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OPINIÓN

Palabras y mensajes que matan ( por Rodrigo Rojas Veas , rector U. Santo Tomás Copiapó )

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“Las palabras construyen realidad”. De seguro, usted ha escuchado esta frase que alude a que el relato que podemos hacer de algún hecho o la opinión que emitimos sobre algo configura un escenario que para nuestros interlocutores puede terminar constituyéndose en lo que se asumirá como verdadero en una determinada situación.

También hemos escuchado la aseveración “las palabras no son neutras”, la que implica que lo que decimos siempre está provisto de un significado, el que una vez decodificado por quien recibe nuestro mensaje, tendrá una u otra interpretación.

Señalo esto como introducción para referirme a hechos ocurridos en la última semana, los que precisamente tienen que ver con deslices verbales o virtuales de personajes públicos, y que han capturado la atención en la agenda mediática y en redes sociales. A saber:

. – una conocida actriz en una fiscalización de la autoridad policial reacciona de manera furibunda amenazando verbalmente con utilizar sus contactos con altas autoridades para evitar eventuales sanciones por incumplir normativas de común aplicación para todos los ciudadanos.

. – una autoridad afirma que las personas que van a atenderse a un servicio de salud y que para ello esperan, en ocasiones, largas horas, lo hacen también porque en este servicio pueden desarrollar relaciones de tipo social con otros pacientes. Luego, esta autoridad renuncia a su cargo y es reemplazada, estableciéndose que fue porque esta última declaración, que reflejó poca sensibilidad, “colmó el vaso”, siendo entonces defenestrado de su cargo. Llamativo es que, si bien su juicio fue poco acertado, haya sido por una declaración de este tenor y no por hechos anteriores que aparecían como más relevantes, el que haya perdido su investidura.

. – un dirigente estudiantil que goza de alta exposición, publica un mensaje en sus redes sociales en el que de manera explícita habla de “matar” a una autoridad. Luego y como suele suceder en el mundo de las redes sociales, argumenta que su mensaje es inocuo, que no tuvo animo de amenazar a nadie, en definitiva “que le están poniendo mucho” para desviar el foco de la atención sobre lo verdaderamente esencial. Cuesta entender este mundo paralelo de las redes sociales en la que muchos justifican sus posteos atribuyendo interpretaciones equivocas a mensajes que para cualquier persona son comprensibles de manera univoca.

Dichos y mensajes claros, que construyen una realidad que la mayoría no comparte.

 

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OPINIÓN

Transformación digital no es lo mismo que innovación ( por Guillermo Beuchat, Socio Fundador Transforme Consultores )

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Existen dos términos que han sonado en el entorno empresarial con locura en el último par de años, sin duda que son transformación digital e innovación. Tan al unísono han sonado, que muchas organizaciones — deseosas de abrazarlas — las tratan como una sola cosa: la cada vez más popular gerencia de “Innovación y Transformación Digital”. Cursos y programas educativos que pretenden formar profesionales en estos procesos siguen también la tendencia, metiendo ambos en el mismo saco.

 

Esta confusión está muy arraigada, especialmente porque muchas consultoras, publicaciones y autores de libros del management promueven la transformación digital como la gran revolución, casi la única, que las empresas deben abordar.

 

Pero transformación digital no es lo mismo que innovación. Simplemente, digitalizar el «viaje de los clientes» es meterle tecnología a la relación de negocio con el consumidor o cliente. Las empresas de hecho están automatizando esto con bastante atraso, si tenemos en cuenta que el consumidor digitalizado existe desde el 2005 o un poco antes.

 

La premisa es que se puede innovar sin transformación digital, de hecho hay miles de formas de innovar que no tienen nada que ver con tecnología digital, a veces ni siquiera con tecnología. Una empresa de tratamiento de residuos que innova con nuevos procesos de tratamiento; un nuevo modelo de negocios; un nuevo producto alimenticio orgánico; y tantas otras.

 

La transformación digital arrasa con todo: los presupuestos, los recursos, la gente, el «mindshare» de los ejecutivos y directorios. ¿Y dónde dejamos la innovación? ¿Estamos también pensando en qué nuevos productos, servicios y modelos de negocio nos alimentarán en los próximos años?

