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OPINIÓN

Estamos bien puertas adentro ( por Rodrigo Rojas Veas . Rector Santo Tomás Copiapó )

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El Observatorio Regional de Opinión Pública de la Universidad Santo Tomas realizó un “Estudio de satisfacción residencial”, el que busca describir la satisfacción de ciudadanos con su casa, los vecinos y el barrio en distintos sectores de Copiapó. La muestra estuvo compuesta por 600 habitantes distribuidos en 10 sectores de la ciudad.

El resultado más relevante de este estudio es que la mayoría de los copiapinos y copiapinas encuestados, evaluaron positivamente “su casa” y la entienden como un espacio personal, muy determinado por los gustos de quienes “la construyen”, no solo desde lo físico sino también en lo simbólico, con sus afectos y sus historias. Esto se relaciona con un valor propio de nuestra cultura, el alto significado que posee la “casa propia” por sobre otros bienes asociados a la calidad de vida.

 

Otro aspecto interesante de observar es que en los sectores donde más Satisfacción Residencial existe son San Pedro y Pedro León Gallo, zonas antiguas de Copiapó, con casas unifamiliares, donde las personas mayoritariamente han ido autoconstruyendo sus viviendas y en los que distintos proyectos de inversión pública han realizado mejoramientos de los entornos de dichos sectores.

 

Así se confirma lo que en otros estudios del Observatorio se había constatado: La satisfacción residencial tiene componentes individuales y sociales de carácter subjetivo y objetivo que entran en juego con las necesidades y satisfacción de éstas.  A pesar que algunas investigaciones afirmen que existe una percepción de que Copiapó no es un buen lugar para vivir, estudiar o pasear, sigue siendo un lugar que genera satisfacción en quienes lo habitan ya que ese valor está en gran medida determinado por el sentido que le demos los ciudadanos al hecho de vivir en la ciudad y sobre todo a las historias y vivencias que cada uno ha desarrollado en esta ciudad.

 

Para reflexionar queda el que sean los ciudadanos/as más jóvenes, con pocos años de residencia y con mayor nivel educacional quienes presentan menor satisfacción residencial en cada una de las escalas (barrio, vecinos, casa y general). Talvez para este segmento, más proclive al cambio, haya un desequilibrio entre la realidad de ciudad, sus necesidades y expectativas.

 

En conclusión, la sensación de quienes viven en Copiapó es mayoritariamente positiva “puertas adentro”, restando analizar y evaluar que pasa en el ámbito exterior, especialmente en materias de infraestructura, conectividad, espacios públicos, oferta cultural, de esparcimiento, calidad de la Educación y de la atención de salud, todos ellos materias de preocupación de las políticas públicas.

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OPINIÓN

No podemos dejarlos caer ( Carlos Vohringer, director técnico nacional de Apoyo Terapéutico del Hogar de Cristo )

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Carlos, mi tocayo, vive desde hace dos años en la calle. Dice que hacerlo fue como borrarse de sí mismo y dejarse caer. Y que ahora no sabe cómo recuperarse, cómo pararse. La droga, la pasta, lo amarra, lo ata, le pesa como un ancla.

El recién publicado Informe Mundial sobre Drogas 2019 indica que el número de personas que consumen drogas ha aumentado en un 30% respecto de 2009 y que la prevención, el tratamiento, las respuestas en materia de salud pública, son insuficientes. Este déficit es un serio obstáculo para lograr los Objetivos de desarrollo sostenible y cumplir el compromiso de no dejar a nadie atrás. Las escasas respuestas son en su mayoría ineficaces, poco accesibles; no se basan en evidencia científica, ni son respetuosas con las obligaciones internacionales en materia de derechos humanos.

En Chile, los datos del Senda, indican que, en 2016, 692 mil personas presentaron consumo problemático de alcohol y otras drogas. De ellas, sólo el 10% recibió algún tipo de respuesta terapéutica, ya sea pública o privada. Ese porcentaje es alto dentro del contexto latinoamericano, pero escaso si nos comparamos con países OCDE, y no se condice con los desafíos planteados por el programa Elige Vivir sin Drogas y el Acuerdo Nacional por la Infancia, entre otras iniciativas gubernamentales.

En 4 regiones del país aún no existe ninguna oferta para personas en situación de calle, como Carlos, ni para las privadas de libertad; en 8 no hay ninguna respuesta para quienes están en libertad vigilada y la falta de camas para desintoxicación en la mayoría de las regiones es un hecho de la causa. Y lo peor de todo es que desde 2015, el presupuesto de Senda ha ido bajando de manera sostenida. Lo más grave es el descenso de los recursos destinados a tratamientos: se han asignado 2 mil millones menos estos últimos 5 años. Parafraseando a Carlos, es como si estuviéramos dejando caer a los que, por una cuestión tanto ética como práctica, tendríamos que estar empeñados en ayudar a levantarse.

