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OPINIÓN

Viáticos Parlamentarios: Una vergüenza para el País ( por Sofía Avalos Morales )

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El martes recién pasado, el programa de Televisión Nacional de Chile,  Informe Especial, dejó abierta una nueva controversia respecto a los viajes de algunos legisladores, la cantidad de viáticos que gastan y el retraso en la entrega obligatoria de los informes que se deben hacer tras cada gira o visita parlamentaria al extranjero. Sólo a modo de ejemplo, en lo que va del año 2018 se han gastado $155 millones en viáticos y son cinco los diputados que han concentrado el 31% de los viajes al exterior: Fernando Meza (PR), Issa Kort (UDI), Tucapel Jiménez (PPD), Fidel Espinoza (PS) y Pablo Lorenzini (DC).

Para ir aclarando un poco más el tema, existe hoy para los parlamentarios un viático diario de casi 80 mil pesos que se les paga “sólo” por asistir a trabajar. Aquí no contemos ni pasajes en avión, ni alojamiento, ni comida, porque todo aquello, se les cancela aparte. A esto se suman, los lujosos comedores que tienen en el congreso además de la atención de un gran número de garzones que están “sólo para ellos”. Quizás a muchas personas esto le puede parecer natural o incluso justo por la labor que realizan a diario, a otras como yo en cambio, no deja de molestarme y dolerme profundamente, más cuando sabemos que existe una cantidad considerable de personas, que con ese viático que pagan en el congreso, viven un mes. Más aún, molesta tremendamente ver como algunos diputados  han montado en cólera porque se les cuestiona el alto monto de sus viáticos, pero como no cuestionarlos si la realidad de ellos resulta tremendamente abismante versus la de muchos chilenos y chilenas.

Quiero ser clara en que mi preocupación como ciudadana común y corriente, no va sólo en el valor del famoso viático, si no que vamos al fondo. Estamos tratando de construir un país más justo, más igual, más equitativo, que es el Chile me imagino que todos (quienes amamos el país y nuestra región) soñamos, pero este tipo de cosas desencantan, más cuando vienen de personas que fueron elegidas por votación popular, que fueron elegidas  para representar a los que votaron por ellos cuando se debate un proyecto en la sala de sesiones y cuando se vota por su aprobación o rechazo. Por eso, lo mínimo que se puede esperar de ese voto de confianza, es que se actúe en consecuencia con quienes lo eligieron y permítanme ser clara: que vergüenza para el país tener un parlamento con este tipo de autoridades como las nombradas al inicio de esta columna.

Es una pena darse cuenta como se derrocha el dinero de todos los chilenos y chilenas, injustificadamente…aparecen y aparecen gastos que sólo dan cuenta de privilegios muy lejanos al resto de los ciudadanos que deben representar. Necesitamos autoridades que simbolicen lo que la gente quiere, más ayuda y dignidad para muchos.

Hoy con más convicción que nunca, creo que son las generaciones más jóvenes, con amor real al servicio público, los que pueden cambiar esta realidad. Más allá de las legitimas diferencias políticas que se puedan tener, creo que en esto debemos avanzar en unidad, dejando de lado las mezquindades políticas, no más personas en el servicio público que sólo vienen a ostentar de los grandes cargos, de los grandes sueldos… se necesitan personas con altura de mira, capaces de anteponer las necesidades de la gente ante de las propias, sólo en ese momento, seremos capaces de avanzar hacia lo que soñamos, una sociedad más justa, igual y equitativa para todos.

 

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2 Comentarios

2 Comentarios

  1. Javier

    6 diciembre, 2018 at 7:32 pm

    El problema es que generalmente los políticos cuando están en el poder o en un cargo público -político , callan sus opiniones sobre “las injusticias”, para conservar su trabajo . Ese es el problema con la injusticia , y sobre todo cuando se milita en partidos conservadores auspiciados por empresarios

  2. Alfredo

    6 diciembre, 2018 at 7:57 pm

    Muy de acuerdo con tu comentario la desigualdad es tremenda, aparte de todo lo mal gastado de las fuerzas armadas,carabineros y quizás cuantos mas que no ha salido a la luz.