 

La verdadera revolución que está provocando la transformación digital en las empresas no es tecnológica; es cultural. Nos estamos acostumbrando a la velocidad, evitando la obsolescencia; estamos lanzando productos WIP «work in progress» al mercado, sin esperar a sacar productos «completos» pero tardíamente; la gente se está acostumbrando a trabajar por proyectos, en «células» o grupos de trabajo multisciplinarios; las herramientas y técnicas del design thinking, metodologías «agiles» y demás están provocando una revolución en el interior de las empresas. Abrazar este cambio (y los que vienen) es un imperativo para todas las empresas. Innovar también lo es, y no es bueno perderlo de vista.

 

 

 

 

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El uso del agua con visión de futuro ( Por Jorge Castillo Luco, Abogado  y Director de la Cámara Minera de Chile AG. )

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Ya no es noticia hablar de la escasez hídrica, sequía y qué actividad ocupa tal o cual cantidad de suministro de recursos hídricos a nivel industrial (agrícola, sanitario, minero). Sin embargo, lo que todos debemos hacer es informarnos de cómo otros países han logrado balancear esta situación.

El Sr. René Garreaud, investigador del centro científico chileno que estudia los impactos del cambio climático, se ha referido sobre las razones detrás de la sequía y los vacíos de información que limitan la posibilidad de crear soluciones efectivas- por parte de las autoridades respectivas.

En tanto, el profesor Eilon Adar, Director del Instituto de Investigación del Agua de la Universidad de Ben Gurión, Israel, presentó hace unos años atrás en Chile el modelo israelí de innovación y gestión de aguas (dado que las condiciones climáticas de Israel son similares e incluso más complejas que las de la zona centro norte de Chile), en orden a transmitir la relevante experiencia en el manejo eficiente de recursos hídricos, particularmente, colocando el foco en suplir la demanda residencial, agrícola e industrial. En este sentido, y pese a que pudiere parecer un contrasentido, se hizo hincapié que Chile no tenía del todo un problema de escasez hídrica, sino, de una mala gestión de recursos hídricos.


Sobre el particular, tenemos paradigmas que resolver entonces, en relación a actuar responsablemente ante el nuevo devenir del medioambiente y sus cambios, los cuales deben estar orientados a contar con líderes informados y técnicos en búsqueda de soluciones reales que den cuenta de una mejor gestión hídrica.

Si bien mi preocupación es por todos los sectores, el minero es el que me convoca en estas líneas. Equivocadamente, la ciudadanía cree que la minería es la que más agua consume y/o requiere para sus procesos productivos, sin embargo esto no es así, ya que según datos de 2018, utiliza un 3% aproximado del consumo total, en tanto, la agricultura llega a un 82%.
Además hay que destacar la reutilización que hace del recurso hídrico a lo que se suma la importante inversión en plantas desalinizadoras, como proyectos ya consolidados y en crecimiento.

Esto queda refrendado en el estudio que presentó la Comisión Chilena del Cobre, Cochilco, a principios de este año, ya que señala que se prevé un sostenido aumento del consumo de agua de mar en las operaciones de la gran minería del cobre en el próximo decenio.
Además, proyectan que el consumo de agua de mar será cada vez mayor, llegando a 10,82 metros cúbicos por segundo al año 2029, lo que representa un aumento del 230% respecto al valor esperado para el 2018.

Según estos datos, el 43% del agua total requerida en la industria minera del cobre vendrá de agua de mar, pues son cada vez más las mineras que se suman a la construcción de sus propias plantas desaladoras, en las que también cabe la posibilidad de asociatividad de varias empresas se articulen para la instalación de nuevas plantas y/o uso conjunto, o agua de mar directa para enfrentar la escasez de este recurso.

Finalmente, también debiera ser materia de estudio el reimpulso de recursos hídricos desde los tranques de relave a procesos en cordillera, de manera de tener presente esta variable en el escenario anteriormente descrito para evaluar las mejores opciones desde la perspectiva de la sustentabilidad de cada territorio, en relación al suministro requerido y el recurso disponible.

