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OPINIÓN

“Con-vivir en la comuna” Por Daniel Sánchez – (Académico Facultad de Ciencias Sociales, U.Central)

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Todos habitamos en alguna comuna. Muchos llegaron con sus familias a construir la vida y habitar en un suelo que, por casualidad, les tocó morar. Nadie es dueño de la ciudad ni menos de un sector.

Hoy pareciese que vivir en Las Condes resulta un signo de estatus, de mejor valía o alcurnia pero tal situación es inventada y sus argumentos son evidentemente falsos.

Desde hace un tiempo, la zona se ha plagado de edificios afectando el espacio y la calidad de los servicios. Son tantas personas viviendo en pocos metros cuadrados que es difícil encontrar la cálida brisa de invierno. Pero a muchos no nos  importa quien llegue a con-vivir, la ciudad nos pertenece a todos y cada cual es libre de vivir donde desee. Nuestra tarea consiste en aceptar el arribo de todos.

Por ello, las iniciativas del alcalde Joaquín Lavín pereciesen ir en la senda correcta; una ciudad que se abre para todos y una comuna que permite la integración de cada persona. Pensar que la construcción de “viviendas sociales” podría traer infortunios a la comuna resulta cavernario y torpe.

Chile ha avanzado mucho en agendas de igualdad e inclusión sea laboral, sexual y racial. No ha sido fácil caminar por una senda que abre las puertas a una mirada más inclusiva y horizontal pero la discusión urbanística pareciese que ha llegado de manera inesperada.

En Las Condes, la eventual llegada de estas “viviendas sociales” no viene sino a demostrarnos una vez más que es necesario construir comunidad. Nos obliga a mirar (al fin) al prójimo como legítimo y comprender que desde esa otredad es posible avanzar hacia una real madurez cívica.

 

 

 

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OPINIÓN

La injusticia máxima. ( Por Sofía Cid Versalovic, Diputada por Atacama )

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El mes de diciembre ha traído un nuevo golpe las familias chilenas: el fracaso del Sistema de Admisión Escolar (SAE) para que los estudiantes postulen a los colegios.

Es un fracaso desde el momento en que 1 estudiante no logra ser admitido en ninguna de las opciones a las que postuló. No tiene que ver con el número de casos, si no que la magnitud del daño que se produce en los alumnos y sus familias.

A medida que pasa el tiempo, son más los apoderados indignados porque sus hijos, con destacado rendimiento académico, o con capacidades especiales no son seleccionados en los colegios a los que postulan. A medida que pasa el tiempo se comienzan a ver en el horizonte los efectos en la economía familiar de los afectados:

Este sistema, como tantas otras reformas ideológicas impulsadas la ex Nueva Mayoría da una señal clara que debe ser considerada en toda su dimensión: la premisa de que se retribuye justamente el esfuerzo, la dedicación y el estudio fue borrada de nuestro sistema educacional. Asimismo, en busca de una igualdad mal entendida se ha pasado a llevar la dignidad de niños con capacidades especiales o con algunas enfermedades como diabetes, que verán dificultada su educación.

Antes de la creación del sistema de admisión, los apoderados sabían a qué atenerse al postular a un colegio: los alumnos debían rendir exámenes o pruebas de admisión, y las vacantes en los establecimientos de educación se completaban en función de los resultados.

¿Qué justicia puede haber en este sistema? Evidentemente ninguna. Por el contrario, se ha creado por ley un mecanismo poco claro, abiertamente injusto y que debe ser reemplazado por el bien de la sociedad chilena.

Como madre de dos hijos, me pongo en el lugar de los apoderados que ven como sus niños sufren una experiencia traumática innecesaria, y no puedo sino solidarizar con ellos y rechazar el sistema. Como diputada por Atacama, no tengo reparo en levantar la voz en contra de la reforma y comprometer mi voto para corregir este gran error.

Soy Sofía Cid Versalovic, diputada por Atacama.

