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OPINIÓN

La cancillería y el segundo piso. ( por Cristián Fuentes, Académico escuela de Gobierno y Comunicaciones, U.Central)

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A propósito de la polémica desatada acerca de la política exterior del actual gobierno, uno de los temas más comentados se refiere a la importancia que tendría el encargado de estos asuntos en el segundo piso del palacio de La Moneda, quien ejercería una influencia mayor que el mismo canciller. Aunque constitucionalmente la conducción de la política exterior es facultad exclusiva del Presidente y la instancia designada como asesora y ejecutora es el Ministerio de Relaciones Exteriores, la práctica indica que el primer mandatario dispone de los resortes de poder que estime convenientes para desarrollar sus iniciativas en el ámbito internacional. Ello deriva en un perjuicio para el conjunto del Estado y en un deterioro de la política exterior, entendida como una política pública moderna y cabalmente democrática.

Para desempeñarse con eficacia en el mundo se requiere unidad de acción, por eso ya sea en una república o en una monarquía, en un régimen presidencial o parlamentario, quien detenta esa competencia es el Jefe del Estado o del Gobierno. Sin embargo, en casi todos los sistemas vigentes existe una institucionalidad que asegura equilibrios entre los poderes del Estado, frenos y contrapesos que impiden el mando excesivo de una autoridad sobre las demás. Ese no es el caso de Chile, donde la Constitución de 1980 dejó al Congreso solo con la potestad de aprobar o rechazar un tratado, quitándole la función de ratificar a los embajadores y cierta iniciativa presupuestaria, siendo expresión cabal del hiperpresidencialismo que ha predominado en las últimas décadas.

Tampoco la Cancillería ha tenido un papel relevante en estos años puesto que no se le ha reconocido mayor peso en la toma de decisiones, ni dotado de los recursos técnicos y financieros suficientes para realizar lo que los funcionarios piensan que son sus obligaciones. Esto va mucho más allá de la demanda del servicio exterior en cuanto a que todos los embajadores sean diplomáticos de carrera, reivindicación que simboliza una sensación de abandono provocada por la profunda diferencia entre la realidad y las expectativas, cuyo origen sería el maltrato de la política y, consecuentemente, su solución implicaría una reforma que le diera al Ministerio un rol más potente en la estructura del Estado.

En un mundo interdependiente como el que vivimos ya no existe un monopolio de las actividades internacionales, sino que todas las agencias estatales y el conjunto de la sociedad civil tienen gestión exterior, actividades que deben ser coordinadas por la Cancillería, de acuerdo con el principio de unidad del Estado. Aquello es independiente de que el Ejecutivo tenga asesores propios, las cuales, por cierto, también deben coordinarse con el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Este no es un debate personal, burocrático o elitista, sino sustancialmente político pues debe buscar el perfeccionamiento de las instituciones, el fortalecimiento de la participación ciudadana y la transparencia en los procesos, con el fin de que la proyección global de Chile coincida siempre con los intereses de la mayoría.

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Adolescentes o los enemigos de turno ( por Paula Medina, Investigadora de la Facultad de Derecho y Humanidades, U.Central )

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En sociedades complejas como la nuestra, la conflictividad social es inherente, e incluso “necesaria”, como dijera Durkheim. En clave neoliberal, además, observamos que en Chile los intereses se multiplican, los recursos se dividen, el poder se acumula y las políticas sociales se restan. En este escenario, de difícil gobernabilidad, resulta tentador echar mano a estrategias añejas, probadas y fracasadas, que disfrazadas de novedad, se reinventan en la retórica y en la práctica política, con sentido cortoplacista, siendo tan burdas y simplonas, como inútiles y perjudiciales.

Esto es lo que venimos observando en forma sistemática los últimos meses. Una suma de proyectos de ley e iniciativas gubernamentales, que no hacen sino crear y recrear la imagen del enemigo interno de turno: Aula Segura, Control preventivo de identidad para mayores de 14 años, Registro voluntario de mochilas, entre otras.

Históricamente, aspectos como la clase, la raza, el género, la etnia, la nacionalidad y la edad, han sido justificaciones tácitas o explícitas para construir el chivo expiatorio que concentrará la atención mediática, la explicación de todos los males y las acciones de la política represiva del Estado. Hoy es el turno de los adolescentes y estudiantes secundarios, aquellos que tuvieron la capacidad en el 2011 de sorprender al mismo Presidente Piñera, exigiendo su legítimo derecho a la educación y la participación. Esta vez el gobierno parece no estar dispuesto a correr riesgos. Es mejor neutralizarlos, dotarse de diversos instrumentos coactivos para prevenir y controlar sus actos, aprovechar en forma oportunista el dolor de las víctimas y legitimar sus propuestas en el gastado y efectista discurso de la seguridad pública.


“No comprenden la gravedad de este tema y obstaculizan las leyes que necesitamos”, señaló recientemente el Mandatario. La verdad, es que justamente porque comprendemos la profundidad del problema, es que somos muchos los que nos oponemos a las iniciativas legales señaladas, entre otras varias razones, porque lo único que hacen es transmitir a los adolescentes que los adultos no somos capaces de hacer otra cosa que negarlos, reprimirlos y castigarlos.

