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OPINIÓN

Salud mental: cómo lidiar con la contingencia ( por Rodrigo Venegas, Psicólogo y académico Facultad de Psicología, U. San Sebastián)

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Ya de antes del conflicto social actual, Chile presentaba lamentables indicadores en salud mental.

 

La presencia de cuadros de depresión, ansiedad, agotamiento físico y mental ocupaban una buena parte de las quejas de la población. Junto a ello, las elevadas tasas de suicidio juvenil y de adulto mayor nos colocaban en el foco de atención mundial con los indicadores por sobre la media OCDE.

 

Para ese complejo panorama -que cruza de manera transversal a una parte relevante de la población- el Estado no tenía respuesta; bajos presupuestos daban cuenta de la poca prioridad que el tema tenía para diferentes gobiernos. Como muestra de lo anterior, el psiquiatra Alberto Larraín lo expresó con números en una entrevista de este año “1 de cada 4 chilenos tiene hoy una enfermedad de Salud Mental. Cerca de 3.8 millones de compatriotas. De ellos solo el 20% recibe tratamiento”, dijo.

 

Frente a la actual coyuntura, los trastornos de salud mental se elevan a la altura de pandemia dejando a pocos individuos indemnes frente a la ansiedad, estrés, alteraciones del sueño y labilidad emocional, la reactivación de memoria traumática hace que emerjan con fuerza cuadros de estrés post traumático y similares en población que ya ha sido expuesta con anterioridad a eventos altamente estresantes.

 

Los problemas en la construcción de rutinas diarias y en muchos casos de transporte y subsistencia colocan a las personas de nuestro país al borde de sus capacidades psíquicas para elaborar los eventos del día a día. Lo anterior sólo puede profundizar la crisis de salud mental en el país. Frente a ello no existen recetas mágicas, pero si algunas acciones concretas que permiten lidiar con el cotidiano:

 

Evitar sobre exposición a conversaciones y mensajes: Tanto usted cómo su familia (en especial niños y niñas) deben regular el flujo de información, muchas veces contradictoria, sino derechamente falsa, que aparece de manera continua por los medios de comunicación (online o TV). Poder regular lo que escucha y lee permite “desconectarse” de los eventos y dar un tiempo para que el cuerpo, las emociones y pensamientos se regulen.

 

Generar rutinas: Las actuales circunstancias generan quiebre de rutinas esenciales para organizarnos espacio-temporalmente. Ello conlleva ansiedad y sensación de pérdida de control. Frente a esto, la posibilidad de recuperar rutinas o crear nuevas, genera la sensación de espacio conocido y protector.

 

Buscar afecto y seguridad en los más cercanos: El afecto, la compañía y los vínculos afectivos son mecanismos centrales para recuperar la esperanza y vislumbrar soluciones.

La OMS/ Minsal recomiendan, frente a situaciones de desastres, algunas acciones relevantes:

 

  • Buscar compañía y hablar.
  • Compartir sentimientos y pensamientos con otros.
  • Escuchar y ayudar a sus compañeros.
  • Permitirse sentirse mal, deprimido o indiferente.
  • Realizar ejercicios físicos suaves, alternados con relajación.
  • Estructurar el tiempo y mantenerse ocupado.
  • No evadir el dolor o sufrimiento con el uso de drogas o alcohol.
  • Tratar de mantener un itinerario de vida lo más normal posible.
  • Hacer cosas que lo hagan sentir bien, útil y solidario.
  • Tomar pequeñas decisiones cotidianas.
  • Descansar lo suficiente.
  • Intentar, dentro de lo posible, comer bien y regularmente.
  • Saber que los sueños y pensamientos recurrentes acerca del evento traumático son normales y deben ser compartidos.

 

Rodrigo Venegas

Psicólogo y académico Facultad de Psicología, U. San Sebastián

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“Señales de alerta” Por Sofía Cid Versalovic (Diputada por Atacama)

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El Imacec de -3,4% en el mes de octubre y el Informe de Política Monetaria (IPoM) entregado por el Banco Central son la confirmación del nuevo escenario económico que enfrentamos en Chile.

El Imacec de noviembre probablemente sea peor al de octubre y eso hará que crezcamos sólo un 1% durante el 2019. Estamos ante un mal escenario para nuestra economía: veremos destrucción de puestos de trabajo y caída en la inversión. Esto es exclusivamente debido al factor interno producto , pues en materia internacional la situación es otra.

Efectivamente aquí se requiere recuperar la certeza jurídica e institucional. De nada servirán los planes de reactivación o propuestas de aumentar el nivel de deuda si no hay certeza jurídica.  Desde el Congreso tenemos que dar señales potentes, y una de ella es respetar la Constitución vigente. Si nosotros presentamos proyectos e indicaciones inadmisibles ¿cuál es el mensaje que envíamos? Que no somos serios y que las reglas no se respetan.

Por otro lado, esto de partir con una constitución desde cero, la llamada “hoja en blanco” que exigen algunos sectores, no contribuye a dar tranquilidad y generar confianza. Todas las constituciones anteriores han recogido la base de lo que existía y que dio resultados, sin perjuicio de introducir cambios profundos: la de 1833 consideró la de 1828, la de 1925 consideró la de 1833 y sus reformas y la de 1980 hizo lo propio con la de 1925 y sus enmiendas. El riesgo es tener una “constitución de papel”, sin considerar la realidad y la experiencia, lo que puede terminar en fracaso como ya ocurrió en otras ocasiones en la historia de Chile.