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OPINIÓN

“Instinto de huida” Por Elías Úbeda Greig, psicólogo Clínico y Forense

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En el mundo de hoy hemos atrofiado el instinto de huida. Esto se traduce en una menor respuesta de autoprotección. Nuestra sociedad nos bombardea con mensajes que nos obligan a la valentía, a ser fuertes, a enfrentar todas y cada una de las situaciones que se nos presentan, pero en muchos casos lo que necesitamos es huir: huir de una relación tóxica, huir de un trabajo que nos daña, huir de un compromiso o una imposición. Este instinto atrofiado es un gran determinante de la violencia intrafamiliar, de los actos de violencia sexual, y de muchos otros; ya que en muchos casos su percepción le dijo que debía alejarse de personas o situaciones, pero usted no oyó a su instinto; o por otra parte, cuando comenzaron estas relaciones abusivas no huyó según lo que esta señal arcaica de protección le obligaba. La presa no puede paralizarse, no puede permanecer en el lugar para seguir siendo herida, usted debe huir, gritar, denunciar, salir de una vez por todas de esa situación o relación que le aqueja, ya que en ocasiones la mejor forma de protegerse no es luchar, no es intentar ser fuerte, no es soportar sino simplemente huir.

Hacemos una invitación a todos y todas quienes se encuentran en esta situación para que oigan su instinto de huida, griten, pataleen, corran, le cuenten a alguien lo que ocurre, y denuncien; esa es la puerta de entrada a la verdadera solución.

 

 

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OPINIÓN

Viáticos Parlamentarios: Una vergüenza para el País ( por Sofía Avalos Morales )

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El martes recién pasado, el programa de Televisión Nacional de Chile,  Informe Especial, dejó abierta una nueva controversia respecto a los viajes de algunos legisladores, la cantidad de viáticos que gastan y el retraso en la entrega obligatoria de los informes que se deben hacer tras cada gira o visita parlamentaria al extranjero. Sólo a modo de ejemplo, en lo que va del año 2018 se han gastado $155 millones en viáticos y son cinco los diputados que han concentrado el 31% de los viajes al exterior: Fernando Meza (PR), Issa Kort (UDI), Tucapel Jiménez (PPD), Fidel Espinoza (PS) y Pablo Lorenzini (DC).

Para ir aclarando un poco más el tema, existe hoy para los parlamentarios un viático diario de casi 80 mil pesos que se les paga “sólo” por asistir a trabajar. Aquí no contemos ni pasajes en avión, ni alojamiento, ni comida, porque todo aquello, se les cancela aparte. A esto se suman, los lujosos comedores que tienen en el congreso además de la atención de un gran número de garzones que están “sólo para ellos”. Quizás a muchas personas esto le puede parecer natural o incluso justo por la labor que realizan a diario, a otras como yo en cambio, no deja de molestarme y dolerme profundamente, más cuando sabemos que existe una cantidad considerable de personas, que con ese viático que pagan en el congreso, viven un mes. Más aún, molesta tremendamente ver como algunos diputados  han montado en cólera porque se les cuestiona el alto monto de sus viáticos, pero como no cuestionarlos si la realidad de ellos resulta tremendamente abismante versus la de muchos chilenos y chilenas.

Quiero ser clara en que mi preocupación como ciudadana común y corriente, no va sólo en el valor del famoso viático, si no que vamos al fondo. Estamos tratando de construir un país más justo, más igual, más equitativo, que es el Chile me imagino que todos (quienes amamos el país y nuestra región) soñamos, pero este tipo de cosas desencantan, más cuando vienen de personas que fueron elegidas por votación popular, que fueron elegidas  para representar a los que votaron por ellos cuando se debate un proyecto en la sala de sesiones y cuando se vota por su aprobación o rechazo. Por eso, lo mínimo que se puede esperar de ese voto de confianza, es que se actúe en consecuencia con quienes lo eligieron y permítanme ser clara: que vergüenza para el país tener un parlamento con este tipo de autoridades como las nombradas al inicio de esta columna.

Es una pena darse cuenta como se derrocha el dinero de todos los chilenos y chilenas, injustificadamente…aparecen y aparecen gastos que sólo dan cuenta de privilegios muy lejanos al resto de los ciudadanos que deben representar. Necesitamos autoridades que simbolicen lo que la gente quiere, más ayuda y dignidad para muchos.

Hoy con más convicción que nunca, creo que son las generaciones más jóvenes, con amor real al servicio público, los que pueden cambiar esta realidad. Más allá de las legitimas diferencias políticas que se puedan tener, creo que en esto debemos avanzar en unidad, dejando de lado las mezquindades políticas, no más personas en el servicio público que sólo vienen a ostentar de los grandes cargos, de los grandes sueldos… se necesitan personas con altura de mira, capaces de anteponer las necesidades de la gente ante de las propias, sólo en ese momento, seremos capaces de avanzar hacia lo que soñamos, una sociedad más justa, igual y equitativa para todos.

 

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