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OPINIÓN

A 10 años del Terremoto, tareas pendientes : Por Alberto Valdivieso, Country Manager Motorola Solutions Chile

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Hace diez años, un sismo de 8,8 grados Richter asoló nuestras ciudades y pueblos, poniendo a prueba la capacidad de las instituciones del Estado para reaccionar de manera eficiente ante situaciones críticas. Coincidimos en que esa vez el andamiaje institucional no pasó la prueba, lo que dejó un triste recuerdo de muerte y destrucción: 523 fallecidos, 23 desaparecidos y 800 mil damnificadas.

Las huellas físicas de esa madrugada todavía pueden observarse desde Santiago al sur: sitios baldíos y entregados a la especulación donde antes había una pujante actividad comercial, ruinas y restos de campanarios agrietados donde se levantaban templos y se congregaban comunidades, obras de mitigación a medio terminar donde deberíamos ver pueblos y ciudades resilientes bien consolidadas. Pese a todo, hemos avanzado.

No podemos olvidar que, junto con la destrucción física de ciudades y pueblos, uno de los recuerdos más vivos de esa madrugada de febrero fue la incapacidad de las instituciones para coordinarse e ir a tiempo en auxilio de los ciudadanos. Claramente, tenemos mucho por avanzar en esta materia, pero quiero detenerme primero en lo que sí hemos hecho: el Centro Sismológico Nacional tiene hoy estructura robusta y mayores recursos que en 2010, con una red sismológica que tiene más de 400 estaciones a lo largo de todo Chile.

La Onemi, en tanto, modernizó su estructura organizacional y su infraestructura física, con la incorporación de un sistema de comunicaciones redundantes, que minimizan el peligro de un black out como el del 27 F.

Prueba de que los cambios han supuesto un avance notable es que, con posterioridad al terremoto de Iquique (8,2), el Estado y las comunidades fueron capaces de evacuar toda la zona costera con un mínimo de víctimas.
La capacidad de enlace ha mejorado, pero hay pasos pendientes. Por ejemplo, aún no tenemos un número único de emergencia, lo que dificulta la capacidad de articulación de las agencias de seguridad y protección civil, no solo ante catástrofes naturales, sino también ante amenazas serias a la seguridad interna y el orden público.

En términos simples, ante una catástrofe, las instituciones responsables no pueden comunicarse de forma eficiente entre sí.

El sector privado también se encuentra a medio camino. El terremoto de Tocopilla y María Elena de 2007 dejó desconectadas a amplias zonas del norte grande, las más relevantes para la minería del país. Sin embargo, Escondida estuvo siempre conectada con el resto del país por una razón muy simple: disponía de sistemas de comunicación crítica.

La necesidad de mantener conectadas las actividades cruciales de la estructura productiva —puertos, yacimientos mineros, aeropuertos— es otra de las tareas sobre las que deberíamos reflexionar. No solo por razones económicas, sino también porque la conexión de una unidad productiva permite mantener comunicada a toda la comunidad circundante.

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1 Comentario

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  1. el juan

    27 febrero, 2020 at 4:33 pm

    Gary Lineker?

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«Patrimonio y sentido de pertenencia» Por Paz Walker Fernández (Arquitecta y Académica Ucen Coquimbo)

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El Patrimonio constituye un legado cultural que es fuente de identidad de los pueblos.

Ponerlo en valor y preservarlo es de suma importancia, ya que el proceso de globalización en el mundo, y el desarrollo de una economía de escala universal, ha generado la necesidad cada vez mayor de resguardar los espacios de pertenencia.

El  Patrimonio Arquitectónico y Urbano es especialmente importante porque constituye  el entorno que guarda la memoria de la vida cotidiana y le da el sentido de pertenencia.  Es lo que la reconoce en una historia y una geografía que lo sustenta.

Las características de cada ciudad se componen y estructuran de manera especial y única, constituyendo los lugares, caracterizados e identificables, que el habitante asume de modo familiar y  por lo tanto, constituyen piezas claves del hábitat urbano.

Como consecuencia de los procesos globalizadores y del desarrollo de una economía de escala universal se ha generado la necesidad cada vez mayor de resguardar los espacios de pertenencia.

La ciudad  de  San  Bartolomé  de  la  Serena,  fundada  en 1544  por  orden  del  capitán  Pedro  de  Valdivia,  y re-fundada  el  26  de  agosto  de  1549  por  don  Francisco  de Aguirre, corresponde  a  la  segunda  ciudad  más antigua  del  que fuera el reino  de  Chile,  situación  que  le  significa  ser  poseedora de  un patrimonio  histórico  y  arquitectónico especialmente  valioso.

Sin embargo, aunque esta situación es reconocida, actualmente muchas de sus edificaciones, incluso las denominadas Monumento Nacional, se encuentran en estado de deterioro y muchas han sido demolidas.