Es preocupante que no exista claridad en el Congreso, y especialmente en la Cámara de Diputados acerca de la importancia de reactivar la economía para poder llevar a cabo las reformas sociales. Si no hay crecimiento, disminuye la base sobre la que se cobran impuestos y por tanto la recaudación será menor, por mucho que se eleven las tasas y que se creen nuevos impuestos. No entender esto puede terminar por asfixiando la economía, sin que podamos dar cauce a las reformas, y quedaremos en un país más pobre en términos objetivos al que teníamos en octubre de 2018.

Las alertas ya están encendidas, y ahora parece ser necesario que Gobierno y Congreso lleguen a un acuerdo transversal cuyo objetivo sea alcanzar una economía lo más dinámica posible, para generar oportunidades y para poder financiar las reformas sociales que Chile espera.

 

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.La temida recesión ( Catalina Maluk, Directora Escuela de Economía y Negocios, U. Central )

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El movimiento social que partió el 18 de octubre, está evidenciando sus primeros efectos en la economía.

Claramente, las necesarias demandas sociales que buscan disminuir la desigualdad y mejorar la calidad de vida de los sectores más vulnerables y la clase media, se han visto perjudicadas por la excesiva violencia desencadenada. Esto ha generado un nivel de incertidumbre que impacta la economía de nuestro país y empieza a afectar el presupuesto de los hogares.

Las consecuencias finales, hoy son difíciles de predecir. Las  recientes cifras de desempleo, la caída en las ventas del comercio y el aumento que enfrentarán muchos productos dado el alza del dólar, auguran una situación muy compleja. Cómo enfrentarla, es el gran desafío para todos.

Quienes tengan un ingreso seguro, pueden aportar a la reactivación económica y a disminuir las expectativas de recesión a través del consumo, que impulsa la actividad del país. Dicho en simple, si se mueve el dinero, este llega a las personas via ingresos y permite que tengan acceso a bienes.

Si por el contrario, existe temor al futuro y se verifica una disminución considerable en el consumo con foco en el ahorro, disminuye la actividad, aumenta la contracción y se profundiza un escenario recesivo.

Además, es de suma importancia aumentar el gasto del Estado para contrarrestar el menor gasto privado; y que la banca haga efectiva la baja de tasas de interés que promovió el Banco Central para incentivar la inversión.

En síntesis, debemos propiciar todo lo necesario para salir de una crisis económica que se avecina, en el menor plazo posible y con el menor costo para las personas.

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Con o sin COP25, el compromiso está ( Gustavo Cruz de Moraes, Gerente General de Natura Chile. )

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Desde octubre, millones de chilenos se unieron exigiendo mayor equidad y justicia social. Pero fue antes que estallara la crisis, que las manos de manifestantes en Santiago, Concepción, Antofagasta y Valparaíso se unieron para marchar por el medio ambiente.

 

Era la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático una oportunidad no solo para Chile, sino que para toda Latinoamérica para visibilizar las demandas: conservación y cuidado de los bosques y el agua: reforestar con al menos 600 mil hectáreas de flora nativa y declarar santuario de la naturaleza 200 mil hectáreas del bosque nativo actual con plazo el 2025. Derogación del código de aguas para avanzar hacia una gestión comunitaria del recurso. Potenciar y fomentar la agroecología; la prohibición de las termoeléctricas a carbón desde el año 2030 y de todas las termoeléctricas basadas en combustibles fósiles desde el año 2040; Democracia ambiental y justicia climática que va de la mano con robustecer la educación ambiental, y terminar con las zonas de sacrificio.

 

Demandas que hoy toman más fuerza, sobre todo, cuando la última encuesta Cadem relacionada con el medio ambiente, dio cuenta que un 69% de los chilenos cree que se puede parar y dar marcha atrás al cambio climático y no solo eso, el 77% considera que las inundaciones, incendios y sequías que se han visibilizado en el país en los últimos años en Chile están relacionados con el cambio climático y el 18% sostiene que siempre han ocurrido.

 

Y pese a que la COP 25 se fue a Madrid, los compromisos de Chile se mantienen incólumes: cuidar mejor nuestros océanos que son parte vital en el ciclo de la vida y transformar a Chile en un país carbono neutro, es decir, emisión neta cero de carbono antes del año 2050 a través de un plan que hemos venido trabajando desde hace un tiempo y del cual Natura se ha hecho parte contabilizando las emisiones de carbono en todo lo que hacemos. Desde el impacto de la extracción de los ingredientes, hasta el descarte del producto, considerando, inclusive, viajes y actividades de las fábricas. Nuestro enfoque es reducir las emisiones directas e indirectas en toda la cadena.

 

No estamos solos y es clave el espíritu de colaboración, aportar de manera conjunta a un bienestar colectivo, ayudando a mejorar la vida de las personas a través de los productos que ofrecemos y los servicios que prestamos para un mundo más bonito.

 

 

 

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