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OPINIÓN

“Importancia ecología del cauce del rió Copiapó” Por Jaime Rodrigo Varas Esquivel (Licenciado en Acuicultura Especialista en cambio climático y desarrollo sostenible)

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Hace unos días atrás me mostraron un video en el que una persona rescataba peces en el cauce del río Copiapó. Me interesó, cuando era niño me bañé infinidad de veces en el río, donde descubrí otros peces y otras especies, particularmente anfibios. Así es que cargué algunos instrumentos y me encomendé a la tarea de identificar el o los peces.

A simple vista era una Gambusia, (Gambusia affinis), especie introducida en Chile en la década del 40 por su altísimo rendimiento consumiendo mosquitos. En rigor, actúa como control biológico sobre las poblaciones de mosquitos que transportan enfermedades.

La Gambusia es una especie con gran capacidad de adaptación, lo que le permite reproducirse con éxito en ecosistemas como el río Copiapó. Es decir, la presencia de gambusias en el río, aseguran disminución significativa de mosquitos trasmisores de enfermedades.

La Organización Mundial de la Salud informa que el mosquito de la fiebre amarilla (Aedes aegypti), es el principal vector de los virus que causan el dengue.  En Arica el Ministerio de Salud entrega gambusias para controlar el mosquito portador del virus
Zika.

El término “fauna Íctica” hace referencia a las especies de peces presentes en un lugar. El río Copiapó también posee fauna íctica y con distintos estados de conservación: Vulnerable y Peligro de Extinción.

 

 

El Camarón de río del norte (Cryphiops caementarius) es otra especie de importancia ecológica en el cauce del río Copiapó y también está en riesgo, tanto por la vulnerabilidad del hábitat y la sobreexplotación que se ha efectuado desde tiempos pre-colombinos.

En la actualidad la especie posee escasas medidas de control, las que van desde el 01 de diciembre hasta el 30 de abril, donde por decreto se impide la extracción, casi carente de fiscalización.

La literatura científica demuestra que las principales causas de la desaparición del Camarón de río del norte son los derrames accidentales de la industria minera y para el caso de Atacama, el embalse Lautaro, que actúa como una barrera en la migración del camarón aguas arriba, comportamiento necesario en la especie después de la reproducción.

Los camarones que hoy habitan el cauce vienen mayoritariamente del humedal del río Copiapó, territorio que fue intensamente dañado por los contaminantes y lodo que fluyeron después del 25 de marzo de 2015 y 13 de mayo de 2017, afectando aún más la estabilidad del camarón en el cauce y el humedal del río Copiapó.

La reducción del flujo de agua del río Copiapó podría llevar a la extinción del Camarón de río del norte y todo el ecosistema acuático del río Copiapó. El Museo Nacional de Historia Natural ha declarado al camarón de río del norte con Estado de Conservación Vulnerable desde la I a la IV Región y En Peligro de Extinción en la V Región y Región Metropolitana.

Es imprescindible que la municipalidad de Copiapó enfoque los esfuerzos en la recuperación del flujo de agua, considerando también la importancia ecológica de la flora y fauna del cauce del rio Copiapó.

Sostener la flora y fauna acuática del cauce del río podría ser una medida de compensación ecológica, por ejemplo, para amortiguar la presencia de depósitos de relaves sin solución que rodean insosteniblemente la ciudad.

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OPINIÓN

“Las mujeres marchan: 8m” Por Elías Úbeda Greig, psicólogo Clínico y Forense

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Las mujeres nos muestran otro paisaje, donde la pasión se vuelca a las calles, un eco de la especie. Salen a reclamar sus derechos, a romper los mitos, a derramar el arte por las calles donde marchan. Los árboles, edificios, se abren a su paso, pero mejor aun las consciencias. Es el mar rojo que se abre, para que los pueblos se miren distinto, se reconozcan a través de los símbolos de la igualdad.

Ninguna lucha es contra el hombre sino contra el asesino, el guanaco que escupe fragmentos, que hace daño, que da cuenta de nuestra más desnuda debilidad.

Las mujeres salen a la calle, gritan, se llenan de arrebatos, porque están cansadas del naufragio, de ser golpeadas por lo que dañinamente tildamos de amor.

Las marchas dejaron hace tiempo los uniformes, las botas, los tambores, para ser expresión del pueblo, hoy un pueblo femenino que revienta nuestras cabezas para hacer brotar una nueva semilla. Entonces, estamos invitados a reconstruir el árbol del encéfalo, a sumarnos a esta causa que es de todos y todas, a una nueva causa por la paz.

El dolor y la felicidad son dos caras de un mismo espejo, la Divina Comedia, la promesa del jardín de la felicidad. Ha de cumplirse para todos y todas sin distinción de género, edades o razas; pero el grito y la marcha de las mujeres se transforma en un pájaro que sale volando desde la boca y que con un nuevo canto nos dice que soñamos mal, que la realidad que construimos era aún más imperfecta.

