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OPINIÓN

“Un penoso ocaso” Por Álvaro Iriarte Director de Investigación Instituto Res Publica

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Foto: Radio Maray 2018

La salida del grupo de militantes denominado “Progresismo con Progreso” y la reflexión de otros destacados personeros después de la Junta Nacional de la Democracia Cristiana, son el fiel reflejo del sostenido giro hacia la izquierda de la colectividad. Cada día que pasa la identidad socialcristiana que inspiró su nacimiento y el llamado “camino propio”, se extinguen un poco más.

A la luz de los actuales sucesos, pareciera que la salida de quienes formaron el MAPU y la Izquierda Cristiana no fue suficiente para resguardar la identidad y principios del partido, que finalmente parece sucumbir ante las ideas socialistas. Si ya en la década de los 60 se hacía difícil distinguir entre el comunitarismo de la Falange y el colectivismo socialista, en la actualidad se ha vuelto casi imposible encontrar diferencias entre el socialismo del siglo XXI y la DC.

El grupo de militantes que decidió dejar el partido y aquellos que lo están reflexionando hacen eco de los miles de chilenos que elección a elección dejaron de votar por la DC. En verdad son miles los que han dejado la DC, buscando en otros lados, como lo es hoy Chile Vamos, un espacio para la representación política de quienes no creen en la lucha de clases, el rol preponderante del Estado en la vida de las personas y la imposición de una visión única de sociedad.

Finalmente, quienes salen de la Falange, además de ser más cercanos a los valores esenciales de la DC, son un grupo de personalidades destacadas en la historia política reciente; y por tanto constituyen una verdadera pérdida. Como están las cosas, se quedan en el partido los que pueden ganar elecciones, mientras se alejan los que pueden ganar la batalla de las ideas.

Ya son parte de la historia figuras como Eduardo Frei Montalva, Gabriel Valdés y Patricio Aylwin. Atrás quedó la época de partido más grande de Chile, así como también los tiempos de articulador de una coalición de centroizquierda. En Atacama figuras como Raúl Barrionuevo y la época en que la tienda era una verdadera alternativa para los gobiernos comunales son vagos recuerdos

Es un penoso ocaso, con dirigentes que insisten en vivir de un pasado glorioso y hacer alianzas con la izquierda política, mientras la ciudadanía busca el futuro en otros proyectos políticos.

 

 

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2 Comentarios

2 Comentarios

  1. Xavier

    3 febrero, 2018 at 7:47 am

    Sería bueno analizar el penoso ocaso dds udi, y sus valores pseudo morales, ya que gran parte de su cúpula que fue parte en el primer gobierno de Piñera en ministerios claves o desde el parlamento estaban manchados y paureados por grupos económicos .

  2. Oscar

    3 febrero, 2018 at 9:11 am

    No cabe duda de la infiltración que el Partido Comunista y sus adlateres socialistas han hecho persistentemente en la DC, tal como lo hicieron en la década de los 60 con el otrora poderoso Partido Radical, hoy reducido al mínimo.

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OPINIÓN

“Maduro: El invitado de piedra” por Álvaro Iriarte -Director de Investigación Instituto Res Publica

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Por Álvaro Iriarte

La situación en Venezuela es dramática. Los efectos de la revolución bolivariana se hacen sentir con fuerza, y el que fuera uno de los países más ricos y desarrollados de América Latina hoy se hunde en la pobreza extrema y el caos absoluto. La sociedad venezolana se encuentra fragmentada, polarizada y con una violencia creciente.

A raíz del cambio de mando en Chile para el próximo 11 de marzo, la figura de Nicolás Maduro se ha vuelto el punto de la discordia. Su presencia no ha sido confirmada y sin embargo ya genera divisiones en la sociedad chilena. De un lado, todos quienes creen en la dignidad de la persona y el respeto de los derechos esenciales de las personas se oponen a su visita, pues consideran que la señal que se dará a la comunidad internacional es errada, una suerte de aprobación tácita de esa dictadura y de sus abusos. Se trata de un grupo transversal, que incluye desde la derecha política hasta la Democracia Cristiana. En la otra vereda, los partidarios de las dictaduras comunistas, del socialismo y el populismo del siglo XXI -encabezados por el Partido Comunista-, defienden hasta la irracionalidad a Maduro, su gobierno y el legado de Hugo Chávez.

La diáspora venezolana sigue creciendo, y Chile ha estado recibiendo desde hace un tiempo a venezolanos que, desesperados por la situación que aqueja su país, tomaron la difícil decisión de abandonarlo todo para comenzar una nueva vida. Incluso ex magistrados de justicia han buscado asilo en Chile. No se requiere ser un experto en relaciones internacionales para advertir que el gobierno está en una situación incómoda: la opinión pública internacional condena el régimen de Maduro como antidemocrático, pero el alma de izquierda de la Presidenta y su equipo busca evitar condenas y acciones concretas, en una suerte de nostalgia revolucionaria.

¿En qué punto la tradición diplomática de invitar a los jefes de estados de otros países a la ceremonia de cambio de mando se convierte en una herramienta para otorgar una aprobación silenciosa a regímenes que abusan los derechos de los ciudadanos? Cuando se trata de este tipo de regímenes, no tiene sentido distinguir entre Estado y Gobierno, pues se hacen uno solo y es por tanto ilegítimo. Así el líder del régimen de Venezuela es el invitado de piedra a un acto eminentemente democrático.  Otro tanto podría decirse de la dictadura de Castro en Cuba. Por supuesto, toda nuestra solidaridad está con el pueblo venezolano y el cubano.

 

 

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