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OPINIÓN

No me conoces, pero ¿sabes de mí? ( por Claudio Piña Novoa , académico Ucentral Región de Coquimbo)

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Desde la masificación de internet, y sobre todo desde el uso excesivo de las redes sociales, es posible determinar tanta información personal, que llega a ser escalofriante.

En la mayoría de las compras que realizamos, nos piden el rut con distintas excusas (sumar puntos, tener descuentos, inscripción en club de beneficios, incluso para ver la boleta por internet). ¿Pero qué hay detrás de eso?

Sólo con su rut, alguien que sepa medianamente de informática, puede conseguir su nombre completo, el de su familia, madre, padre, hijos y pareja legal (si tiene). Con esa información se puede cruzar en las redes sociales llegando incluso a saber en qué trabaja, los lugares que frecuenta, su círculo de amigos y familiares o sus más cercanos. Gustos, expectativas de vida, problemas personales y todo lo que usted suba como “estado” en sus redes sociales.

Hasta ahí sin tener muchos conocimientos de informática. Ahora, si es experto en informática, principalmente inteligencia artificial o minería de datos, podría predecir el comportamiento y con ello saber qué preferiría comprar o donde viajar para sus vacaciones, incluso antes que usted lo decida. Lo que permite crear “ofertas” personalizadas, que es la publicidad que aparece en distintas páginas web o redes sociales. Como cuando uno está buscando un artículo por google y a los minutos le aparecen ofertas de productos parecidos en Facebook o Instagram. No es casual y está detrás de la clásica pregunta en la tienda… ¿me da su rut?

¿Cómo evitar que sus datos sean públicos? Primero, dejar de compartir todo por redes sociales, hoy la principal fuente d información somos nosotros mismos. Segundo, cambiar los nombres de nuestras redes sociales, por nombres de fantasía. Sus amigos seguirán viéndolo, solo con otro nombre, y podrá seguir compartiendo y chateando con ellos. Tercero, evite dar su rut en centros comerciales, ya que así deja de “alimentar” a los sistemas.

Así como antes, quien tenía oro era valioso, y en un futuro quien tenga agua será valioso, hoy en día quien tiene datos tiene un gran valor en ellos, y claramente puede comercializarlos.

 

Claudio Piña Novoa

Académico

Ucentral Región de Coquimbo

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La Constitucionalidad de las 40 horas semanales ( Emilio Oñate Vera, Decano Facultad de Derecho y Humanidades, U.Central )

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Cuando recurrentemente escuchamos hablar de Estado de Derecho pareciéramos olvidar cual es uno de los elementos que lo constituyen, especialmente en un régimen democrático, me refiero a la separación de poderes o a la delimitación de las funciones estatales, cuestión especialmente relevante para todos aquellos que ejercen una potestad pública. Por eso, en la discusión sobre la constitucionalidad del proyecto que disminuye a 40 horas semanales la jornada laboral, sorprende que algunos diputados y senadores sostengan que la moción parlamentaria que impulsa el proyecto debe ser de exclusiva iniciativa del Presidente de la República, es decir deba ser presentado por mensaje presidencial, y por consiguiente estimen inconstitucional dicha propuesta, anunciando que recurrirán al Tribunal Constitucional.  En efecto, la iniciativa exclusiva del Presidente de la República para regular determinadas materias de ley no puede ser interpretada de manera extensiva, si así fuera, precisamente se estaría afectando la separación de poderes o funciones públicas, por cuanto la función legislativa recae primordialmente en el Congreso Nacional y el constituyente cuando establece lo contrario, lo señala expresamente, esto es en términos explícitos e inequívocos.  Así ocurre con la fijación de las remuneraciones de los trabajadores según lo dispone la constitución en el numeral 4° del artículo 65, reservando el impulso legislativo a la primera magistratura, pero nada señala la carta política en relación a la iniciativa de ley presidencial en materia de horas de la jornada laboral.