Se hace imprescindible entonces, tomar atención y hacer lo que sea necesario para no perder este bien cultural y material.

El reconocimiento y puesta en valor de este patrimonio es condición fundamental para su recuperación y preservación.

 

Paz Walker Fernández, Arquitecta y Académica, (Ucen Región de Coquimbo)

 

 

 

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“Pandemia, Merkel y los ancianos” Por Ximena Torres Cautivo (periodista)

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“Corroboramos a los fallecidos”, dijo a la prensa el carabinero a cargo. Fue el olor de la descomposición de los cuerpos y la ausencia del vecino, Luis, un adulto mayor de 76 años, que cuidaba a Berta, su hermana de 68, postrada a causa de un accidente, lo que alertó al barrio. Ambos fueron encontrados muertos en su casa, en El Llano de Coquimbo. Se investiga si los decesos fueron producto del coronavirus, causa que se confirmará dentro de un par de semanas.

Terrible final, que no difiere nada de lo sucedido en países como España e Italia hace unos meses, cuando el Covid-19 fulminaba como una bomba de racimo a los asilados en clínicas y hogares geriátricos. A los que estaban enfermos, solos, descuidados.

Una vecina cercana a esas latitudes, la canciller alemana Angela Merkel –de 65 años, punto de entrada a lo que se llama la adultez mayor, según definición de la OMS–, ha sido rotunda cuando ha dicho “encerrar a nuestros mayores como estrategia de salida a la normalidad es inaceptable desde el punto de vista ético y moral».

Se refiere al confinamiento como medida de protección, liberando de la cuarentena primero a los jóvenes ahora que allá lo peor ha pasado, y dejando guardados a los viejos. Merkel entiende que la vulnerabilidad de los mayores se profundiza cuando están solos y no reciben asistencia, que es lo más crítico. Y es la situación de ancianos cuidados muchas veces por alguien tan mayor como ellos, como es el caso de los hermanos Berta y Luis, de Coquimbo. Para estas personas, recluidas y en soledad, en tiempos normales, programas sociales como los de Atención Domiciliaria del Adulto Mayor, que les prestan ayuda y compañía, tanto a ellos como a sus cuidadores, son invaluables. Hoy, ese apoyo, ha sido reemplazado por contactos telefónicos y asistencia remota, que sirve, pero no es ni de cerca lo mismo. Cómo proteger prioritariamente a este grupo, el de los adultos mayores, en abandono, postración y soledad, manteniendo sus derechos, es una cuestión abrumadora, tan profunda y compleja moralmente, como el debate en torno a la última cama.

 

 

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“La capacidad de estupidez de la gente me sobrepasa”. (Fiesta Balneario Portofino, Chañaral) ( por Max Barrionuevo, Arquitecto )

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Las medidas para combatir la pandemia han causado la paralización de actividades económicas, al punto que hoy nos provoca un tremendo deterioro en el crecimiento de empleabilidad en la comunida

Por eso cuando  me entero que en sector balneario Portofino, comuna de Chañaral, hubo una manifestación colectiva sin medidas de aislamiento,…

Me llama tremendamente la atención la irresponsabilidad de la gente a raíz del evento que se realizó el fin de semana pasado donde  asistieron entre 50 a 80 personas poniendo en riesgo a la población, mas aun sabiendo que Chañaral es una comuna  donde sólo había un caso reportado de Coronavirus.

“Dejémonos  de estupideces”, ….la circulación del virus en la población es comunitario y hoy cada vez es mayor, ….en Santiago ya están todos los recintos de salud  colapsados , no vengamos a desbordar la atención sanitaria en nuestras comunas.

Si eventualmente se infectara un  número importante de personas en Copiapó y que colapsara el sistema sanitario, probablemente aumentaría la mortalidad al no poder ofrecer las prestaciones necesarias por estar saturados los servicios de salud del resto del país y regiones vecinas que ya no tienen capacidad de atender más pacientes.

Estoy completamente en descuerdo con esta situación irresponsable de la comunidad, que debe entender los riesgos que conlleva tener una capacidad hospitalaria saturada.

En Copiapó tenemos en el hospital una capacidad de alrededor de 12 camas UCI disponibles y más o menos 12 o 15 respiradores, sin contar los 6 respiradores que hay en la Clínica Atacama (información que me dedique a preguntar a estos recintos de salud) con una población de aproximadamente 170.000 habitantes, sólo en nuestra comuna.

Está bueno que las autoridades de Chañaral se hagan cargo de esta situación ya que mucha gente que es de esa comuna viaja a Copiapó constantemente y significativamente van a llegar al hospital San José Del Carmen por atención, donde ya “no queremos mas contagiados”.

No podemos ser negligentes con nosotros mismos, no tenemos las capacidades suficientes para tanta estupidez.

 

Max Barrionuevo

Arquitecto

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