Con todo, lo anterior, debería ser un ejemplo para otros sectores, los que con nuevas prácticas puede hacer una mejor gestión hídrica del uso de agua o buscar alternativas en países como los mencionados anteriormente.

Es responsabilidad de todos cuidar nuestros recursos naturales y, en este caso, el recurso hídrico para la sustentabilidad integral de la industria minera y la vida humana.

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Salud mental: cómo lidiar con la contingencia ( por Rodrigo Venegas, Psicólogo y académico Facultad de Psicología, U. San Sebastián)

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Ya de antes del conflicto social actual, Chile presentaba lamentables indicadores en salud mental.

 

La presencia de cuadros de depresión, ansiedad, agotamiento físico y mental ocupaban una buena parte de las quejas de la población. Junto a ello, las elevadas tasas de suicidio juvenil y de adulto mayor nos colocaban en el foco de atención mundial con los indicadores por sobre la media OCDE.

 

Para ese complejo panorama -que cruza de manera transversal a una parte relevante de la población- el Estado no tenía respuesta; bajos presupuestos daban cuenta de la poca prioridad que el tema tenía para diferentes gobiernos. Como muestra de lo anterior, el psiquiatra Alberto Larraín lo expresó con números en una entrevista de este año “1 de cada 4 chilenos tiene hoy una enfermedad de Salud Mental. Cerca de 3.8 millones de compatriotas. De ellos solo el 20% recibe tratamiento”, dijo.

 

Frente a la actual coyuntura, los trastornos de salud mental se elevan a la altura de pandemia dejando a pocos individuos indemnes frente a la ansiedad, estrés, alteraciones del sueño y labilidad emocional, la reactivación de memoria traumática hace que emerjan con fuerza cuadros de estrés post traumático y similares en población que ya ha sido expuesta con anterioridad a eventos altamente estresantes.

 

Los problemas en la construcción de rutinas diarias y en muchos casos de transporte y subsistencia colocan a las personas de nuestro país al borde de sus capacidades psíquicas para elaborar los eventos del día a día. Lo anterior sólo puede profundizar la crisis de salud mental en el país. Frente a ello no existen recetas mágicas, pero si algunas acciones concretas que permiten lidiar con el cotidiano:

 

Evitar sobre exposición a conversaciones y mensajes: Tanto usted cómo su familia (en especial niños y niñas) deben regular el flujo de información, muchas veces contradictoria, sino derechamente falsa, que aparece de manera continua por los medios de comunicación (online o TV). Poder regular lo que escucha y lee permite “desconectarse” de los eventos y dar un tiempo para que el cuerpo, las emociones y pensamientos se regulen.

 

Generar rutinas: Las actuales circunstancias generan quiebre de rutinas esenciales para organizarnos espacio-temporalmente. Ello conlleva ansiedad y sensación de pérdida de control. Frente a esto, la posibilidad de recuperar rutinas o crear nuevas, genera la sensación de espacio conocido y protector.

 

Buscar afecto y seguridad en los más cercanos: El afecto, la compañía y los vínculos afectivos son mecanismos centrales para recuperar la esperanza y vislumbrar soluciones.

La OMS/ Minsal recomiendan, frente a situaciones de desastres, algunas acciones relevantes:

 

  • Buscar compañía y hablar.
  • Compartir sentimientos y pensamientos con otros.
  • Escuchar y ayudar a sus compañeros.
  • Permitirse sentirse mal, deprimido o indiferente.
  • Realizar ejercicios físicos suaves, alternados con relajación.
  • Estructurar el tiempo y mantenerse ocupado.
  • No evadir el dolor o sufrimiento con el uso de drogas o alcohol.
  • Tratar de mantener un itinerario de vida lo más normal posible.
  • Hacer cosas que lo hagan sentir bien, útil y solidario.
  • Tomar pequeñas decisiones cotidianas.
  • Descansar lo suficiente.
  • Intentar, dentro de lo posible, comer bien y regularmente.
  • Saber que los sueños y pensamientos recurrentes acerca del evento traumático son normales y deben ser compartidos.

 

Rodrigo Venegas

Psicólogo y académico Facultad de Psicología, U. San Sebastián

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