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OPINIÓN

Cuando el orden de los factores altera el producto ( Catalina Maluk Abusleme, Directora  Escuela de Economía y Negocios, U.Central )

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Más allá del debate respecto de la conveniencia o no de rebajar la jornada laboral a 41 o 40 horas y cuánto incidiría en la productividad, conviene abrir la discusión para dejar de centrarnos en el trabajador como el único responsable de este indicador que, además, es tan esquivo para Chile.

La productividad es una consecuencia de varios factores y no solo de las personas, como se ha señalado en algunas oportunidades. Es lo que se conoce en economía, como la Productividad Total de Factores que incluye las mejoras o innovaciones tecnológicas, la eficiencia y, por cierto, la calidad de la mano de obra. Diferente es hablar de productividad solo como la mera relación entre insumo y producto final.

No es novedad que todos los índices de productividad del país, según los estándares de la OCDE, sean deficientes. En el ranking de esta organización de la que somos miembros, Chile, es el quinto país menos productivo y con la jornada laboral más extensa. En el otro lado, Alemania tiene la productividad más alta con la jornada laboral más corta.

Además, el porcentaje del PIB que destina Chile para la inversión en I+D es seis veces menor que el promedio de la OCDE (2,34%), es decir, la más baja del club.

La pregunta de fondo, tal vez, no debería circular en torno a trabajar menos, sino a trabajar mejor, es decir, en condiciones adecuadas y desde una mirada multidimensional, en la cual la reducción de la jornada laboral sea la consecuencia de un debate de fondo y con visión de futuro.

Así las cosas, vale la pena preguntarse qué pasa con la correlación de factores que esta vez, si parece alterar el producto.

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OPINIÓN

.La temida recesión ( Catalina Maluk, Directora Escuela de Economía y Negocios, U. Central )

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El movimiento social que partió el 18 de octubre, está evidenciando sus primeros efectos en la economía.

Claramente, las necesarias demandas sociales que buscan disminuir la desigualdad y mejorar la calidad de vida de los sectores más vulnerables y la clase media, se han visto perjudicadas por la excesiva violencia desencadenada. Esto ha generado un nivel de incertidumbre que impacta la economía de nuestro país y empieza a afectar el presupuesto de los hogares.

Las consecuencias finales, hoy son difíciles de predecir. Las  recientes cifras de desempleo, la caída en las ventas del comercio y el aumento que enfrentarán muchos productos dado el alza del dólar, auguran una situación muy compleja. Cómo enfrentarla, es el gran desafío para todos.

Quienes tengan un ingreso seguro, pueden aportar a la reactivación económica y a disminuir las expectativas de recesión a través del consumo, que impulsa la actividad del país. Dicho en simple, si se mueve el dinero, este llega a las personas via ingresos y permite que tengan acceso a bienes.

Si por el contrario, existe temor al futuro y se verifica una disminución considerable en el consumo con foco en el ahorro, disminuye la actividad, aumenta la contracción y se profundiza un escenario recesivo.

Además, es de suma importancia aumentar el gasto del Estado para contrarrestar el menor gasto privado; y que la banca haga efectiva la baja de tasas de interés que promovió el Banco Central para incentivar la inversión.

En síntesis, debemos propiciar todo lo necesario para salir de una crisis económica que se avecina, en el menor plazo posible y con el menor costo para las personas.

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OPINIÓN

Con o sin COP25, el compromiso está ( Gustavo Cruz de Moraes, Gerente General de Natura Chile. )

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Desde octubre, millones de chilenos se unieron exigiendo mayor equidad y justicia social. Pero fue antes que estallara la crisis, que las manos de manifestantes en Santiago, Concepción, Antofagasta y Valparaíso se unieron para marchar por el medio ambiente.

