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OPINIÓN

¿Cuándo se jodió Chile? ( por Eugenio Yáñez Rojas, Director Instituto de Filosofía, Universidad San Sebastián)

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El 18 de octubre quedará grabado en el inconsciente colectivo como el día en que se jodió nuestro país. Sin embargo, quizá este día no fue más que el fruto podrido de un proceso de descomposición ética y cultural que se venía incubando de manera larvada hace décadas.

 

Quizá la crisis comenzó cuando se perdió la autoridad, o sea, cuando los hijos les perdieron el respeto a sus padres, ya sea, porque estos progenitores nunca estaban en casa o porque tuvieron que convertirse en “amigos” de sus hijos; hijos educados sin contención y sin disciplina.

 

Se perdió la autoridad cuando los profesores en los colegios dejaron de ser maestros y pasaron a ser meros facilitadores de contenidos o de experiencias significativas, y en la universidad, de académicos pasaron a ser empleados.

 

Se perdió la autoridad cuando para muchos chilenos Carabineros dejó de ser “del débil el protector”. Quizá el estallido social comenzó  cuando, además, perdimos la amistad (cívica), es decir, cuando los políticos comenzaron a moverse en la lógica amigo-enemigo; cuando algunos empresarios abusaron de los trabajadores y cuando algunos trabajadores reemplazaron el pacto social por la lucha de clases (encubierta); cuando la violencia comenzó a engendrarse en los corazones; cuando las universidades (con honrosas excepciones) renunciaron a formar buenos ciudadanos y buenas personas, pues ello no es parte del “currículo”; cuando en los colegios se dejó de impartir educación cívica y enseñar el amor a la patria, pues eso no era “progresista”.

 

A la pérdida de autoridad y de amistad tendríamos que sumar la pérdida de la austeridad. Esa virtud que en algún momento enorgulleció y distinguió a Chile. Durante décadas nos compramos el cuento (muy bien contado, por lo demás) de que la felicidad depende del éxito económico, sumado al poder, convirtiéndose ambos en nuestra carta de presentación. Sin autoridad, sin amistad, sin austeridad, campea la desconfianza, se obstaculiza el diálogo y se desatan nuestros demonios.

 

¿Qué va a pasar en el futuro? Es la pegunta que muchos chilenos se hacen angustiados, angustia que nos está escamoteando la alegría. No sé qué va a pasar, pero sí sé que me gustaría que pasara: que recuperemos esa capacidad moral de mandar y ser obedecidos; privilegiar y promover los vínculos que nos unen, y no los que no separa; y no olvidar, como decía el principito, que “lo esencial es invisible a los ojos”. Es un largo y pedregoso camino, pero posible. Si logramos esto, lo demás es añadidura.

 

Eugenio Yáñez Rojas

Director Instituto de Filosofía, Universidad San Sebastián

 

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1 Comentario

1 Comentario

  1. sergio rojas

    15 julio, 2020 at 12:11 pm

    Para ser alguien ligado a la filosofía, bien salamera la «reflexión», además de rica en sentido común. O sea que perdimos las tradiciones y nos fuimos a las pailas?? Para eso estudió el que escribe la columna?

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OPINIÓN

Nuestras tradiciones y su adaptación a la pandemia:  hacia una vinculación participativa de la niñez. ( Luis Campusano Kemp, Licenciado en Educación, Director JUNJI Región de Atacama.)

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Las actuales Bases Curriculares de la Educación Parvularia (BCEP, 2018) plantean en el ámbito de “Interacción y comprensión del entorno” que las niñas y niños durante sus primeros años de vida, deben adquirir aprendizajes conducentes al descubrimiento del mundo natural y social, “donde los seres humanos, que son diversos, construyen las condiciones que les permiten sustentar su existencia”. Junto con esto, “se intenciona que comprendan que, en la naturaleza, las sociedades y la cultura ocurren cambios, más lentos o más rápidos, a medida que pasa el tiempo”. Lo anterior, nos posibilita comprender que las sociedades, están sujetas a transformaciones que condicionan nuestro devenir diario, lo que, en este complejo período de pandemia, ha quedado demostrado rotundamente.

