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OPINIÓN

«Actividad física y salud mental post pandemia» Por Cristian Pérez Tapia, académico UCEN Coquimbo

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La pandemia del COVID 19 ha alterado el normal funcionamiento de la vida cotidiana en todos los ámbitos, y principalmente en lo que se refiere a la participación en actividades físicas, debido a las medidas como el distanciamiento social, las cuarentenas obligatorias, los aforos reducidos (o el cierre de gimnasios y centros deportivos), las que han impedido o ha hecho más difícil realizar ejercicios como correr al aire libre, andar en bicicleta, inclusive caminar.

Para reducir los factores de riesgo para la salud mental relacionados con la conducta sedentaria en época de coronavirus, se especula que la  práctica habitual de ejercicio podría reducir el impacto físico y psicológico que causa la situación actual, que es una amenaza para el bienestar subjetivo y la calidad de vida.

En este plano, la modificación del estilo de vida es un aspecto clave. Según las nuevas directrices de la OMS se recomienda que todos los niños, niñas y adolescentes incorporen un mínimo de 60 minutos al día de actividad física de intensidad moderada a vigorosa, y que realicen al menos 3 veces por semana, ejercicios aeróbicos de intensidad vigorosa. Para los adultos entre 18 y 64 años, se recomiendan entre 150 y 300 minutos a la semana. Las personas mayores (de 65 años en adelante), pueden seguir las mismas indicaciones.

Siguiendo las tendencias mundiales, una estrategia posible de abordar es el ejercicio físico en casa, a través del entrenamiento online dirigido y supervisado por profesionales como profesores de educación física y/o personal trainer. Otra sugerencia es incluir la tecnología como relojes inteligentes, contadores de pasos, monitores de frecuencia cardiaca, o teléfonos celulares en los que es posible instalar aplicaciones móviles de fitness.

En este sentido, es necesario resaltar que no solo durante el periodo de encierro es importante mantenerse activo físicamente, sino que también se debe continuar al retorno a una nueva normalidad (de forma gradual y lentamente), una vez que se depongan las restricciones de movilidad y libre circulación. No hay que olvidar que ¡cada movimiento cuenta!

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Votaciones en dos días ( Dr. Marco Moreno, Director Escuela de Gobierno y Comunicaciones, UCEN )

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No cabe duda que la pandemia dejara una estela de cambios en la vida cotidiana de las personas, organizaciones, empresas e instituciones públicas. Estas se están plasmando en un nuevo modo corana virus de vivir. Tal desafío nos obliga a repensar muchos procesos. Ya lo estamos haciendo respecto del teletrabajo, un sinnúmero de actividades telemáticas marcadas por una nueva “cultura de los turnos” y el gran giro hacia la educación no presencial. Si todo parace apuntar hacia una creciente presencialidad con matices en la mayor parte de nuestra cotidianidad ¿porque este cambio no habría de afectar los estilos y practicas de la actividad politica y especialmente de los procesos electorales?

 

La pandemia nos obliga ¾como con otras actividades¾ a pensar en una mejor planificación de los procesos electorales. La propuesta del SERVEL recogida en el proyecto del Ejecutivo va en el sentido correcto. La flexibilidad que permitiría votar durante dos días para elegir constituyentes, gobernadores, alcaldes y concejales, posibilitara conseguir un doble objetivo: seguridad sanitaria y política. Esto obliga a explorar fórmulas flexibles e híbridas de participación electoral.

 

En contextos como el actual debemos ser capaces de cuidar y garantizar los derechos políticos de todos los ciudadanos. Las democracias tienen que poder garantizar que cualquier ciudadano sea cual sea su condición pueda ejercer su derecho a participar votando.

 

Nuestra democracia debe mejorar no solo su capacidad logística o su estructura, sino que especialmente su solvencia electoral. La mayor flexibilidad del proceso electoral propenderá una mayor seguridad (sanitaria) y probablemente una mayor participación ciudadana.

 

 

 

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Política exterior y nueva constitución ( Cristián Fuentes Vera, Escuela Gobierno y Comunicaciones, UCEN)

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En momentos de máxima politización de la sociedad chilena, la política exterior no puede excluirse de la nueva Constitución. Los temas internacionales ya no son exclusivos de la elite, pues afectan la vida cotidiana de todos y la profundización de la democracia incluye la forma y el fondo de la identidad nacional que deseamos proyectar en la comunidad global.

El proceso iniciado por la ciudadanía para fijar las reglas de convivencia interna, sus valores e intereses, incluye una mirada acerca del poder en el escenario externo, perfeccionar las normas del derecho internacional, defender y promover los derechos humanos, fortalecer las instituciones multilaterales; y sobre asuntos tan relevantes como el cuidado del medioambiente, equidad de género, seguridad, desarrollo, pobreza, migraciones, justicia y solidaridad.