 

Era la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático una oportunidad no solo para Chile, sino que para toda Latinoamérica para visibilizar las demandas: conservación y cuidado de los bosques y el agua: reforestar con al menos 600 mil hectáreas de flora nativa y declarar santuario de la naturaleza 200 mil hectáreas del bosque nativo actual con plazo el 2025. Derogación del código de aguas para avanzar hacia una gestión comunitaria del recurso. Potenciar y fomentar la agroecología; la prohibición de las termoeléctricas a carbón desde el año 2030 y de todas las termoeléctricas basadas en combustibles fósiles desde el año 2040; Democracia ambiental y justicia climática que va de la mano con robustecer la educación ambiental, y terminar con las zonas de sacrificio.

 

Demandas que hoy toman más fuerza, sobre todo, cuando la última encuesta Cadem relacionada con el medio ambiente, dio cuenta que un 69% de los chilenos cree que se puede parar y dar marcha atrás al cambio climático y no solo eso, el 77% considera que las inundaciones, incendios y sequías que se han visibilizado en el país en los últimos años en Chile están relacionados con el cambio climático y el 18% sostiene que siempre han ocurrido.

 

Y pese a que la COP 25 se fue a Madrid, los compromisos de Chile se mantienen incólumes: cuidar mejor nuestros océanos que son parte vital en el ciclo de la vida y transformar a Chile en un país carbono neutro, es decir, emisión neta cero de carbono antes del año 2050 a través de un plan que hemos venido trabajando desde hace un tiempo y del cual Natura se ha hecho parte contabilizando las emisiones de carbono en todo lo que hacemos. Desde el impacto de la extracción de los ingredientes, hasta el descarte del producto, considerando, inclusive, viajes y actividades de las fábricas. Nuestro enfoque es reducir las emisiones directas e indirectas en toda la cadena.

 

No estamos solos y es clave el espíritu de colaboración, aportar de manera conjunta a un bienestar colectivo, ayudando a mejorar la vida de las personas a través de los productos que ofrecemos y los servicios que prestamos para un mundo más bonito.

 

 

 

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OPINIÓN

Lazo Blanco en Chile: Tratando a los hombres violentos ( Alexis Valenzuela, Observatorio de Salud en Masculinidades, U.Central )

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Estos últimos años se han levantado cientos de campañas en contra de la violencia hacia las mujeres y a favor de las libertades e integralidad en la salud física y mental  desde las mismas.

Pero la voz de los hombres ha sido muy débil y a ratos casi un obstáculo en pos de la equidad de género. Pero hace años, unos pocos varones, primero en Canadá,  han decidido hacerse cargo de la violencia machista, lanzando la campaña del ‘Lazo Blanco’. Una de las estrategias ha sido poner  su símbolo en universidades y lugares de trabajo, visibilizando que hay hombres que promueven espacios seguros para mujeres. Pero algunos han querido ir más allá, levantando programas reeducativos para hombres que desean renunciar a la violencia de pareja, algunos en el ámbito judicial y otros de carácter voluntario.

Desde la promulgación en Chile de la ley 20.066, aparece la posibilidad de derivar a tratamiento a varones imputados por violencia intrafamiliar, pero las ofertas son insuficientes; a nivel estatal hay un programa por región , con 150 vacantes aproximadamente, dependiente del SERNAMEG y  una lista de espera de más de 3 meses, lo que demuestra un gran interés. Por otro lado los programas de fundaciones o municipios dependen de un financiamiento basado en concursos o donaciones para las asignaciones de fondos y muchos de ellos ya han cerrado.

Tanto en Chile como en la Comunidad Económica Europea los programas para hombres tienen una efectividad de un 50 a 55%, lo que significa que 1 de cada 2 hombres que asisten abandona la violencia.

Por cada varón que elimina la violencia hay mínimo 2 mujeres sobrevivientes, la actual y la futura pareja, en caso de separación, ya que rara vez los  varones viven solos. Con esto los hombres y el Estado podrían aportar a una vida más segura para las mujeres.

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