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OPINIÓN

“Tecnología y democracia” Por Claudio Piña Novoa, (académico UCEN Coquimbo)

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En Chile generalmente se entiende a la democracia como la elección entre distintas opciones, y en particular en las votaciones de representantes, donde hay experiencias digitalizadas, tanto de éxitos y otras de fracasos.

Pero la democracia es mucho más amplia que solo la elección, también involucra la creación de esas alternativas, la contraposición y contrastación de ideas tanto abstractas como concretas, y eso hoy en día está totalmente mediado por la tecnología.

En las redes sociales, por ejemplo, se forman grupos de interés académico, de hobbies, políticas, cine, etc. Todas esas interacciones involucran a la democracia, tanto en su forma como en su fondo.

Hoy más que nunca, debemos explorar nuevas formas de participación ciudadana a través de las tecnologías de la comunicación, considerando tanto experiencias de otros lugares como nuevas metodologías y formas. Hay un ánimo de participación que es evidente en las redes sociales, como espontáneamente se crean #hashtag temáticos y en minutos son los más usados en el país para llamar la atención de los medios, por mencionar algunos ejemplos.

La participación en encuestas que no toman más de 5 minutos son buena forma de saber qué opina la ciudadanía en algunas cosas y que pueden ayudar a tener datos valiosos.

Finalmente, la política debe encontrar formas de “escuchar” a la ciudadanía, y hoy encerrados en casa, la tecnología ayuda no solo a tener datos, sino también a crear estrategias para la toma de decisiones de las direcciones, de tal manera que ellas hagan eco en la ciudadanía, respetando a las autoridades y validando sus cargos. Al menos tenemos todo para hacerlo, y a veces solo falta voluntad.

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Tenemos nueva modalidad educativa para Chile ( Por Liliana Cortés, directora de Fundación Súmate )

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Durante años hemos buscado respuesta a los más de 186 mil niños, niñas y jóvenes que están fuera del sistema educativo, y a los que se estima podrían sumarse otros 80 mil a causa de la pandemia. Hemos hecho rumas con mochilas, instalaciones de aulas vacías, vitrinas de temporada escolar sin uniformes, performance musicales y toda suerte de intervenciones ciudadanas para intentar llamar la atención sobre esta injusta realidad.

Hoy estamos más cerca de dar respuesta a este tema invisible para la mayoría, ya que este jueves 25 de febrero el Consejo Nacional de Educación comunicó en su página web la aprobación de una nueva modalidad educativa, la de Reingreso. Esto viene a reparar una deuda gigante del sistema escolar chileno, una tarea pendiente con los niños, niñas y jóvenes que, por distintas razones, se han visto obligados a dejar sus estudios. Muchos simplemente los abandonaban, otros se integraban a escuelas de adultos, pero no existía una respuesta integral que permitiera brindar procesos diversos y flexibles a la realidad esta población vulnerada en su derecho educativo.

Esta aprobación permitirá brindar espacios y alternativas flexibles para que este grupo pueda continuar sus estudios, asegurando así un derecho humano fundamental, el derecho a la educación. Esto empieza a reparar la deuda con esos niños y jóvenes a las que tantas veces hemos defraudado y dejado “pateando piedras”. Esta buena noticia no lo es sólo para los estudiantes; es también una señal de apertura a la flexibilización de un sistema ultra regulado, rígido y que, en muchas ocasiones, coarta el accionar de las comunidades educativas.

Sin duda, la implementación de la Modalidad de Reingreso es un gran avance, pero también nos plantea muchos desafíos. En lo inmediato, mientras la discusión se centra en volver o no y cuándo a las clases presenciales, nosotros celebramos el “súper lunes” este primero de marzo con esta aprobación que es un triunfo para los miles de niñas, niños y jóvenes vulnerables y vulnerados en su derecho a la educación, que ahora sí podrán volver a estudiar.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Regresando a nuestras actividades laborales habituales ( Por Sylvia Gómez ,   Jefa de carrera Técnico en Enfermería de Sto Tomás Copiapó.  )                                         

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El próximo lunes 1° marzo, la gran mayoría, retomamos nuestras actividades habituales. Pero retorno a las actividades diarias, incluye no olvidarnos de ciertas medidas de autocuidado ya conocidas por cada uno, de nosotros pero que nunca están de más recordar como son:

  • uso de mascarilla cada vez que salgas tú hogar.
  • distanciamiento social en nuestros lugares de trabajo, colegios, instituciones de educación superior, lugares públicos
  • higienización de manos permanente.