También emerge como tema, la relación con América Latina, en especial con los países vecinos, lo cual demanda resignificar la integración como meta y el proceso de pertenencia a la región. Vigorizar y balancear territorialmente el desarrollo se facilita complementando la inserción global con un proyecto que incluya al entorno fronterizo y transfronterizo. Además, el avance en estos aspectos permite enfrentar mejor la pugna hegemónica entre Estados Unidos y China, mediante un no alineamiento activo que resguarde nuestra autonomía estratégica.

La nueva Carta Fundamental debe contemplar los principios que guiarán la conducta de Chile en el mundo y una cierta orientación esencial para una política de Estado. Estas nociones básicas sintonizarían con las que consagra la Organización de las Naciones Unidas, más las referidas a la unidad latinoamericana, y serían políticamente exigibles, aunque no judiciables, es decir, su cumplimiento podría ser reivindicado ante el Ejecutivo y el Parlamento, pero no en los tribunales de justicia.

Urge terminar con el hiper presidencialismo, especialmente en política exterior. Para equilibrar las facultades de los poderes del Estado, el Congreso requiere mayores atribuciones, por ejemplo, en el nombramiento de embajadores, en las consultas, autorizaciones y denuncia de los tratados, y en la asignación de recursos.

La descentralización tiene su correlato en política exterior cuando se trata de mencionar en el texto constitucional las competencias de los gobiernos subnacionales (regiones y municipios), para establecer relaciones con sus pares del resto del orbe y gestionar cooperación para el desarrollo.

Importante también sería sumar, a la formulación, control y evaluación de política internacional, consultas obligatorias a la sociedad civil, abrir espacios a la representación de los pueblos originarios y dejar en claro la mayor jerarquía de los tratados internacionales, sobre todo los de derechos humanos. Ya es tiempo de iniciar el debate.

 

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El dilema del poder: vencer o convencer ( Marcelo Trivelli, Presidente Fundación Semilla)

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Para fortalecer una sociedad democrática se hace imprescindible que ninguna persona ni grupo tenga el poder por mucho tiempo, más aún es crucial fortalecer la institucionalidad para que existan contrapesos de poder. Por ello la política es el arte de convencer y cuando fallan las personas en situación de poder surge inmediatamente la tentación del uso de la fuerza para vencer.

Chile se enfrenta hoy, nuevamente a esta encrucijada para abordar la situación de violencia que vive el país. Las autoridades se enfrentan al dilema de vencer o convencer. Vencer es imponer la solución propia mientras que convencer significa diálogo, apertura, búsqueda de soluciones impensadas, es decir abrirse a la posibilidad de empatizar con el otro, de cambiar de posición, de considerar nuevas miradas, otros intereses. Abrirse a un proceso de convencer involucra a todos aquellos en conflicto.  Para que tenga éxito debe hacerse con responsabilidad, humildad, apertura de mente y búsqueda del bien común.

Chile paga hoy los costos de vencer en vez de convencer. En el caso de la Araucanía, un conflicto que se arrastra desde hace 160 años, Cornelio Saavedra, propuso en 1861 un plan de “pacificación” que consistía en la imposición, por la fuerza, de una nueva frontera con el pueblo mapuche en el río Malleco incumpliendo así el Tratado de Tapihue (*) de 1825 que señala textualmente a que “la línea divisoria es el Bío bio…” Aprendamos de nuestra historia y, por difícil que sea, abramos el diálogo, dejemos de lado los intereses particulares, busquemos en conjunto el bien común y recuperemos el Estado de Derecho, reconociendo que este ha sufrido múltiples y graves trasgresiones a lo largo de nuestra vida independiente.

Ante tamaño desafío cabe preguntarnos si nuestros líderes están preparados para iniciar un proceso de buscar convencer (diálogo) en vez de imponer (por la fuerza). Lamentablemente la respuesta es un categórico y rotundo: NO. Nuestros líderes nunca tuvieron la oportunidad de desarrollar la empatía, de adquirir habilidades socioemocionales, de participar, porque el sistema educacional, desde la más temprana edad, nos prepara para competir y no para colaborar; competir por las notas, competir por destacar, competir por acceso a más y mejores oportunidades, competir por tener más, competir por ganar, etc.

El futuro trae esperanza. Más de doce mil jóvenes y un número significativo de profesionales de la educación han participado con entusiasmo en los programas de prevención de violencia de Fundación Semilla, en los cuales transferimos capacidades para promover y mejorar la convivencia. Aún son pocas las personas que, estando en posición de tomar decisiones, se la jueguen por apoyar iniciativas como esta que a nivel de comunidad rendirán frutos a muy corto plazo, pero que tomará mucho tiempo para tener efecto sobre la sociedad en su conjunto.

Toda persona que ostente una cuota de poder, desde quien administra la llave para acceder a la multicancha del barrio, hasta el Presidente de la República, se enfrenta, casi a diario, con el dilema del poder: vencer o convencer. Nuestra invitación es a irse por el camino del entendimiento que siempre resulta más largo y más difícil, pero que rinde muchos mejores resultados que solo imponer nuestra posición.

Marcelo Trivelli

Presidente Fundación Semilla

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