Diciembre es un mes de locura, locos los que compran, locos los que no pueden comprar, locos los que venden, locos aquellos que enloquecen tratando de simular lo que no tienen, locos aquellos que hacen promesas que no se cumplen…
Desde principios de mes se hacen promesas, para gastar menos, para regalar menos, para vivir esta Navidad, ésta si, de una manera diferente. A finales de mes, volvemos con las promesas, todo lo que vamos a hacer el año siguiente, las rectificaciones, los nunca jamás, los buenos deseos, las motivaciones para cambiar de hábitos y rectificar.
La verdad es que en medio de tanta de tanta locura, se nos olvida el significado de estas fechas, un significado que va más allá de cualquier tendencia religiosa o ideológica. Y es que la Navidad, se ha convertido en la época para “comprar” a los hijos, lo que en el año no les dimos, es la fecha precisa para visitar y saludar a amigos o seres queridos, que desconocimos o abandonamos en el resto del año, es el día de la cena fastuosa aunque se coma en silencio y a la vuelta de la esquina haya niños llorando hambre, es la oportunidad para dar limosnas despojándonos de aquello que nos sobra, y así quedar con la conciencia tranquila.
Parecería que la felicidad que trae consigo la Navidad y el haber concluido un año, hoy por hoy, se mide por el tamaño de los regalos, por la fugacidad de algunas acciones, por los ingredientes añadidos a las cenas, por cosas superficiales y pasajeras.....
No obstante, hay quienes creen en la Navidad, una Navidad que se lleva por dentro durante todo año y que se traduce en acciones concretas, en escuchar al otro a pesar de no tener tiempo; en entender aun cuando no se justifiquen las acciones; en compartir con la familia en medio de un agitado ambiente laboral; en entregarse a los amigos, cuando ellos lo necesiten, sin restricciones; en dar una mano desinteresada al que tiene menos, en resumen, en vivir comprometidamente durante todo el año.
El espíritu que crece y emana de esta forma de vida, se cristaliza naturalmente durante la Navidad, pues fluye de una actitud que permite sacar de cada individuo lo mejor de sí mismo, volcándose en una constante de superación, que irradia al medio. Ese es el espíritu que debemos enarbolar, aquel que nos hace ser mejores no sólo unos días de diciembre, sino aquel espíritu con el que caminamos diariamente en busca de la felicidad.
¡¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!!!
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