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OPINIÓN

«La honestidad comienza con uno mismo/a» Por Elías Úbeda Greig, psicólogo Clínico y Forense

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Alguna vez podría mentirse a sí mismo, o tal vez ha dicho algo que no sentía realmente en su interior: Entonces podría ser deshonesto con usted mismo.

La honestidad es un tema que ha sido tratado por grandes pensadores como Confucio, Sócrates, entre otros. Se le ha sindicado como una de las grandes virtudes que nos dará una mayor paz emocional. La honestidad nos ofrece una coherencia interna entre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos.

En el contexto en que nos encontremos y con las personas que nos sintamos acompañados, respetaremos aquello que estamos sintiendo y deseamos. En tales circunstancias el ejercicio permanente es de no mentirnos a nosotros mismos.

En ocasiones se puede producir un conflicto entre nuestra autoimagen, o nuestros deberes y algo que nos hace actuar de modo distinto. Por ejemplo, los seres humanos establecemos repetidos compromisos o rutinas, como una relación de pareja, pertenecer a un club deportivo, o cualquier otra; pero de pronto sentimos que no deseamos ver a nuestra pareja, que necesitamos un tiempo a solas, o que por esta vez no deseamos ir al gimnasio o hacer deportes. Cuando esto ocurre, por razones de cansancio, agobio, o cambio en los estados anímicos; las personas se ven en conflicto con estas variantes y en muchos casos tienen dificultades para tomar esa decisión y comunicarla con plena apertura y honestidad. Esto genera un estado de conflicto psíquico, de alerta, de aumento de sustancias como adrenalina, noradrenalina y cortisol; se activa el sistema nervioso simpático, debido a la imposición personal o externa de tener que cumplir ese compromiso a pesar de que temporalmente es algo que no deseamos hacer.

Obligarnos a estas situaciones podrían generar un intento de adaptarnos y de complacer, pero en el fuero íntimo no encuentra una armonía con lo que realmente deseamos en ese momento; por ejemplo, entrenar por cumplir con un campeonato o la imposición y necesidades del equipo.

Si no somos capaces de hablarlo, de poner las cosas en un contexto que permita comprender al otro lo que ocurre, algo simple y temporal podría comenzar a vivirse como un cuestionamiento mayor como, por ejemplo, pensar que ya no nos gusta ese deporte o que hemos dejado de querer a nuestra pareja, o que somos malos padres y madre porque un día no quisimos o tuvimos la energía para estar con nuestros hijos. Esto podría generar desánimo, insomnio, sensación de cansancio, pensamientos repetitivos sobre el asunto. Entonces, en vez de escucharnos comenzamos a imponernos, agravando el conflicto emocional.

De este modo surge una conducta evitativa por el temor a plantear estas situaciones, se inventarán excusas para no realizar estas actividades, y se optará por el aislamiento. Existen otras formas de tener una conducta evitativa como el consumo de alcohol, de otras drogas, u otras conductas compulsivas como el sexo o la ingesta de carbohidratos o azúcar.

Otras sensaciones que podrían aparecer son los sentimientos de culpa y la rabia, por no poder cumplir con lo que desea, o la imagen de si mismo; o por la dificultad de mantener las expectativas de esas personas o grupos que le resultan importantes.

No querer ver a alguien un día no significa que se han dejado de amar, no asistir a sus reuniones no implica que es irresponsable o ha perdido su adhesión, un día que descanse y no haga deporte no significará perder todo lo ganado. Más importante es nuestra paz interior, ser honestos con nosotros y darnos un respiro sin culpas ni traumas.

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OPINIÓN

Día de la Tierra, todos los días. ( Lucia Martinez , Gerente de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad Natura)

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Esta semana se conmemora En el Día Internacional de la Tierra, instaurado por la ONU para crear conciencia y promover la armonía con la Naturaleza.

 

Y es que somos uno solo; Personas, ciudad, bosques, selva, planeta. Uno no vive sin el otro y no en vano en algunas culturas se habla de la “Madre Tierra”, esa que nos acoge, nos cuida y nos nutre, nos brinda sostén y soporte.

 

Pero a veces, estos “hijos” no son todo lo considerados que deberían ser, y esto nos lleva a una Tierra sobreexplotada, agotada, tratando de ser cuidada pero cuya defensa a veces es cuestionada.