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¿Se puede avanzar en una cura para la obesidad? ( por Cheril Tapia , investigadora del CEBICEM de la U. San Sebastián )

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  • La portada de la edición de junio de la revista científica Nature Cell Biology, publicó un estudio en el que se descubrió una nueva función de una proteína: mejorar la eficiencia energética y el metabolismo. En el hallazgo contribuyeron investigadores del Centro de Biología Celular y Biomedicina de la U. San Sebastián.

El 74% de la población chilena adulta presenta sobrepeso u obesidad, según la última Encuesta Nacional de Salud y sus implicancias y riesgos van más allá de la aparición de enfermedades crónicas como hipertensión, dislipidemias y diabetes.

También detona accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal, hígado graso, problemas reproductivos, retinopatías y osteoporosis.

Dar con un eventual blanco que permita generar tratamientos para combatir la mayor epidemia del siglo XXI es como ganar la final de la Champions League.

Por 30 años se creyó que la proteína IRE1 alpha regulaba exclusivamente el estrés celular, pero al estudiar su papel en la interacción de la mitocondria (productora de energía) y el retículo endoplásmico (fábrica de proteínas) en la célula, se vio que esta proteína mejora el metabolismo y la generación de energía.

“Cada uno tiene su función, pero cuando se ponen en contacto se potencian y trabajan en común, favoreciendo la función energética de la mitocondria, todo esto mediado por la proteína IRE1 alpha”, explicó Cheril Tapia, investigadora del Centro de Biología Celular y Biomedicina (CEBICEM) de la Facultad de Medicina y Ciencia U. San Sebastián.

Precisamente su equipo dedicado al estudio de la neurobiología del envejecimiento y el rol de la mitocondria en este proceso, fue el que colaboró con los investigadores del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica de la U. de Chile, analizando las alteraciones metabólicas, es decir, ¿si la ausencia de esta proteína llevaría a un déficit bioenergético por fallas en la función de la mitocondria en el hígado?

Hallazgo

“La ausencia de la proteína  afecta particularmente la comunicación mitocondria- retículo endoplásmico”, explicó la investigadora USS.

A lo que añadió. “Esta pérdida de contacto es clave en la obesidad y la diabetes, desregulando la producción de energía mediada por la mitocondria. Entonces si esta proteína favorece la formación de contacto, el blanco para el desarrollo de una terapia molecular para fortalecer y mejorar las alteraciones metabólicas está a la luz”.

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Anticonceptivos y depresión (Dra. Erica Castro, matrona e investigadora U. San Sebastián )

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Hoy, los métodos hormonales de anticoncepción son los más empleados por las mujeres. Inicialmente las dosis que tenían las pastillas anticonceptivas eran altas en estrógenos y asociadas a una serie de efectos adversos que ha obligado a disminuir las concentraciones: efectos secundarios como irritabilidad, mayor sensación de hambre, mayor riesgo de trombosis, congestión mamaria, dolores de cabeza y disminución de la libido o deseo sexual.

 

No obstante, en los últimos años existen preocupaciones sobre los efectos secundarios que incluyen el aumento de peso, el acné, los cambios de humor y la depresión.

Las preocupaciones sobre los efectos de la depresión relacionada con la progestina surgen de los primeros datos clínicos sobre el acetato de medroxiprogesterona (DMPA), que fue aprobado como anticonceptivo de acción prolongada en 1992. El etiquetado del paquete indicaba que las mujeres con depresión debían observarse cuidadosamente. Esta preocupación se basó en datos clínicos que mostraron 1,5% de los usuarios de 400 reportaron depresión y el 0,5% descontinuó el uso de DMPA para esto razón.

Desde entonces, muchos estudios han buscado una respuesta sobre si el DMPA puede causar depresión, lo que no está del todo esclarecido. Sin embargo, recientemente la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) por recomendación suya y el Instituto Federal de Medicamentos y Dispositivos Médicos (BfArM) de Alemania ha enviado una orden a las empresas farmacéuticas del país, además de cartas informativas a facultativos y farmacias, exigiendo los prospectos de los anticonceptivos hormonales comiencen a incluir también como efecto secundario la depresión.

¿De dónde se origina esta advertencia? De un estudio danés considerado en 2017 y que demostró que la contracepción hormonal está probablemente asociada con un mayor riesgo de suicidio. Se basó en los registros sanitarios daneses sobre 475.802 mujeres de más de 15 años de edad y cuyo uso o no de la píldora fue contabilizado y cruzado con su salud mental. El riesgo de suicidio fue de 3,08 y resultarían afectadas las jóvenes que ingieren la pastilla entre los 15 y los 19 años y que, independientemente de la edad, el mes más peligroso es el primero. La EMA ha concluido que, si bien no puede identificarse un vínculo casual tan, si hay indicios suficientes de relación entre estados de ánimo depresivos y anticonceptivos hormonales como para hacerlo advertir a las usuarias.

En nuestro país, los problemas de salud mental corresponden una carga importante. Según el último estudio chileno de Carga de Enfermedad y Carga Atribuible, cerca de 25% de los años de vida perdidos por discapacidad o muerte están determinados por las condiciones neuro-psiquiátricas, donde la depresión y la ansiedad son casi dos veces más frecuentes en las mujeres que en los hombres.

Por otra parte, los métodos hormonales son los más empleados por la mujer chilena. En este contexto, de deben trabajar en campañas informativas para que las mujeres usuarias o las que ya utilizan este tipo de productos puedan contar con la información correcta. Así, los equipos de salud cuenten con esta información para apoyar y acompañar.

 

 

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