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OPINIÓN

“El fenómeno de la retractación” por Alexis Rogat Lucero (Fiscal Regional de Atacama)

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El retiro de una denuncia en casos de violencia intrafamiliar no significa la detención del trabajo investigativo que desarrolla la Fiscalía.

 

El delito de violencia intrafamiliar es uno de los ilícitos que mayor incidencia tiene en los ingresos de denuncias a las Fiscalías de la región de Atacama. Este posee características particulares lo que implica una preocupación especial del Ministerio Público de velar por la seguridad de las víctimas, en cuyas investigaciones, post agresión, muchas veces ocurre un fenómeno que trae como consecuencia la imposibilidad de esclarecer el hecho denunciado y de obtener la eventual sanción para el responsable. Hablamos de la “Retracción de la denuncia”, esto significa que luego de interponer una denuncia, el afectado o afectada por el delito, manifiesta su intención de no continuar con el proceso investigativo.

Esta preocupación especial a la que nos hemos referido, implica no sólo escuchar a la víctima si no que también hacer todo lo que esté al alcance institucional para protegerla y es, precisamente, en los casos de violencia intrafamiliar, en que estos dos aspectos deben reforzarse atendido el estado de vulnerabilidad que muchas veces presenta el afectado o afectada.

Frente a ello, la Fiscalía debe -por expreso mandato del Fiscal Nacional- ponerse en contacto con las víctimas de violencia intrafamiliar en un plazo no superior a 24 horas, buscando así reunir la mayor información posible para desentrañar el hecho y establecer, además, el primer contacto entre la Fiscalía, como ente persecutor y el denunciante que requiere de la atención, apoyo y protección de sus derechos e integridad.

Esta clase de herramientas han sido promovidas precisamente, buscando asegurar una investigación oportuna y efectiva de casos que, tenemos la certeza, son relevantes y de un alto interés social e institucional.

No está de más aclarar que la retractación en investigaciones por violencia intrafamiliar, no impide ni genera la interrupción de una indagatoria penal, pues el fiscal a cargo tiene la obligación legal de revisar caso a caso los antecedentes que la componen y de agotar todas las instancias que estén a su alcance para esclarecer el hecho y, de estimar que tiene prueba suficiente para continuar con la tramitación de la causa, perseguir penalmente al responsable.

Si bien es cierto, esto pudiera parecer contradictorio, ya que una de las obligaciones del fiscal es escuchar a la víctima, la experiencia indica que el fenómeno de la retractación generalmente no se produce porque los hechos no hubieren ocurrido, sino por el contrario, muchas veces la afectada no desea seguir con la causa por factores asociados al vínculo que mantiene con el imputado o con el entorno de éste. A veces, debido a que aún mantiene temor a su agresor, como ocurre por lo general cuando éste es su conviviente, cónyuge o bien la persona con quien mantiene hijos en común; y en otras ocasiones, porque alberga la esperanza de retomar su vida en pareja a pesar del riesgo latente para su integridad.

Las señaladas, son poderosas razones para decir “no quiero continuar con la investigación”, pero no se debe olvidar que una de las principales funciones  del Ministerio Público, en aras de mantener la paz social, es proteger a las víctimas de delitos, incluso cuando éstas estimen que ya no lo necesitan.

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OPINIÓN

“Mujeres y trastorno de ansiedad” Por Dra. Érica Castro, matrona e investigadora U. San Sebastián

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Según la Organización Mundial de la Salud, al menos 264 millones de personas en el mundo padecen trastornos de ansiedad (TA), un incremento de 15% los últimos 10 años. En Estados Unidos, estos trastornos son los más frecuentes en salud mental y se prevé que cerca de 25% de la población experimentará algún tipo de sintomatología asociada a esta enfermedad, considerado como la verdadera epidemia silenciosa del siglo XXI.

Los TA son las alteraciones psiquiátricas más comunes que afectan a las mujeres durante su edad fértil y en el período circundante al parto, es un momento particularmente estresante que hace aumentar el riesgo de que algunas desarrollen o tengan una exacerbación de síntomas y trastornos preexistentes de ansiedad.

Con frecuencia, la ansiedad acompaña a los síntomas de la depresión, y muchas veces los síntomas de ansiedad es el motivo principal de consulta en gestantes y puérperas. A su vez, los síntomas de ansiedad durante el embarazo son uno de los factores de riesgo, más fuertemente asociados para la depresión posparto, un trastorno moderado o severo que por lo general empieza cerca de los tres meses posteriores al nacimiento, pero en la práctica clínica, puede tener su inicio durante un lapso más extenso que comprende desde la gestación hasta un año post parto.

Es normal que las mujeres gestantes o aquéllas que experimentan por primera vez la maternidad declaren síntomas de ansiedad. Hasta dos tercios de las mujeres experimentan preocupaciones, que comúnmente consisten en miedo a: tener una criatura con malformaciones, complicaciones durante la gestación o durante el parto, no tener habilidades o destrezas para la crianza, incapacidad para amamantar, transformaciones en la relación de pareja y en la estructura familiar, problemas económicos. No obstante, sólo cuando las preocupaciones y los síntomas de ansiedad interfieren con el día a día y causan angustia significativa es que se consideran anormales y pueden ser parte de un TA.

Se plantea que los síntomas de ansiedad se correlacionan con los variados cambios biológicos que ocurren en las mujeres durante la gestación, incluyendo elevaciones de la frecuencia cardíaca, variaciones en los niveles hormonales, respiración superficial debida a la amplitud abdominal, cambios que pueden conducir a una mayor sensibilidad y estrés. Asimismo, mujeres con antecedentes personales o familiares de TA son particularmente vulnerables a estos cambios.

 

Así, desde la perspectiva médica, una gran preocupación es el impacto que estos trastornos pueden tener en el bienestar de la mujer y la criatura. Múltiples estudios han informado una mayor tasa de complicaciones periparto tales como síndromes hipertensivos, bajo peso al nacer, parto prematuro, trabajos de parto prolongados y hemorragia posparto, entre otros.

 

Además, las mujeres con ansiedad son más propensas que las no ansiosas a reportar experiencias hospitalarias negativas, menor capacidad para cuidar a su hijo o hija y presentar dudas sobre sus habilidades para generar vínculo. Pero, también se han informado resultados negativos en el o la recién nacido/da, incluidos bajo peso al nacer, relación deteriorada madre e hijo o hija, débil desarrollo cognitivo y motor, mayor riesgo de trastorno por déficit atencional/ hiperactividad y otros trastornos emocionales y problemas de conducta desde el nacimiento hasta los 4 a 8 años de edad.

En resumen, todos los estudios sugieren un beneficio potencial de la detección oportuna de la ansiedad tanto durante la gestación como después del parto, con el objetivo de una identificación y tratamiento adecuado y oportuno para reducir los riesgos asociados con los TA.

 

Dra. Érica Castro, matrona e investigadora U. San Sebastián

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