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OPINIÓN

Pandemia y tendencias contradictorias ( Cristián Fuentes Vera, Académico Escuela de Gobierno, UCEN )

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Circulan muchas críticas contra instituciones internacionales, sobre todo la Organización Mundial de la Salud (OMS), por errores que se habrían cometido en el combate del COVID-19. Se arguye que solo los Estados nacionales tienen fuerza y voluntad para enfrentar los efectos de la pandemia en sus territorios. En paralelo, los masivos reclamos de los ciudadanos demostrarían la falta de capacidad de los gobiernos para funcionar en el contexto de esta crisis.

Poderes centrales y gobiernos locales disputan la administración eficaz de los recursos para solucionar las graves consecuencias de la enfermedad. Tensión en aumento cuyo ejemplo es la pugna entre los alcaldes chilenos y el Ejecutivo, respecto tanto del alcance de las cuarentenas como de la disponibilidad de información y participación en la toma de decisiones.

Este escenario no es nuevo. Al desempeño de democracias imperfectas como las nuestras, así como a aislacionismos y nacionalismos proteccionistas que afectan a las grandes potencias, se suma la destrucción inacabada de las articulaciones sociales y políticas realizadas por el neoliberalismo que en los últimos 40 años, casi ha conseguido convertir todo en un mercado desregulado.

La contradicción de las tendencias merece cautela en las apreciaciones: la historia no cambia dramáticamente, se acelera. La globalización no está desapareciendo, demanda más regulación; la descentralización persiste, pero con mayor coordinación entre niveles de gobierno. A problemas globales, soluciones globales, aunque atendiendo realidades de cada Estado. Las respuestas deben ser múltiples y flexibles en el marco de una nueva gobernanza global que pueda articular con eficiencia, igualdad y solidaridad a actores e instituciones de un sistema internacional renovado.

 

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¿Qué estamos priorizando en nuestro trabajo educativo? (Verónica Prieto Cordero , Directora de Licenciatura en Educación, UCEN ) 

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De los sectores más vulnerables y golpeados por los efectos de la pandemia, sin duda ha sido el de la primera infancia (0 a 3 años que asiste a sala Cuna y Jardines Infantiles). Las alertas se han encendido y diversos organismos han declarado los nocivos efectos provocados en el retraso de aprendizajes, socialización y desnutrición en sectores más vulnerables de la población. Sin embargo, existe un factor que ha sido olvidado y relegado en las políticas gubernamentales: la corporalidad y el movimiento.

En la niñez, ambos factores son centrales y transversales para el desarrollo integral y la incorporación de aprendizajes. Desde los primeros días de vida, incluso antes de nacer, el movimiento del cuerpo está presente en cada uno de nosotros. Después del nacimiento, el bebé descubre el mundo que lo rodea, utiliza gestos y movimientos para autoconocerse y ser reconocido por su círculo más cercano, permitiendo a los adultos percibir e interpretar los diferentes estados de ánimo y necesidades de cada niño y niña.

En mayo del 2020, desde el Ministerio de Educación surge la política de Priorización Curricular para los niveles de educación parvularia, básica y media con la finalidad de disminuir la brecha educativa entre educación pública y privada que tan marcada es en nuestro país. Inicialmente se consideró su implementación para el año 2020 y 2021, pero debido a la evolución de la pandemia y el sostenido aumento de nuevos casos de contagio, se ha extendido hasta el 2022.

Como su nombre lo indica, la política realizó una selección de objetivos para la adquisición de aprendizajes futuros, los que a su vez fueron divididos en niveles de logro. De esta manera, el marco de las Bases Curriculares para la Educación Parvularia, pasó de tener 7 a 12 objetivos por núcleo de aprendizaje a no más de cuatro para desarrollar en el transcurso del año escolar. ¿Cuántos de estos objetivos están destinados al desarrollo de experiencias educativas relacionadas a la corporalidad y el movimiento? La respuesta es que sólo tres para cada uno de sus niveles.

Es cierto, el avance de la pandemia y las decisiones gubernamentales, nos sumergieron en un mundo virtual que nos alejó de un ambiente compartido; dejamos de interactuar, de escuchar voces de niños jugando libremente y de vivenciar experiencias pedagógicas obstaculizadas por una pantalla. Nos vimos enfrentados a una nueva realidad en la cual se privilegió el trabajo intelectual por sobre el cuerpo; quedamos inmóviles frente a la pantalla, nuestra única conexión para el desarrollo de aprendizajes fue la virtualidad; la cual se enfocó principalmente en dar cumplimiento a la política de priorización curricular. Finalmente, decisiones que a favor o en contra, hoy nos hacen retroceder y ubicarnos en la cifra histórica más baja de los últimos nueve años en cuanto a matrículas para este importante nivel educativo. Humberto Maturana nos enseñó “El cuerpo no nos limita, sino que nos posibilita”, velemos por el derecho a la educación integral de nuestros niños y niñas, mañana puede ser demasiado tarde.