 

En este escenario actual de cambios permanentes, cada núcleo familiar deberá modificar sus tradicionales celebraciones del 18 y 19 de septiembre, según las pautas sanitarias que buscan proteger a la población de posibles contagios. Sin embargo, existe pleno consenso que el peso de estas festividades en nuestra identidad cultural, sustentará los esfuerzos necesarios para adaptar tales tradiciones. En estas celebraciones, propiciemos espacios de participación para nuestras niñas y niños, a través de labores compartidas que favorezcan valores de solidaridad, respeto y el bien común, lo que fortalece el desarrollo de su autonomía a través de la interacción social. Fomentemos el juego, como el medio de aprendizaje natural de la infancia, rescatando juegos típicos que los adultos de la familia desarrollaban en esta fecha, utilizando recursos naturales en su composición y que rescaten distintas modalidades de disfrute para el segmento infantil. Entablemos diálogos significativos con nuestras niñas y niños, que secunden aprendizajes sobre la historicidad familiar, poniendo en valor este patrimonio, como un conjunto de experiencias que conforma el mosaico cultural que dota de identidad y sentido de pertenencia a nuestras comunidades y territorios.

 

Desde JUNJI Atacama, reconocemos la denodada tarea que las familias han desarrollado en pro del cuidado y la educación de nuestras niñas y niños, durante este tiempo de distanciamiento social. De esta manera, extendemos un afectuoso saludo a las familias de Atacama y esperamos que estas festividades se den en un marco de diversidad, ciudadanía y responsabilidad por la salud de todas y todos.

 

 

 

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OPINIÓN

18 de septiembre y proceso de independencia chilena. Una mirada desde Atacama ( Guillermo Cortés Lutz , Doctor en Historia, Director del Museo Regional de Atacama )

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Nosotros no supimos en Copiapó, ni en Vallenar del cabildo abierto de 18 de septiembre de 1810, hasta el 24 de octubre de 1810.  Ya eso nos dice algo de como comenzó nuestro proceso de independencia, es decir, los sucesos  del 18 de septiembre, como ha dicho el académico Francisco Berrios,   son las necesidades y aspiraciones casi exclusivas  del cabildo de Santiago y en menor medida de Concepción.

La Independencia de Chile, no fue un momento, sino que un largo proceso, entre 1810 y 1818, si coincidimos que el primer paso fue el 18 de septiembre de 1810, me parce que es necesario  comentar, que al año siguiente se celebró un baile donde participó toda la aristocracia santiaguina, el pueblo  también celebró bailando en unas pequeñas chozas de ramas, llamadas ramadas, de ahí tal vez  proviene la celebración del 18 de septiembre.

No obstante, los españoles no se iban a quedar tranquilos y buscaron retomar el poder y restaurar el sistema colonial. Es necesario indicar que  ya se había puesto en funciones el primer congreso nacional el 4 de julio de 1811,  donde Copiapó había elegido un representante,  Juan José Echeverria,   y ahora gobernaba el  país José Miguel Carrera. La llegada de Carrera aceleró los hechos guerreros , y tal vez , aquí esta uno de los aportes más relevantes a la independencia de nuestra región.  Sera los trabajadores mineros del yacimiento  de plata de Agua Amarga en Vallenar, quienes con su trabajo van a financiar las guerras de liberación  y con ellos la independencia  de Chile. Además, Vallenar gracias a la riqueza de la plata, va a poner en funcionamiento el primer banco de Chile, denominado de rescate de la plata.

