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OPINIÓN

.La temida recesión ( Catalina Maluk, Directora Escuela de Economía y Negocios, U. Central )

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El movimiento social que partió el 18 de octubre, está evidenciando sus primeros efectos en la economía.

Claramente, las necesarias demandas sociales que buscan disminuir la desigualdad y mejorar la calidad de vida de los sectores más vulnerables y la clase media, se han visto perjudicadas por la excesiva violencia desencadenada. Esto ha generado un nivel de incertidumbre que impacta la economía de nuestro país y empieza a afectar el presupuesto de los hogares.

Las consecuencias finales, hoy son difíciles de predecir. Las  recientes cifras de desempleo, la caída en las ventas del comercio y el aumento que enfrentarán muchos productos dado el alza del dólar, auguran una situación muy compleja. Cómo enfrentarla, es el gran desafío para todos.

Quienes tengan un ingreso seguro, pueden aportar a la reactivación económica y a disminuir las expectativas de recesión a través del consumo, que impulsa la actividad del país. Dicho en simple, si se mueve el dinero, este llega a las personas via ingresos y permite que tengan acceso a bienes.

Si por el contrario, existe temor al futuro y se verifica una disminución considerable en el consumo con foco en el ahorro, disminuye la actividad, aumenta la contracción y se profundiza un escenario recesivo.

Además, es de suma importancia aumentar el gasto del Estado para contrarrestar el menor gasto privado; y que la banca haga efectiva la baja de tasas de interés que promovió el Banco Central para incentivar la inversión.

En síntesis, debemos propiciar todo lo necesario para salir de una crisis económica que se avecina, en el menor plazo posible y con el menor costo para las personas.

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OPINIÓN

¿Cuándo se jodió Chile? ( por Eugenio Yáñez Rojas, Director Instituto de Filosofía, Universidad San Sebastián)

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El 18 de octubre quedará grabado en el inconsciente colectivo como el día en que se jodió nuestro país. Sin embargo, quizá este día no fue más que el fruto podrido de un proceso de descomposición ética y cultural que se venía incubando de manera larvada hace décadas.

 

Quizá la crisis comenzó cuando se perdió la autoridad, o sea, cuando los hijos les perdieron el respeto a sus padres, ya sea, porque estos progenitores nunca estaban en casa o porque tuvieron que convertirse en “amigos” de sus hijos; hijos educados sin contención y sin disciplina.

 

Se perdió la autoridad cuando los profesores en los colegios dejaron de ser maestros y pasaron a ser meros facilitadores de contenidos o de experiencias significativas, y en la universidad, de académicos pasaron a ser empleados.

 

Se perdió la autoridad cuando para muchos chilenos Carabineros dejó de ser “del débil el protector”. Quizá el estallido social comenzó  cuando, además, perdimos la amistad (cívica), es decir, cuando los políticos comenzaron a moverse en la lógica amigo-enemigo; cuando algunos empresarios abusaron de los trabajadores y cuando algunos trabajadores reemplazaron el pacto social por la lucha de clases (encubierta); cuando la violencia comenzó a engendrarse en los corazones; cuando las universidades (con honrosas excepciones) renunciaron a formar buenos ciudadanos y buenas personas, pues ello no es parte del “currículo”; cuando en los colegios se dejó de impartir educación cívica y enseñar el amor a la patria, pues eso no era “progresista”.

 

A la pérdida de autoridad y de amistad tendríamos que sumar la pérdida de la austeridad. Esa virtud que en algún momento enorgulleció y distinguió a Chile. Durante décadas nos compramos el cuento (muy bien contado, por lo demás) de que la felicidad depende del éxito económico, sumado al poder, convirtiéndose ambos en nuestra carta de presentación. Sin autoridad, sin amistad, sin austeridad, campea la desconfianza, se obstaculiza el diálogo y se desatan nuestros demonios.

 

¿Qué va a pasar en el futuro? Es la pegunta que muchos chilenos se hacen angustiados, angustia que nos está escamoteando la alegría. No sé qué va a pasar, pero sí sé que me gustaría que pasara: que recuperemos esa capacidad moral de mandar y ser obedecidos; privilegiar y promover los vínculos que nos unen, y no los que no separa; y no olvidar, como decía el principito, que “lo esencial es invisible a los ojos”. Es un largo y pedregoso camino, pero posible. Si logramos esto, lo demás es añadidura.