 

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El problema de la eutanasia ( Dr. Alejandro Serani Merlo, médico neurólogo y doctor en Filosofía, U. San Sebastián )

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Los seres humanos somos por naturaleza seres de cultura. Pero la cultura no es algo que nosotros adquirimos conscientemente, sino más bien algo que nos impregna; en ella vivimos, nos movemos y existimos. El problema de la eutanasia, antes que un problema de leyes o de doctrinas, es un problema de cultura.

En la aparición de la eutanasia como problema, se refleja sobretodo un malestar de la cultura. Un malestar en relación al modo como estamos viviendo, un malestar en el modo en que estamos muriendo. Estamos viviendo solos y nos estamos muriendo solos.

Lo que el individualismo buscaba, finalmente lo ha conseguido. La pretendida autosuficiencia plena del ser humano, conduce a su máxima indefensión. La autosuficiencia no es mala. Es mala si se la entiende mal y es buena si se la entiende bien.

Como todo lo humano la autosuficiencia no es absoluta sino relativa. Dependemos del medio ambiente, dependemos de la familia, dependemos de la comunidad, dependemos de Dios. En cada una de esas dependencias, si las entendemos y las vivimos bien, crecemos; y si las entendemos y las vivimos mal, nos frustramos.

Pero ese entender y vivir es un entender y un vivir que se da en y a través de la cultura. Este sello cultural deriva del modo como nos relacionamos, de los valores por los que nos guiamos, de las opciones que tomamos, de las cosas que sabemos, de aquellas que ignoramos, de aquellas que admiramos y valoramos.

Quizá debiésemos atender al modo como estamos viviendo la vejez y el modo como estamos viviendo el sufrimiento. No estábamos preparados para la prolongación de la vida, no estábamos preparados para los nuevos sufrimientos.

¿Tenemos que aprender a darle un sentido a la muerte y un sentido al sufrimiento?  Pienso que no, si le damos sentido a la vida, entonces la muerte y al sufrimiento pueden llegar a tener algún sentido. El problema no lo tenemos con la muerte, lo tenemos con la vida. Si no sabemos para qué se vive, menos sabremos para qué se muere. Si entendemos que se vive en dependencia, quizá podamos vivir, sufrir y morir menos solos.

 

 

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OPINIÓN

Palabras y mensajes que matan ( por Rodrigo Rojas Veas , rector U. Santo Tomás Copiapó )

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“Las palabras construyen realidad”. De seguro, usted ha escuchado esta frase que alude a que el relato que podemos hacer de algún hecho o la opinión que emitimos sobre algo configura un escenario que para nuestros interlocutores puede terminar constituyéndose en lo que se asumirá como verdadero en una determinada situación.

También hemos escuchado la aseveración “las palabras no son neutras”, la que implica que lo que decimos siempre está provisto de un significado, el que una vez decodificado por quien recibe nuestro mensaje, tendrá una u otra interpretación.

Señalo esto como introducción para referirme a hechos ocurridos en la última semana, los que precisamente tienen que ver con deslices verbales o virtuales de personajes públicos, y que han capturado la atención en la agenda mediática y en redes sociales. A saber:

. – una conocida actriz en una fiscalización de la autoridad policial reacciona de manera furibunda amenazando verbalmente con utilizar sus contactos con altas autoridades para evitar eventuales sanciones por incumplir normativas de común aplicación para todos los ciudadanos.

. – una autoridad afirma que las personas que van a atenderse a un servicio de salud y que para ello esperan, en ocasiones, largas horas, lo hacen también porque en este servicio pueden desarrollar relaciones de tipo social con otros pacientes. Luego, esta autoridad renuncia a su cargo y es reemplazada, estableciéndose que fue porque esta última declaración, que reflejó poca sensibilidad, “colmó el vaso”, siendo entonces defenestrado de su cargo. Llamativo es que, si bien su juicio fue poco acertado, haya sido por una declaración de este tenor y no por hechos anteriores que aparecían como más relevantes, el que haya perdido su investidura.

. – un dirigente estudiantil que goza de alta exposición, publica un mensaje en sus redes sociales en el que de manera explícita habla de “matar” a una autoridad. Luego y como suele suceder en el mundo de las redes sociales, argumenta que su mensaje es inocuo, que no tuvo animo de amenazar a nadie, en definitiva “que le están poniendo mucho” para desviar el foco de la atención sobre lo verdaderamente esencial. Cuesta entender este mundo paralelo de las redes sociales en la que muchos justifican sus posteos atribuyendo interpretaciones equivocas a mensajes que para cualquier persona son comprensibles de manera univoca.

Dichos y mensajes claros, que construyen una realidad que la mayoría no comparte.

 

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