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OPINIÓN

Desafíos y propuestas postpandemia ( Manuel José Irarrázaval, Director Instituto de Políticas Públicas en Salud, U. San Sebastián )

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Se amplía el debate acerca de la “nueva normalidad”, con importantes aprehensiones sobre la seguridad, cesantía y pobreza, o vuelta al proceso educativo, entre otros.

No obstante, no podemos olvidar otras negativas consecuencias de la cuarentena: disminución entre 50% y 75% en consultas ambulatorias, de los controles del embarazo, de operaciones electivas y del cumplimiento de los programas de vacunación, por nombrar algunas.

Todos estos indicadores son muy amenazantes. Incluso algunos hablan de un inminente tsunami sanitario, por lo que es indispensable buscar soluciones más que continuar en denuncias.

Algunas sugerencias:

1) Telemedicina. Parece urgente organizar planes pilotos específicos, escalables y evaluables para algunas patologías que pueden ser manejadas razonablemente bajo esta metodología. Esto ayudaría a reducir las listas de espera y faltas de cobertura.

2) El enorme esfuerzo organizacional de gestión hospitalaria, de equipamiento y de entrenamiento de profesionales debería llevarnos a mantener dichas capacidades y en muchos casos redireccionarlas. Ejemplo: aumentar los horarios y la oferta quirúrgica por mayor disponibilidad de equipos y personal entrenado.

3) Gestión de los recursos sanitarios (hospitales y clínicas, equipamientos, traslados, etc.) que permita colaboración público-privada que vaya más allá de las emergencias sanitarias. Un buen principio sería reconocer los verdaderos costos de las prestaciones en aranceles FONASA y la incorporación de la metodología GRD para ambos sectores.

4) Reconsiderar aspectos del Código Sanitario que el actual entrenamiento de profesionales de la salud amerita evaluar. Ejemplo: Enfermeras, Matronas, Kinesiólogos, Químico-farmacéuticos del 2020 ¿no están en condiciones de asumir más responsabilidades terapéuticas?

 

Manuel José Irarrázaval

Director Instituto de Políticas Públicas en Salud, U. San Sebastián

 

 

 

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OPINIÓN

Las ‘otras’ primeras líneas contra la pandemia ( Samuel Erices, Académico Trabajo Social, UCEN )

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Desde el inicio de la emergencia sanitaria, en marzo de 2020 ya han transcurrido cuatro meses, en donde hemos sido testigos de cambios, ajustes e impactos en distintos niveles de nuestra sociedad, tanto en lo político, social-emocional y económico.

 

Las interacciones que desde ahí se evidencian son variadas, disímiles y van más allá de lo complejo, ya que reflejan el sentir, la preocupación y el miedo en las personas, sin constituirse en una excusa que les inmoviliza, por el contrario, más bien alienta a la organización, empuja la solidaridad, aumenta la fraternidad y fortalece la valoración de los otros en los distintos contextos de los que muchas personas somos parte en nuestro país.

 

Los diversos medios de comunicación informan sobre el alcance de la pandemia: desempleo, escases de recursos y pobreza, y advierten sobre la catástrofe del Chile actual pero, además, y en contrapartida, desde el núcleo social, germina una capacidad de resiliencia ciudadana que ha fortalecido la asociatividad y solidaridad entre las organizaciones sociales, que se han transformado en otra primera línea de asistencia a los vecinos más vulnerados producto del coronavirus.

 

¿La pandemia nos obliga a la distancia física? Si, es fundamental, pero de la misma forma nos dice no a la desconexión social. En ese sentido, muchas organizaciones y juntas de vecinos a pesar del confinamiento, han asumido un rol estratégico en cada barrio, organizando ollas comunes, asistiendo a los enfermos, cuidando a los adultos mayores, conteniendo a las mujeres y enfrentando situaciones de violencia física y mental.

 

Este apoyo de la comunidad ha sido esencial para las familias más golpeadas por la enfermedad y se ha transformado en una viga sólida para las personas, más allá de la ayuda formal del Estado que muchas veces es escasa o nula.

 

Hoy vemos que la comunidad siempre ha estado viva y atenta a actuar frente a los problemas ciudadanos.