 

Eugenio Yáñez Rojas

Director Instituto de Filosofía, Universidad San Sebastián

 

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Un Nuevo Codelco ( Santiago González Larraín, Ex Ministro de Minería – Rector Universidad Central de Chile )

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Los cambios que hemos visto en Codelco en los últimos meses dan cuenta de una acertada aplicación de su ley de Gobiernos Corporativos, la cual acaba de cumplir 10 años desde su promulgación. La renovación de sus principales autoridades ejecutivas en el estricto marco de la ley, incluyendo a su presidente, y de su dirigencia sindical, que aceptando las legítimas diferencias, se produce en un ambiente de respeto, tolerancia y altura de miras velando por del futuro de la Corporación, representan un buen augurio para lo que podemos esperar en el futuro.

Los desafíos de Codelco no son menores y por todos conocidos. Una inversión presupuestada de US$ 40.000 millones para la próxima década resulta desafiante e inédita en la Corporación. La concreción y puesta en operación de los proyectos estructurales, que garantizan la producción a precios competitivos, resulta fundamental para la supervivencia de la empresa en el largo plazo. Proyectos que han sufrido interminables postergaciones y demoras, producto de la falta de financiamiento, constituyen hoy el eje de su desarrollo. La optimización de la productividad también representa una tarea pendiente en el cual se debe avanzar. Cumplir con los niveles de emisión establecidos en la ley para las fundiciones y continuar el trabajo de optimización en el uso de agua dulce en la producción, en un momento en que el país y el planeta sufren por el cambio climático y una sequía de grandes proporciones, representan un imperativo, no solo técnico, sino también ético.

La nueva presidencia ejecutiva en conjunto con los trabajadores, ahora representados en una recién asumida dirigencia sindical en la Federación de Trabajadores del Cobre, FTC, tienen la responsabilidad de superar estos desafíos y llevar a la empresa al nivel de liderazgo mundial que nunca debió perder. La función principal de Codelco, y en esto no debemos tener dudas, es la de producir cobre, de la más alta calidad, optimizar su productividad y operar con los más altos estándares de seguridad y a los menores costos, de modo de generar el máximo de excedentes que le permitan sustentar su plan de inversiones, y lo más importante, financiar las políticas sociales del país. Codelco, como empresa pública, solo tiene sentido si es capaz de generar aportes al Estado de Chile, que permitan abordar las crecientes necesidades de la población. Si estos objetivos no se cumplen la existencia de la empresa, en las actuales condiciones que le conocemos hoy, estaría en tela de juicio.

Debemos ser optimistas, Codelco cuenta con una ley de Gobierno Corporativo que comienza a dar sus frutos. Las proyecciones del precio del metal rojo indican una cierta estabilidad a futuro con un valor razonable en torno a los US$ 2,9 la libra, el equipo directivo de la empresa está compuesto por profesionales de comprobada capacidad técnica y dilatada trayectoria en la empresa, la nueva dirigencia sindical ha manifestado su disponibilidad y compromiso para avanzar en los temas estratégicos que hoy, más que nunca, se requiere abordar con prontitud y eficiencia. Esperemos que los resultados estén a la altura de las expectativas que todos los chilenos tenemos de Codelco.

 

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OPINIÓN

Garantizar tiempos de espera generará frustración en la gente ( Dr. Patricio Silva, Decano Facultad de Ciencias de la Salud U.Central , Ex Subsecretario de Salud )

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Prometer la fijación de plazos para las atenciones médicas, resulta una medida arriesgada cuando depende de muchas variables. El proyecto de reforma al Fondo Nacional de Salud firmado este domingo por el presidente Sebastián Piñera “garantiza tiempos de espera y atención de calidad”, con cifras de dos millones de personas que esperan por una atención de salud en especialidad y otros 266 mil esperan por una cirugía que no está incluida en el Auge.

Esto crea expectativas en la gente, que si no se pueden cumplir, generará una gran frustración en los pacientes, ya que las listas de espera no se van a resolver de un día para otro. Será un proceso largo, donde el principal tema es que debe existir una explicación clara y precisa por parte del gobierno.

La posibilidad real de garantizar los tiempos de espera para todas las enfermedades, es que se tendrá que recurrir a comprar los servicios en clínicas de diferente complejidad, por lo tanto, se entregarán los recursos del Estado a clínicas privadas, que debería sólo ser en casos excepcionales.

Sin embargo, la propuesta de este nuevo Fonasa presentado por el Gobierno va en la dirección correcta, pero se necesitan de mayores recursos, porque lo principal es fortalecer el sistema de salud público. Eso implica un trabajo macro, que además de mejorar Fonasa, también se debe realizar con la central de abastecimiento, la red de hospitales públicos, la red de consultorios y la formación de más especialistas.

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