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OPINIÓN

Necesitamos máscaras para salvar vidas ( Por Paulo Egenau, director social del Hogar de Cristo )

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“Drama en las residencias: 1.517 ancianos muertos por coronavirus en toda España desde que comenzó la crisis”. El estremecedor titular de la cadena Ser es de hace tres días. En ese momento, esa cifra representaba el 37% del total de fallecidos en el tan duramente golpeado país europeo. En Chile, ayer se supo del contagio de tres adultos mayores y de una cuidadora en una residencia en Puente Alto, lo que podría ser el comienzo de una tragedia. Hoy se sabe que otros 6 residentes  de ese establecimiento de larga estadía dieron positivo al Covid-19. De los 7 muertos informados hasta ahora en Chile, 6 eran adultos mayores con graves enfermedades preexistentes; y uno, un hombre que vivía en Santiago, tenía 64 años.

Es esencial –literalmente de vida o muerte– que el virus no entre a los lugares donde esta población de alto riesgo está en cuarentena. Hay que protegerlos a como dé lugar. Y en esa defensa férrea son esenciales elementos sencillos pero tan escasos y preciosos en estos días como las mascarillas.

Nosotros en el Hogar de Cristo atendemos a casi 4.500 personas en 144 programas residenciales a lo largo de Chile: adultos mayores, la mayoría, muchos no valentes; hombres y mujeres con discapacidad mental y enfermedades de base; personas que han conocido la vida en calle y el envejecimiento y deterioro prematuro que produce.

Para evitar que sean víctimas del virus, los trabajadores y trabajadoras de trato directo que los cuidan deben extremar las medidas de seguridad para no convertirse ellos mismos en vectores del contagio. Basta que uno se contagie para que se produzca lo que los expertos llaman un cluster; es decir, un brote en racimo, como ha pasado en Madrid, donde una mañana amanecieron 16 adultos mayores muertos en una residencia, situación que se ha seguido repitiendo.

Tenemos órdenes de compra en Chile y el extranjero, pero de aquí a un mes, no hay mascarillas. Por eso pedimos con urgencia a las autoridades sanitarias que nos apoyen en resolver esta crítica situación. A diario, necesitamos 8.000 mascarillas, 4.572 pares de guantes diarios, 1.524 trajes de aislamiento, 9.144 más visores desechables y cerca de 800 litros de alcohol gel, con los que no contamos. La vida de casi 4.500 seres humanos vulnerables depende de que consigamos esos insumos básicos.

 

 

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1 Comentario

1 Comentario

  1. mario olave

    1 abril, 2020 at 1:47 pm

    manejan mucha plata el hogar de cristo Directora social Carol Calderon asegura que estan con todos los recursos intactos asi que no pidan den ahora

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Por un planeta más sustentable después de la pandemia ( Giovanni Calderón Bassi, Director Ejecutivo Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático )

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En medio de la crisis sanitaria causada por el coronavirus, que a la fecha ha cobrado casi 380 mil muertes a nivel mundial, queda claro que hoy más que nunca la protección del medioambiente debe ser un tema de primera línea para los gobiernos, las empresas y los ciudadanos en todo el planeta. 

Si el mundo no detiene el actual ritmo de emisiones de gases de efecto invernadero, los desastres climáticos y las pandemias devastadoras por virus letales serán el pan de cada día. La pérdida de biodiversidad y el cambio climático conllevan serios riesgos para la salud de la población, porque son el caldo de cultivo ideal para la aparición de estas enfermedades infecciosas.

La celebración del Día Mundial del Medio Ambiente este 5 de junio, la fecha más relevante en el calendario oficial de la ONU para fomentar la acción climática, nos invita a reflexionar sobre la relación insostenible que estamos llevando con la Tierra y las amenazas que se ciernen para las actuales y futuras generaciones. En 2020 el tema es la biodiversidad, que justamente tiene una estrecha relación con todos los aspectos de la salud humana. 

Si bien, hoy los gobiernos están preocupados de frenar los contagios y salvar vidas humanas, no hay que perder de vista que la recuperación económica no puede construirse con prácticas poco sustentables, ya que podría  poner en riesgo el progreso del 80% de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con pobreza, hambre, salud, consumo y producción sostenibles, agua, ciudades, clima, océanos y tierra.

El confinamiento de millones de personas en el mundo le dio un “respiro” al planeta, pero esto es solo un gesto y no un aporte concreto para frenar el calentamiento global. Para que la contaminación no vuelva a los niveles anteriores a la pandemia, se requiere estimular con fuerza un cambio de paradigma en nuestras economías, donde la descarbonización y la transición hacia energías renovables y limpias -para llegar a la carbono neutralidad al 2050-, así como la economía circular, tengan un lugar protagónico, que permita construir un sistema que nos proteja de más daños.  