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“Diversificación y descentralización del conocimiento” Por Jaime Alonso Barrientos (Vicerrector Regional UCEN Coquimbo)

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Ya hablamos en este espacio de los desafíos para la generación de conocimiento a partir del fomento de la investigación local.  En el estudio “Cartografía del Conocimiento de Chile” (Cárdenas, Cabrera, Moguillansky, Olivares; datos y otros en columna), se muestra un grupo pequeño de disciplinas vinculadas, reconocidas como el “núcleo del conocimiento chileno”, principalmente conformadas por el área de Recursos Naturales, las cuales permitieron que entre el año 1994 y el 2014 la producción científica, medida en número de artículos indexados “WoS”, se incrementara pasando de 1.000 a más de 7.000 artículos.

Lo que en una primera mirada es un buen dato, al hacer un análisis acumulativo entre el año 2004 al 2014, indica que sólo el 10% de las disciplinas con mayor número de publicaciones concentraba casi la mitad del total de artículos publicados. Las Ciencias Naturales aportaban el 70%, con el sobresaliente rendimiento de Astronomía y Astrofísica, con 5.819, seguido de Medicina con 1.896 y Ecología con 1.766 publicaciones “WoS”. Las Ciencias Sociales aparecen en el lugar número 14, con Economía y sus 903 trabajos.

En la Región de Coquimbo, las diferencias esperadas se hacen evidentes, el conocimiento más que originar líneas diversificadas tiende a acumularse, principalmente por los mecanismos de difusión generalmente focalizados en audiencias específicas. Al ser una zona con gran actividad astronómica, que casi duplica sus publicaciones entre 2008 y 2014 (494 a 709), existe gran movilidad internacional de investigadores. En esta disciplina, el 45% de los artículos con afiliación regional son producidos por académicos extranjeros y sólo el 35% por talentos regionales.

Esta concentración espacial y la “fuga” de conocimiento impiden generar un vínculo virtuoso regional, el cual es absolutamente necesario. En él, el Estado requiere señalar los acoplamientos requeridos para generar el encuentro formal entre instituciones regionales e internacionales, que permita avanzar para posicionar a la región como territorio científico relevante, fundamentado en sistematización de redes.

Ahora bien, si a lo anterior agregamos que la Región Metropolitana cubre casi el 100% del total de las disciplinas WoS, se revela además que existe concentración y centralización del conocimiento, con un desarrollo país heterogéneo. Por ejemplo, en nuestra región esta cobertura alcanzaba una cifra algo superior al 60% en el 2014, en un número profundamente afectado por el “adyacente posible”, es decir, por la construcción sobre aquello ya escrito, y no con líneas que privilegien la diversificación y la descentralización.

Se requiere una estrategia pública de apoyo a la investigación, encaminada a mejorar la tasa de crecimiento de la cobertura temática nacional, que ahora alcanza a un 3%; y fomentar la inversión privada, que en países desarrollados llega al 70% del total.  Finalmente, quiero resaltar el rol de las Universidades que han profundizado su aporte en la región para la descentralización, diversificación y multidisciplinariedad, como un llamado a no continuar haciendo más de lo mismo, sino que apuntar a la creación de conocimiento local, de modo de lograr un flujo de investigación que sea capaz de comunicarse y traducir en forma efectiva los requerimientos para el desarrollo.

 

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La élite chilena;  parlamento  y ejecutivo ( por Guillermo Cortés Lutz, Doctor en Historia, Grupo de Estudios de Atacama GEA )

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            Desde que nos independizamos de España, la aristocracia se fue transformando en  oligarquía, en la medida que fue integrando nuevos miembros, algunas veces por interés,  otras porque no tenía otra opción.             Las primeras instituciones republicanas, especialmente el parlamento, fue capturado por los ricos y poderosos, quienes definen que su funcionamiento y normalidad es indicativo de democracia. Con  las guerras civiles entre liberales y  conservadores, de la oligarquía  de la zona central, pasan a apropiarse del poder  Ejecutivo, todo ello bajo el marco sacrosanto de la  Constitución y la ley.  Fue así que el poder constituyente siempre fue de ellos, de la clase dominante,  definiendo  a su antojo  los derechos políticos de Chile y sus productos  fueron las Constituciones de 1812, 1818, 1823, 1826, y 1828. Después con el triunfo de Diego Portales y del militar  José Joaquín Prieto los conservadores dan forma a la Constitución hiper presidencial de 1833, ultra vigilante, católica y abusiva en cuanto favorece a Santiago, a los ricos y a los poderosos.  En todos estos constructos están las rancias familias oligarcas, excluyendo a  los demás chilenos y chilenas.  Por su parte existieron  luchas revolucionarias como la de los atacameños de 1859, quienes buscaban más participación de las provincias, cambio a la Constitución  y por primera vez  integración de otras capas de la sociedad,  pero esta revolución fue  coaptada  y posteriormente  vencida.  Estuvo también  la revolución de Balmaceda,  donde el Congreso chileno no solo se opondrá al presidente,   la traición y la contrarrevolución  de esas rancias familias, se oponían a que el pueblo chileno y el Estado progresaran y  de paso ellos se enriquecían.  Era el sempiterno y peligroso juego  de poder  de la élite, entre Ejecutivo y Legislativo.

