Por dos días, sólo dos, Atacama se expone al mundo desde el Dakar, evento esencialmente deportivo, que extiende sus brazos a otras áreas de la actividad regional, convirtiéndose en un fenómeno de encadenamiento virtuoso o en un verdadero clúster en acción, que ofrece oportunidades y somete a la región a grandes desafíos.
Este encadenamiento, se evidencia con las redes que se conforman en torno al evento: servicios públicos que trabajan cooperativamente, empresas y organizaciones gremiales que bajo los domos se unen en una muestra regional, que representa lo que se produce en éste, el desierto más árido del mundo. Sectores como el agrícola, el acuícola y el turismo que se interrelacionan en la oportunidad, para demostrar lo que se tiene en Atacama. No son personas las que se muestran, no son empresas, es la región con una visión compartida de diversificación.
Muchas instituciones involucradas, muchas esperanzas, mucho retorno, pero también mucha cautela, con el medio ambiente, con el patrimonio.
Todo el mundo tiene los ojos puestos en Atacama, con 373 participantes, 230 periodistas de medios internacionales, se comparten sabores y productos regionales como la uva de mesa, los ostiones, las aceitunas, el aceite de oliva, el pajarete, el aceite de jojoba, el pisco y la artesanía. Una oportunidad también para la apuesta que tiene la región en el turismo aventura.
Estos dos días de enero pasarán rápido, muy pronto sabremos si se corre el América del Sur, el Dakar 2011, para ello la región debe prepararse tempranamente, tenemos ya, a nuestra cuenta dos versiones de las cuales debemos aprender lecciones, hacer la matemática y poner en valor los factores críticos de éxito, que nos permitirán avanzar en nuestras apuestas regionales, más allá del Dakar.
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