Desde luego la reducción de las horas de trabajo tendrá efectos económicos, sociales y culturales, pero de ahí a argumentar que su iniciativa parlamentaria es inconstitucional, definitivamente implica desconocer el Estado de derecho y la constitución, cuestión más grave aún si dicho argumento emana de algunos legisladores.

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Quiropraxia de Chile ( David López S., Director Pre Grado Especial en Quiropraxia, U.Central)

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El país requiere urgentemente incluir al quiropráctico dentro del Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (RNPIS), principal herramienta sanitaria y administrativa que puede proteger a los usuarios de salud, permitiéndoles identificar a quienes son los profesionales idóneos que poseen título universitario, para ejercer con certeza jurídica y pertinencia la quiropraxia en Chile.

El Colegio de Quiroprácticos Universitarios de Chile AG -insistentemente y por varios años- ha solicitado al MINSAL que regule el ejercicio de la profesión quiropráctica para evitar negligencias y daño a los pacientes, por parte de personas no calificadas que se autodenominan quiroprácticos.

La Universidad Central de Chile desde el año 2010 a la fecha, conforme a las potestades que privativamente le faculta la LEG para dictar títulos y grados, es la única institución del país que imparte la profesión quiropráctica en la modalidad de pregrado especial para médicos, odontólogos y kinesiólogos. Lo anterior, conforme a los estándares de la Organización Mundial de la Salud y la Federación Mundial Quiropráctica y a la fecha más de 250 quiroprácticos han egresado de nuestras aulas y ejercen en Chile. Por ello nuestra preocupación del buen ejercicio de la profesión en nuestro país.

 

 

 

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Juventud y cambio climático ( Ángela Venegas, Académica carrera de Trabajo Social, U.Central )

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El contexto social, económico y político configura características concretas sobre el vivir y percibir lo joven. En paralelo, la sociedad elabora imágenes de sus jóvenes, buscando explicarse lo que ellos y ellas viven, hacen, piensan, sienten o dejan de vivir, hacer, pensar y sentir, estableciendo modelos normativos y culturales que buscan homologar conductas y por lo tanto, predecir futuros.

 

Existen diversas tendencias epistemológicas en el estudio de la juventud, dentro de las tendencias más comunes están; entenderla como etapa de riesgo social asociada a conductas delictivas y la juventud como una fuerza de resistencia y potencial transformador.

 

Esas tendencias no son inocuas, pues sin duda esconden tras de sí un sello desde la adultez, que construye un sujeto juvenil conveniente a su interés. La primera de ellas estigmatiza al sujeto incompleto, disruptivo y delictivo, que por tanto hay que castigarlo, lo que influye directamente en los índices de victimización de la población y genera la noción de juventud negativa. La segunda tendencia establece que el ser joven se asocia a transformación, a cambios relacionados a su interacción social, a su potencial de resistencia y creación.

 

Asociado a este discurso se endosa al joven una serie de responsabilidades de manera arbitraria bajo consignas como “los jóvenes son nuestro futuro, nuestros salvadores” esperando así que sean, esas futuras generaciones, las encargadas de enmendar los errores cometidos en el presente por los adultos, como por ejemplo, la crisis ambiental derivada del cambio climático.

 

No es justo dejar sólo en manos en las juventudes el cambio social y el cuidado y reparación del actual daño del planeta como la escases de agua, ríos y mares infestados de plástico, y las consecuencias del calentamiento de la tierra y los desastres naturales, son un tema que nos compete a todos como habitantes de este planeta, nuestro único hogar.

 

Como Universidad pudimos debatir en la Pre COP25, organizada por organizaciones sociales y realizada en la U.Central, oportunidad en que se planteó la necesidad de generar una conciencia colectiva que vaya permeando, cada vez más fuerte, a los ciudadanos para que definitivamente trabajemos todos para evitar el colapso ecológico planetario.

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