Transcurrido el tiempo el sistema educacional del siglo XX, nos enseñó  y nos adoctrinó,   indicándonos que ellos eran familias bien, forjadores de la patria y del Estado, y pasaban del Congreso al Ejecutivo y viceversa,  esto apoyado por la historia clásica de Barros Arana,  Francisco Encina, de Jaime  Eyzaguirre. Pero, ya el devenir  de Chile y de su pueblo  vivían periodos de cambio, el rol de Luis Emilio Recabarren, de las mutuales  y los sindicatos, vienen a remover  la sociedad chilena, se organizan partidos políticos de corte obrero desde  1912.  El año 1925, Alessandri, el León de Tarapacá, pone en vigencia la Constitución democrática, pero nuevamente hiper presidencial, en algo se avanzaba. El año 1932, se nos viene la República Socialista con el copiapino Marmaduke Grove Vallejos y luego el Frente Popular con Pedro Aguirre Cerda, donde se acuñó  que Gobernar es Educar  y se tenía un Estado emprendedor  con la Corfo y la creación de empresas del estatales, allí estuvo el salto cualitativo de Chile. Pero, la élite, las grandes familias y las nuevas que accedían a ese grupo de privilegiados , estaban preparando nuevamente su asalto al poder. Con la llegada de la Unidad Popular, en septiembre de 1970,  hubo un gobierno  de corte profundamente  progresista,  donde se avizoró el desarrollo  y con ello la democracia económica, la participación política  y la justicia social, pero el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, de inusitada violencia, pone fin  a todo atisbo de desarrollo, cayendo en la destrucción de la economía chilena,   se destruye la educación, la salud, la industria nacional,  la vivienda,  las pensiones, como la que le robaron a mi madre. Todo ello bajo el amparo de la espuria y poco democrática Constitución de 1980.   Las grandes familias, vuelven a la sombra  de las fuerzas armadas, primero solapadamente  y luego con absoluto descaro y desparpajo al poder y  desde allí son cómplices de  las violaciones a los derechos humanos  y de paso dan el zarpazo   para apropiarse del  patrimonio  económico  de Chile .  Amparados por la constitución y la ley. 

Con el retorno a la democracia, re aparecen las otras familias, las de centro y de izquierda, dispuestas a forjar ahora sus propias dinastías y a contarnos sobre el heroísmo de ellos y debimos escuchar de sus abuelas, de sus padres y de ellos y de sus vidas heroicas en el exilio,  las nuestras, las del pueblo y de los trabajadores,  no interesan.

 

 Nos hemos pasado la vida escuchando sus bodrios,  de los bueno de sus universidades,   incluso, algunos no nacieron en Chile, lo hicieron en Estados Unidos o se criaron en Europa,  y  sorprendentemente son nuestros representantes. Nos han contado de su vocación de servicio público y así algunos  han estado  hasta 24 años como parlamentarios o al amparo de los altos cargos de gobierno.

La decante élite chilena, ineficiente, rapaz, ególatra, soberbia, que ha transitado entre el ejecutivo y el Congreso,  pero también en otras altas tribunas de exposición  públicas,  sin duda son un lastre para la clase media y el pueblo trabajador. No los necesitamos , no necesitamos su bazofia de  supuesta valentía,  ni su prosapia  heroica  familiar.  Hoy podríamos avanzar por un nuevo rumbo,  donde las mujeres, los pueblos originarios, los hijos de empleados públicos, de los empleados del retail o los pequeños mineros,  del pueblo exonerado, de  los  pescadores, las temporeras, las costureras, también podríamos   conducir a Chile y  tal vez después de tanta  audacia cretina de la oligarquía,  es seguro  que  lo conduciríamos   por un mejor camino.  

 

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