Como adultos hemos incorporado cada una de estas medidas, pero es necesario reforzarlas en nuestros hijos pequeños, de acuerdo a su edad, conversando la importancia de que se cuiden y cuiden a su entorno (familiares en riesgo). Debemos velar por dar espacios de pausas saludables cuando estamos todo el día en teletrabajo o nuestros hijos en clases virtuales.

Otros consejos son mantener aquellos hábitos y herramientas que te han ayudado a manejar situaciones de estrés, mantener actividades sociales y/o hobbies por medio de plataformas virtuales o en casa con los cuidados pertinentes si recibes visitas.

Si vienes llegando de tus vacaciones desde otra ciudad o región, idealmente mantente en tu casa por unos días, para asegurar que no adquiriste el virus y así no, exponer a otras personas.

Si bien Chile ha vacunado a más de 3 millones de personas, destacando a nivel latinoamericano, no evitará nuevos casos, por lo cual más que nunca debemos seguir protegiéndonos contra el  COVID-19.

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Chile no es el Hogar de Cristo ( Por Juan Cristóbal Romero, director ejecutivo del Hogar de Cristo )

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El pasado domingo, como cada 20 de febrero desde 2007 y a instancias de la ONU, el mundo conmemoró el Día de la Justicia Social, en que todos deberíamos tomar conciencia de lo relevante que es repartir bien los panes, pelar bien el chancho, promover el respeto igualitario de los derechos y también de las obligaciones de cada ser humano.

Una cuestión central que explica el estallido social del 18 de octubre de 2019 tiene que ver con la desigualdad distribución de la riqueza, que por el escandaloso abismo que significa en materia de salud, educación, empleo, cultura y todos los demás ámbitos del bienestar humano, ha generado en los que menos tienen una permanente sensación de abuso, abandono y angustia. Una “triple A” de dolorosos sentimientos con la que nos encontramos en los Círculos Territoriales, justo después del estallido y antes de la pandemia, cuando, junto a Techo y Fondo Esperanza, logramos recoger el sentir y el pensamiento de más de 25 mil personas en situación de pobreza y exclusión social, mujeres jefas de hogar, en su mayoría.

Escuchar esas voces es crucial en el contexto político y social en que nos encontramos, camino a la redacción de una nueva Constitución, que no sólo debe consignar, sino ser capaz de hacer realidad el ideal de justicia social. Alberto Hurtado, quien fue un adelantado a su tiempo, un activista comprometido con este concepto que entonces ni siquiera se había acuñado, lo dijo claramente hace 76 años: “Hay en Chile dos mundos demasiado distantes: el de los que sufren y el de los que gozan, y es deber nuestro recordar que somos hermanos y que en toda verdadera familia la paz y los sufrimientos son comunes”. Eso fue en la década de los 40, cuando fundó el Hogar de Cristo, una causa orientada a hacer de Chile un país más digno y justo, porque no es caridad, sino justicia lo que el padre Hurtado y su obra propiciamos.

En uno de estos dos mundos de este Chile dividido prima el Estado de derecho y en el otro, no hay Estado ni derechos. En el segundo se ha instalado la narcocultura y el sálvese quien pueda como método de supervivencia. En el primero, se concentra el 1% más rico del país, que obtiene el 27% de los ingresos contra el 50% más pobre que logra apenas el 2.1%. En esta suerte de Chile de segunda, un ciudadano de una población de Cerrillos duerme 40 minutos menos que uno de Vitacura, por la tardanza que significa desplazarse en el transporte público; si llega a delinquir, tendrá una pena mucho mayor que el conciudadano que comete un delito de cuello y corbata; y, sin duda, es parte de los 5 millones de morosos, que representan el 20% del sistema financiero. Lo disparejo aumenta si, a su pobreza, se agrega el ser mujer. En promedio, las trabajadoras ganan un 30% que sus pares masculinos y los hogares con jefatura de hogar femenina no sólo presentan mayor tasa de pobreza por ingresos, sino que también mayor tasa de pobreza extrema por ingresos.

Hoy está de moda decir, en anónimos círculos xenófobos, en las cloacas que a veces se convierten las redes sociales, en ambientes de una intelectualidad dudosa, que “esto no es el Hogar de Cristo”, para significar que determinada institución e incluso el país no está para ayudar a cualquiera, a recibir a migrantes, a ser generoso con el que necesita o con el que sufre. En el Día de la Justicia Social ojalá todos podamos decir con orgullo y convicción que sí somos el Hogar de Cristo, porque creemos que cada uno merece un pan y no comulgamos con la idea de dos Chiles absolutamente desiguales.

 

 

 

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