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La mano invisible y la especulación del suelo (Uwe Rohwedder Gremler, Arquitecto y académico UCEN)

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Con más frecuencia, ya que parece ser un fenómeno mundial, aparecen lugares fantasmas de edificios sin gente, deshabitados sin usos aparentes. Esto contrasta con la otra cara, el déficit habitacional.

Extraño fenómeno que nos ocupa y nos debiera llevar a revisar con urgencia las políticas públicas relacionadas con vivienda, los planes reguladores y normas asociadas para terminar con la especulación del suelo.

Algo se nos escapó de las manos, nos prometieron ‘la mano invisible’ del mercado que regularía todo de forma maravillosa. Cifras más o menos, impacta conocer que el valor total a nivel mundial de los bienes inmuebles residenciales equivale a 163 billones de dólares, lo que es el doble del producto interno bruto del mundo entero. Esta cifra nos revela que cada vez será más costoso y difícil vivir en una ciudad, a pesar de que se calcula que se sigue incrementando exponencialmente aquello frente a la vida rural o campesina.

Este desequilibrio no voluntario hace que la vivienda sea cada vez más inalcanzable para nuestras generaciones futuras. Estaremos ante una especulación planificada que nos lleva a preguntarnos dónde están los dueños de tantos inmuebles arrendados, muchos invisibles porque son grupos de inversiones que perfectamente permite pensar que nuestros fondos de pensiones también están detrás de estos movimientos especulativos. No sería problema si el resultado nos lleva a vivir mejor, a tener mejores ciudades y finalmente viviendas dignas, cosa que no ocurre.

Nuestro paisaje costero esta destruido por inmensas superficies destinadas a segundas viviendas y seguimos construyendo mega edificios para 200, 300, 500 o más de mil familias, que muchas veces no cuentan con buenas condiciones de habitabilidad y el efecto de sus costos producen hacinamiento y colapsos en sus circulaciones, impactando en su calidad de vida.

Es necesario educar. Ser conscientes de estos problemas y no seguir esperando que alguien lo solucione, necesitamos un estado y congreso en que este y tantos otros temas transversalmente relacionados, como el cambio climático, sean prioritarios. La esperanza es que una nueva constitución considere la forma en como se está construyendo en Chile.

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Soberbia: el principal riesgo del poder ( Marcelo Trivelli, www.fundacionsemilla.cl)

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La soberbia es un sentimiento de superioridad respecto de otras personas, que puede provocar abuso, humillación o desprecio hacia ellas. La soberbia puede ser simplemente producto de la imaginación, pero la mayoría de las veces es por encontrarse en una posición de poder. Mientras mayor es la ambición de poder, más riesgo hay de que surjan conductas soberbias.

José de San Martín, en su lucha independentista y precursor de la institucionalidad de los países del sur de nuestro continente, solía decir: “La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”.

Cuánto hay de cierto en la célebre frase de San Martín cuando miramos la sociedad que hemos construido. No se trata sólo de mirar a nuestras autoridades formales, sino también comprobar en el día a día cómo la soberbia nubla nuestras relaciones.

La democracia entrega poder para servir al bien común y no para beneficio personal. Ejercer el poder siempre implica una responsabilidad, porque en el ejercicio del mismo otras personas se verán impactadas. No se trata de decir lo que se quiera, porque el lenguaje genera realidad, ni menos tener conductas arbitrarias o abusivas. Controlar la soberbia es un desafío permanente de la democracia.

Se dice que los medios de comunicación son el cuarto poder y, por ello, existe siempre la posibilidad de quienes tienen tribuna de tener conductas soberbias, creyendo que pueden decir lo que se les antoje, amparados en la libertad de expresión. Saber administrar el poder y la soberbia también es responsabilidad de los medios de comunicación.

Las redes sociales, en especial Twitter, son plataformas en que los egos y la soberbia intoxican nuestra sociedad. No sólo se utilizan para informar o comentar, sino también para destruir, desprestigiar y mentir. El poder de las redes sociales exacerba conductas antisociales y, desgraciadamente, sus algoritmos de difusión las potencian aún más. Llegará el día en que deberá existir mejor regulación si las empresas tecnológicas no son capaces de autorregularse.

El Presidente electo Gabriel Boric ha mostrado templanza y humildad, lo contrario a la soberbia. Ha bajado el nivel de polarización y se ha referido expresa y directamente en la necesidad de “no idealizar a nadie y en eso, por cierto, me incluyo”. Se necesita hacer pedagogía. No dar nada por sabido y ni pensar que chilenas y chilenos estamos preparados para asumir cuotas de poder, por muy pequeñas que estas sean.

La cultura republicana se ha ido perdiendo y la educación, centrada en pasar materias, no colabora en su recuperación. Tampoco se trata de reinstalar el ramo de “Educación Cívica”. El desafío consiste en que el sistema educacional permita instancias reales de experimentación y que se viva la participación, entendida como la nueva convivencia y ciudadanía.

El mejor antídoto para la soberbia es mirar nuestro entorno, a través de los ojos de los demás y no simplemente por medio de los ojos propios. Sólo así podremos ejercer la “miserable cuota de poder” que pudiéramos tener, con humildad y sin soberbia.

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