiento de su modelo de desarrollo y del pacto social. Para quienes estamos dentro de la situación no puede ser tan inesperado que haya esta efervescencia, pues muchos hechos daban cuenta de que se venía fraguando desde hace tiempo una severa disconformidad con la situación microeconómica, el desempeño de las instituciones, el quehacer de los hacedores de políticas públicas, todo lo que fue configurando la tormenta perfecta en la que hoy estamos inmersos y de la que no tenemos claridad de como saldremos retomando niveles mínimos de acuerdo que permitan configurar un escenario posible para el país.

Entonces, preservar la Democracia, fortalecer las Instituciones, convocar a un dialogo amplio y sin exclusiones, reestablecer el orden público, canalizar la diversidad de inquietudes y reivindicaciones ciudadanas, aunque nos parezca que todas estas ideas parecen ser de una agenda de los años 80 o 90, en el actual estado de situación, aparecen como bienes absolutamente deseables de conseguir.

Sufrimos un retroceso y esto deja en evidencia la necesidad de no dejar de lado aquello que dejamos de atender por creer que el futuro está asegurado. El dialogo social debe ser permanente.

 

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Crisis sociales y derechos humanos: ¿Cuál es la responsabilidad del Estado? ( por Franco Luna, Ucen Región de Coquimbo )

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La actual crisis provocada por la pandemia del COVID-19, significó un impacto en la economía familiar, lo que afecta considerablemente la capacidad de satisfacer sus necesidades alimenticias. Resulta entonces legítimo, reflexionar en torno a las obligaciones del Estado de Chile en relación al Derecho a la Alimentación.

En primer lugar, los Derechos Humanos se encuentran estrechamente ligados a la dignidad humana, es decir, son indispensables para la subsistencia del individuo, su plan de vida, y desenvolvimiento libre dentro de la sociedad. Son esenciales para el sujeto y gozaría de ellos únicamente por su naturaleza humana, sin necesidad de satisfacer otros requisitos o condiciones. El Derecho a la Alimentación, se encuentra consagrado en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y consiste en la posibilidad de tener acceso, de manera regular, permanente y libre, sea directamente o mediante compra en dinero, a una alimentación cualitativa y cuantitativa, en armonía a la cultura de la población del consumidor, y que garantice una vida psíquica y física, individual y colectiva, satisfactoria y digna.

¿Cuáles son entonces, las obligaciones del Estado en relación a este Derecho? Primero, respetar, es decir, no interponer barreras para que las personas obtengan alimentos y abstenerse de entorpecer su producción por parte de los individuos o comunidades. Proteger, adoptar medidas para evitar cualquier privación del acceso a una alimentación adecuada. Desarrollar, llevar a cabo todas las actividades necesarias para fortalecer el acceso a la alimentación, especialmente cuando un grupo o persona, por razones fuera de su control, sea incapaz de disfrutar de este derecho, por ejemplo, en casos de catástrofes o crisis como la actual. En conclusión, el Estado está obligado de auxiliar a las personas que no puedan satisfacer sus necesidades alimentarias, facilitando el acceso o entregando alimentos suficientes para las exigencias fisiológicas humanas.

 

 

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«Patrimonio y sentido de pertenencia» Por Paz Walker Fernández (Arquitecta y Académica Ucen Coquimbo)

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El Patrimonio constituye un legado cultural que es fuente de identidad de los pueblos.

Ponerlo en valor y preservarlo es de suma importancia, ya que el proceso de globalización en el mundo, y el desarrollo de una economía de escala universal, ha generado la necesidad cada vez mayor de resguardar los espacios de pertenencia.

El  Patrimonio Arquitectónico y Urbano es especialmente importante porque constituye  el entorno que guarda la memoria de la vida cotidiana y le da el sentido de pertenencia.  Es lo que la reconoce en una historia y una geografía que lo sustenta.

Las características de cada ciudad se componen y estructuran de manera especial y única, constituyendo los lugares, caracterizados e identificables, que el habitante asume de modo familiar y  por lo tanto, constituyen piezas claves del hábitat urbano.

Como consecuencia de los procesos globalizadores y del desarrollo de una economía de escala universal se ha generado la necesidad cada vez mayor de resguardar los espacios de pertenencia.

La ciudad  de  San  Bartolomé  de  la  Serena,  fundada  en 1544  por  orden  del  capitán  Pedro  de  Valdivia,  y re-fundada  el  26  de  agosto  de  1549  por  don  Francisco  de Aguirre, corresponde  a  la  segunda  ciudad  más antigua  del  que fuera el reino  de  Chile,  situación  que  le  significa  ser  poseedora de  un patrimonio  histórico  y  arquitectónico especialmente  valioso.

Sin embargo, aunque esta situación es reconocida, actualmente muchas de sus edificaciones, incluso las denominadas Monumento Nacional, se encuentran en estado de deterioro y muchas han sido demolidas.

Se hace imprescindible entonces, tomar atención y hacer lo que sea necesario para no perder este bien cultural y material.

El reconocimiento y puesta en valor de este patrimonio es condición fundamental para su recuperación y preservación.

 

Paz Walker Fernández, Arquitecta y Académica, (Ucen Región de Coquimbo)

 

 

 

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“Pandemia, Merkel y los ancianos” Por Ximena Torres Cautivo (periodista)

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“Corroboramos a los fallecidos”, dijo a la prensa el carabinero a cargo. Fue el olor de la descomposición de los cuerpos y la ausencia del vecino, Luis, un adulto mayor de 76 años, que cuidaba a Berta, su hermana de 68, postrada a causa de un accidente, lo que alertó al barrio. Ambos fueron encontrados muertos en su casa, en El Llano de Coquimbo. Se investiga si los decesos fueron producto del coronavirus, causa que se confirmará dentro de un par de semanas.

Terrible final, que no difiere nada de lo sucedido en países como España e Italia hace unos meses, cuando el Covid-19 fulminaba como una bomba de racimo a los asilados en clínicas y hogares geriátricos. A los que estaban enfermos, solos, descuidados.

Una vecina cercana a esas latitudes, la canciller alemana Angela Merkel –de 65 años, punto de entrada a lo que se llama la adultez mayor, según definición de la OMS–, ha sido rotunda cuando ha dicho “encerrar a nuestros mayores como estrategia de salida a la normalidad es inaceptable desde el punto de vista ético y moral».

Se refiere al confinamiento como medida de protección, liberando de la cuarentena primero a los jóvenes ahora que allá lo peor ha pasado, y dejando guardados a los viejos. Merkel entiende que la vulnerabilidad de los mayores se profundiza cuando están solos y no reciben asistencia, que es lo más crítico. Y es la situación de ancianos cuidados muchas veces por alguien tan mayor como ellos, como es el caso de los hermanos Berta y Luis, de Coquimbo. Para estas personas, recluidas y en soledad, en tiempos normales, programas sociales como los de Atención Domiciliaria del Adulto Mayor, que les prestan ayuda y compañía, tanto a ellos como a sus cuidadores, son invaluables. Hoy, ese apoyo, ha sido reemplazado por contactos telefónicos y asistencia remota, que sirve, pero no es ni de cerca lo mismo. Cómo proteger prioritariamente a este grupo, el de los adultos mayores, en abandono, postración y soledad, manteniendo sus derechos, es una cuestión abrumadora, tan profunda y compleja moralmente, como el debate en torno a la última cama.

 

 

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