En proceso final de liberación de Chile,  que  se verifica  con el cruce y  llegada del ejercito libertador de los andes, una de las columnas también cruza para descender  a los territorios de  Atacama y Coquimbo , estos venían  al mando del Coronel Juan  Cabot,   quien  envía a  Copiapó  a Francisco Zelada  con  200 hombres,  cruzando este  por donde antes había cruzado Diego de Almagro, según  ha expuesto el historiador Rodrigo Zalaquett.  Finalmente  llegan a Copiapó,  junto a  Nicolás Dávila y al atacameño Mateo Larrahona,  Copiapó  es liberado el 12 de febrero  1817 en la  amanecida,  es decir antes que Santiago.     Sera el cabildo ( actual municipalidad), quien se dé un gobierno local, quedando como Teniente de Gobernador, Miguel Gallo Vergara, padre de Pedo León, y principal dueño de la mina de Chañarcillo.

Chile consolidará su libertad  con la firma del acta  de independencia el  12 de febrero de 1818, que se quemó el 11 de septiembre de 1973, cuando bombardearon la moneda,   y posteriormente  se sella la independencia con el triunfo de Maipú el 5 de abril de 1818.   En todo momento Atacama apoyo el proceso con el silencioso  compromiso de sus trabajadores quienes financian todo este largo proceso.

 

 

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La promesa educativa está incumplida ( Marcelo Trivelli , Presidente Fundación Semilla )

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La pandemia del Covid-19 y su impacto en la educación ha dejado de manifiesto que la promesa educativa está incumplida. La tragedia es que en vez de avanzar hacia cumplir con la promesa, nos estamos alejando de ella.

Pero, ¿qué se entiende por promesa educativa? La educación es una intervención crucial en que el Estado tiene un rol fundamental y la puede implementar de manera directa o en combinación con iniciativas de la sociedad civil para “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad; y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”. Esta definición de carácter universal fue adoptada por 193 países en el marco de Naciones Unidas como el Objetivos de Desarrollo Sostenible N°4.

El hecho de que nos estemos alejando de la promesa no es solo consecuencia de la pandemia, sino que debido a una deficiente aplicación de política pública que responde más a las presiones de los grupos de interés que a las necesidades de niñas, niños y jóvenes (NNJ) y de la sociedad.

A pesar que hay consenso en que la estimulación precoz es determinante para el desarrollo de las personas, el avance hacia la universalidad en la educación en la primera edad se ha visto limitado por grupos de la sociedad que plantean objeciones ideológicas y valóricas. Argumentan que niñas y niños están mejor en su casa en vez de estar en salas cunas y parvularios y levantan la bandera de la libertad de padres y madres de decidir. Son los mismos estratos sociales que hace un siglo se opusieron a la instrucción primaria obligatoria.

Educación no es sinónimo de enseñanza o aprendizaje de contenidos y lamentablemente es una de las principales confusiones que resultan en la aplicación de políticas públicas educativas. Una cosa es lo que está en el currículo oficial de los ministerios de educación y otra es lo que sucede en las escuelas. Más aún, los incentivos derivados de los resultados de pruebas estandarizadas son perversos y el mayor enemigo de una educación integral. Muchos jóvenes salen hoy de escuelas y liceos desprovistos de las aptitudes mínimas necesarias para la vida.

El bienestar prometido por la educación en el siglo pasado, cobra hoy una dimensión diferente de aquella puramente económica. En la meta 4.7 para alcanzar el ODS N°4, se aborda el desafío y se hace la promesa de: “una educación para el desarrollo sostenible y la adopción de estilos de vida sostenibles, los derechos humanos, la igualdad entre los géneros, la promoción de una cultura de paz y no violencia, la ciudadanía mundial y la valoración de la diversidad cultural”.

Un sistema educativo que imparte enseñanza por vías que agudizan las desigualdades sociales, por ejemplo, reservando mejores condiciones de acceso o mayor calidad a sectores favorecidos o cuando permite la generación de burbujas educativas de elites endogámicas que atentan contra la cohesión social y la valoración de la diversidad, son una realidad que da cuenta que la promesa educativa está incumplida.

 

Marcelo Trivelli

Presidente Fundación Semilla

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