 

Y la Tierra, como buena Madre, sigue ahí…nutriendo, acogiendo, sosteniendo.

 

A veces nos preguntan: ¿Por qué tanto cuidado con lo ambiental? ¿Por qué tanta medición de carbono, tanto esfuerzo en cuidar la Amazonía, tanto cuidado por los animales, tanto material reciclado o alcohol orgánico? Muchas veces nos preguntan incluso si es rentable o no…

 

La Madre Tierra en cambio, no nos pregunta si le es rentable o no cuidarnos, y la Amazonía no nos pregunta si “le es rentable o no” entregarnos oxígeno y biodiversidad.

 

En Natura, nos preguntamos qué puede hacer una marca de belleza por el mundo, y buscamos para eso aportar desde la generación de impacto positivo. Desde acciones como cambiar las boletas papel por una digital, medir y gestionar impactos ambientales, y entregar a los consumidores alternativas para tomar elecciones conscientes, buscando movilizar a las personas para generar todos juntos, un mundo más bonito.

 

Todos somos agentes de cambio, y es por eso que vemos como cada vez más personas, aceptan esta invitación, buscan el consumo consciente y contagiar a otros en esta vía.

 

Y tú, qué puedes hacer #porunmundomasbonito? Nosotros, por nuestra parte, honrar a la tierra en su día, pero, además, todos los días.

 

 

 

 

 

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OPINIÓN

Dilema ( por Rodrigo Rojas Veas – Rector U. Sto Tomás Copiapó )

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Hace poco escribí una columna en la que señalé que el mundo, y por supuesto Chile, se enfrentan a escenarios de alta incertidumbre que amenazan su estabilidad.  La crisis de las democracias y de sus instituciones aparecen como uno de las principales preocupaciones en el día a día. El libro “Cómo mueren las democracias”, escrito por los profesores de Harvard Levitsky y Ziblatt describe como han desaparecido diversas democracias, ya no con golpes de estado o una revolución, sino con el paulatino debilitamiento de los gobiernos, de su sistema jurídico, de sus congresos o de la prensa independiente. Agrego el riesgo que entraña la conducta de vastos sectores de la población desafectada de los asuntos públicos, lo que arriesga permear y debilitar a la sociedad civil disminuyendo la gobernanza que posibilita un pacto o contrato social necesario para que cualquier país pueda progresar.

De todo esto observamos lamentablemente numerosos casos, no quedando casi instituciones exentas de severos cuestionamientos que minan la confianza en ellas. Los sucesos que se investigan y que involucran a las Fuerzas Armadas y de orden, al poder judicial y sus órganos auxiliares, al parlamento, a las Iglesias y a empresas, muestran un cuadro muy negativo. Lo positivo es que hoy por hoy la opacidad va disminuyendo y el control social presiona para que los hechos sean conocidos, investigados y sancionados, todo lo que va de la mano con un umbral de tolerancia cada vez menor frente a este tipo de situaciones. Hace rato que dejamos de creer que Chile estaba al margen de hechos de esta naturaleza, lo que nos diferenciaba de los demás países y nos hacía “distintos”.

Si miramos en nuestro entorno, el panorama no es mejor. Países vecinos pasan por coyunturas complejas y en particular lo sucedido en Perú, debe movernos a la reflexión. Con todos sus últimos presidentes presos o con orden de captura y, más aún con el suicidio de quien fuera dos veces su máxima autoridad ante la inminencia de su detención, es el ejemplo de lo mal que puede llegar a tornarse el estado de las cosas. Cuesta imaginar cómo se le da gobernabilidad en esas condiciones a cualquier país y como se teje la gobernanza en dicho contexto. Recuerdo ahora el dilema planteado por Mario Vargas Llosa, en su pregunta ¿En qué momento se jodió el Perú?…

Si nos comparamos, sentiremos y diremos que estamos a años luz de lo que ha pasado en otros países. Para que esto sea cierto, debemos evitar todo aquello que corroa nuestras bases institucionales.

Para no llegar a enfrentarnos a la fatal pregunta de Vargas Llosa.

 

 

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