Como ciudadanos podemos hacer frente al cambio climático, convirtiéndonos en agentes activos del desarrollo sostenible. Con pequeños gestos, tales como: reciclar en casa; utilizar conscientemente la energía eléctrica; reutilizar ropa y libros; evitar el uso de plásticos; intentar comprar solo lo esencial, y lo más relevante, inculcar a las nuevas generaciones valores en esta nueva conciencia ambiental, podemos ser un gran aporte, ya que toda acción suma por un planeta más sustentable después de la pandemia.

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Crisis sociales y derechos humanos: ¿Cuál es la responsabilidad del Estado? ( por Franco Luna, Ucen Región de Coquimbo )

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La actual crisis provocada por la pandemia del COVID-19, significó un impacto en la economía familiar, lo que afecta considerablemente la capacidad de satisfacer sus necesidades alimenticias. Resulta entonces legítimo, reflexionar en torno a las obligaciones del Estado de Chile en relación al Derecho a la Alimentación.

En primer lugar, los Derechos Humanos se encuentran estrechamente ligados a la dignidad humana, es decir, son indispensables para la subsistencia del individuo, su plan de vida, y desenvolvimiento libre dentro de la sociedad. Son esenciales para el sujeto y gozaría de ellos únicamente por su naturaleza humana, sin necesidad de satisfacer otros requisitos o condiciones. El Derecho a la Alimentación, se encuentra consagrado en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y consiste en la posibilidad de tener acceso, de manera regular, permanente y libre, sea directamente o mediante compra en dinero, a una alimentación cualitativa y cuantitativa, en armonía a la cultura de la población del consumidor, y que garantice una vida psíquica y física, individual y colectiva, satisfactoria y digna.

¿Cuáles son entonces, las obligaciones del Estado en relación a este Derecho? Primero, respetar, es decir, no interponer barreras para que las personas obtengan alimentos y abstenerse de entorpecer su producción por parte de los individuos o comunidades. Proteger, adoptar medidas para evitar cualquier privación del acceso a una alimentación adecuada. Desarrollar, llevar a cabo todas las actividades necesarias para fortalecer el acceso a la alimentación, especialmente cuando un grupo o persona, por razones fuera de su control, sea incapaz de disfrutar de este derecho, por ejemplo, en casos de catástrofes o crisis como la actual. En conclusión, el Estado está obligado de auxiliar a las personas que no puedan satisfacer sus necesidades alimentarias, facilitando el acceso o entregando alimentos suficientes para las exigencias fisiológicas humanas.

 

 

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«Patrimonio y sentido de pertenencia» Por Paz Walker Fernández (Arquitecta y Académica Ucen Coquimbo)

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El Patrimonio constituye un legado cultural que es fuente de identidad de los pueblos.

Ponerlo en valor y preservarlo es de suma importancia, ya que el proceso de globalización en el mundo, y el desarrollo de una economía de escala universal, ha generado la necesidad cada vez mayor de resguardar los espacios de pertenencia.

El  Patrimonio Arquitectónico y Urbano es especialmente importante porque constituye  el entorno que guarda la memoria de la vida cotidiana y le da el sentido de pertenencia.  Es lo que la reconoce en una historia y una geografía que lo sustenta.

Las características de cada ciudad se componen y estructuran de manera especial y única, constituyendo los lugares, caracterizados e identificables, que el habitante asume de modo familiar y  por lo tanto, constituyen piezas claves del hábitat urbano.

Como consecuencia de los procesos globalizadores y del desarrollo de una economía de escala universal se ha generado la necesidad cada vez mayor de resguardar los espacios de pertenencia.

La ciudad  de  San  Bartolomé  de  la  Serena,  fundada  en 1544  por  orden  del  capitán  Pedro  de  Valdivia,  y re-fundada  el  26  de  agosto  de  1549  por  don  Francisco  de Aguirre, corresponde  a  la  segunda  ciudad  más antigua  del  que fuera el reino  de  Chile,  situación  que  le  significa  ser  poseedora de  un patrimonio  histórico  y  arquitectónico especialmente  valioso.

Sin embargo, aunque esta situación es reconocida, actualmente muchas de sus edificaciones, incluso las denominadas Monumento Nacional, se encuentran en estado de deterioro y muchas han sido demolidas.

Se hace imprescindible entonces, tomar atención y hacer lo que sea necesario para no perder este bien cultural y material.

El reconocimiento y puesta en valor de este patrimonio es condición fundamental para su recuperación y preservación.

 

Paz Walker Fernández, Arquitecta y Académica, (Ucen Región de Coquimbo)

 

 

 

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