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OPINIÓN

“Es un escándalo” Por: Álvaro Iriarte (Director de Investigación Instituto Res Publica)

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La Asociación Nacional de Fútbol (ANFP) está nuevamente en el ojo del huracán, tras la polémica decisión de repetir la serie de lanzamiento de penales entre Deportes Vallenar y Melipilla, que terminó por caldear la final que permite subir a uno de los clubes a Primera B (segunda división de fútbol profesional). Parece muy grave, dado el desproporcionado nivel de reacción de algunos parlamentarios de la zona.

Efectivamente, si no se siguió el procedimiento regular, quien se sienta afectado tiene todo el derecho de interponer las acciones y recursos que estime pertinentes. En el caso del popular deporte, existe un organismo privado especializado: el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS). Si además se consideran otros aspectos jurídicos, perfectamente se puede concurrir ante los tribunales ordinarios de justicia de Chile.

Este episodio nos recuerda la necesidad de estar atentos ante la amenaza populista, que puede tomar muchas formas y presentarse en contextos muy diversos. Cuando hablamos de populismo, debemos recordar a lo menos dos lecciones. En primer lugar, ningún político, movimiento o partido político llevan el sello del populismo públicamente y con orgullo. Por otro lado, el principal objetivo populista es ganar el respaldo popular apelando al factor emotivo, y por esta razón el populismo no tiene domicilio político: puede ser de izquierdas o de derechas, puede ser regionalista o centralista, social, cultural o económico. Es, en el fondo, camaleónico: ahí radica su gran peligro.

En definitiva, el verdadero escándalo es que parlamentarios dediquen tiempo y esfuerzos a un problema eminentemente privado, y sin mayor impacto en la marcha de los grandes asuntos del país. Que se propongan comisiones investigadoras, con todo el gasto de recursos que implica para todos los chilenos, es sencillamente un despropósito. Sin lugar a dudas existen a lo menos una decena de temas de verdadero interés público para la región y que bien podrían despertar esa pasión para anunciar por la prensa una comisión investigadora: ahí están la reconstrucción tras los aluviones de 2015 y 2017, la crítica situación de las tomas del borde costero o la ausencia de proyectos de viviendas sociales en los últimos 4 años, por nombrar solo algunos.

Se trata al final del día de un problema de prioridades.

 

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OPINIÓN

“Maduro: El invitado de piedra” por Álvaro Iriarte -Director de Investigación Instituto Res Publica

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Por Álvaro Iriarte

La situación en Venezuela es dramática. Los efectos de la revolución bolivariana se hacen sentir con fuerza, y el que fuera uno de los países más ricos y desarrollados de América Latina hoy se hunde en la pobreza extrema y el caos absoluto. La sociedad venezolana se encuentra fragmentada, polarizada y con una violencia creciente.

A raíz del cambio de mando en Chile para el próximo 11 de marzo, la figura de Nicolás Maduro se ha vuelto el punto de la discordia. Su presencia no ha sido confirmada y sin embargo ya genera divisiones en la sociedad chilena. De un lado, todos quienes creen en la dignidad de la persona y el respeto de los derechos esenciales de las personas se oponen a su visita, pues consideran que la señal que se dará a la comunidad internacional es errada, una suerte de aprobación tácita de esa dictadura y de sus abusos. Se trata de un grupo transversal, que incluye desde la derecha política hasta la Democracia Cristiana. En la otra vereda, los partidarios de las dictaduras comunistas, del socialismo y el populismo del siglo XXI -encabezados por el Partido Comunista-, defienden hasta la irracionalidad a Maduro, su gobierno y el legado de Hugo Chávez.

La diáspora venezolana sigue creciendo, y Chile ha estado recibiendo desde hace un tiempo a venezolanos que, desesperados por la situación que aqueja su país, tomaron la difícil decisión de abandonarlo todo para comenzar una nueva vida. Incluso ex magistrados de justicia han buscado asilo en Chile. No se requiere ser un experto en relaciones internacionales para advertir que el gobierno está en una situación incómoda: la opinión pública internacional condena el régimen de Maduro como antidemocrático, pero el alma de izquierda de la Presidenta y su equipo busca evitar condenas y acciones concretas, en una suerte de nostalgia revolucionaria.

¿En qué punto la tradición diplomática de invitar a los jefes de estados de otros países a la ceremonia de cambio de mando se convierte en una herramienta para otorgar una aprobación silenciosa a regímenes que abusan los derechos de los ciudadanos? Cuando se trata de este tipo de regímenes, no tiene sentido distinguir entre Estado y Gobierno, pues se hacen uno solo y es por tanto ilegítimo. Así el líder del régimen de Venezuela es el invitado de piedra a un acto eminentemente democrático.  Otro tanto podría decirse de la dictadura de Castro en Cuba. Por supuesto, toda nuestra solidaridad está con el pueblo venezolano y el cubano.

 

 

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