Por eso los hombres tenemos el deber de sumarnos, entendiendo que este combate no es contra nadie, donde no cabe la palabra odio ni venganza, hacer de esta voz su propia voz, para la hora en que hacemos el pan, besamos a nuestros hijos o soñamos. Entonces, la sociedad perfecta que no existe se nos aproxima, despunta en el oriente un caminar distinto donde seamos capaces de tomarnos las manos, de recitarnos un poema al oído, donde podamos escucharnos.

Hoy las profetas avizoran el nuevo amor para todos, sacerdotisas, sabias, profundas y absolutas. Porque esto no es de un solo hombre, de una sola mujer, sino de todos los humanos.

En estas líneas nos sentimos invitados a renovar los abrazos, a partir nuestras mentes como una fruta que cae, a ser la manzana de Newton, a dejarnos sorprender por nuestras sobrevivientes que todo lo revuelven para reinventar la igualdad social y del amor.

 

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No matemos al mensajero. ( por Rodrigo Rojas Veas. Rector Santo Tomás Copiapó)

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Esta semana la Fundación Súmate del Hogar de cristo dio a conocer un estudio cuya principal y preocupante conclusión fue que un 8,9% de los niños, niñas y jóvenes en edad escolar, entre los 6 y 21 años, una cantidad de 358 mil personas, no estudiaba en 2017. Esta cifra provocó la preocupación de los medios, las autoridades y expertos por lo que implica y porque presenta notables diferencias con los datos de la encuesta Casen 2017, que muestra una cantidad menor de población desescolarizada, una cifra de 138.572 personas. En nuestra Región de Atacama la cifra sería de 6.437 niños y jóvenes que estarían fuera del sistema escolar, una cantidad importante considerando nuestra realidad demográfica. Por otra parte, se singularizan otras características de la población que queda al margen del sistema escolar. Según edad, el 70,5% de los jóvenes excluidos se encuentra en un rango entre los 18 y los 21 años, el porcentaje mayor corresponde a hombres, con un 57,1%, un 11 % corresponde a migrantes y un 12% a pueblos originarios. Malas noticias, sin lugar a dudas. En las últimas décadas nuestro país mostraba con orgullo sus indicadores de cobertura escolar, los que alcanzaban tasas de países desarrollados. Teníamos (y tenemos) la convicción de que nuestro desafío era (y es) la calidad, ámbito en que todos concordamos estamos al debe pues los esfuerzos se han concentrado en el marco regulatorio y en lo financiero del sistema educacional. Por tanto, los resultados de este estudio vienen a mostrar un retraso en aquello que considerábamos resuelto, vale decir la cobertura. Desde organismos públicos se enfatizó en que el estudio presenta problemas metodológicos en el uso de los registros administrativos del Ministerio de Educación, lo que le restaría validez a sus resultados. Más allá de la discusión metodológica, el estudio tiene el gran mérito de visibilizar una realidad, que corre el riesgo de quedar olvidada e identificar cinco “trayectorias de exclusión”: la vulneración de derechos, con experiencias de violencia y maltrato, el abandono parcial de los tutores, variables familiares de poco interés, problemas intraescolares, como relaciones conflictivas con los docentes o bullying y las posibilidades de reescolarización.

A partir de esta realidad y más allá de sus cifras, la pregunta a responder es ¿que estamos haciendo y que vamos a hacer para reescolarizar a esos niños y jóvenes? Esa es la obligación de la Sociedad y del Estado.

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“Esperanza para los niños y jóvenes excluidos” Por Liliana Cortés, directora de Fundación Súmate

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“Ha llegado carta” es un juego del que me acordé cuando supe que en enero había llegado un oficio de la ministra Marcela Cubillos al Consejo Nacional de Educación, apelando a crear y aprobar “una nueva modalidad educativa denominada de reingreso”.

Quienes conocemos la realidad de los miles de niños y jóvenes excluidos del sistema escolar, sabemos que afecta a los más vulnerables, lo que genera una espiral de desventajas en el futuro. Aunque este grupo desescolarizado no marcha, resolver su situación de exclusión debería ser prioridad no sólo para los que creemos en un Chile más justo, sino para los que con sentido práctico ven que en muchos de ellos laten el resentimiento, la frustración, la carencia económica, el consumo, la violencia. No nos espantemos luego con que los protagonistas de los famosos “portonazos” sean cada vez más jóvenes, que haya delincuencia cada vez más precoz. No se trata de criminalizar a los chicos que el sistema trata injustamente de “desertores” como si dejaran de estudiar por gusto, pero señalar esta realidad puede convencer a los más reactivos a ayudar a esta infancia y juventud  vulneradas.

Hogar de Cristo, a través de fundación Súmate, tiene 5 escuelas de reingreso y programas de apoyo territorial en las regiones, y somos parte de la Red de Trayectorias Educativas, que agrupa a otros que trabajan en el tema. En total, hay 12 establecimientos en todo Chile, por lo que la brecha de atención es abismal. Y los presupuestos otorgados se fueron reduciendo en los últimos años, a favor de otras demandas, como la educación gratuita.
Esta carta de la ministra expone los altos costos que tiene el abandono de la escuela para los excluidos y para toda la sociedad. Esperamos que las escuelas de reingreso sean consideradas como una nueva modalidad educativa, con un presupuesto acorde a la responsabilidad que Chile tiene con la infancia y la juventud más vulnerable.

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