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“Volvamos a clases” Por Patricio Urquieta (Intendente de Atacama)

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El proceso de vacunación avanza exitosamente. Gracias al liderazgo del Presidente Piñera, Chile tiene comprometido el número de dosis suficiente para que logremos la inmunización, podamos superar esta pandemia y volver a reencontrarnos con nuestros seres queridos y disfrutar de más espacios de libertad.

Con la colaboración de la atención primaria, estamos cumpliendo la calendarización programada, avanzando rápido en los grupos prioritarios, y por ello nuestra Región de Atacama destaca por la mejor cobertura de adultos mayores a nivel nacional.

Nuestro Gobierno ha hecho sendos esfuerzos para que los efectos de esta pandemia no destruyan el futuro de Chile. Los niños son el futuro de nuestro país; por eso el Presidente Piñera los puso primero en la fila.  Y para construir un mejor futuro, la educación cumple un rol fundamental: permite la realización individual de las personas, abre los espacios para el progreso de esta generación y será determinante para el desarrollo de Chile.  Por eso, tal como lo han recomendado los expertos, los organismos internacionales y distintos actores nacionales, es necesario retomar las clases presenciales en los colegios, escuelas y liceos.  Recibir contenidos en la interacción de la sala de clases es un aporte insustituible por un dispositivo, y el daño que se provoca por la ausencia en ella puede ser incalculable para esta generación.

La decisión de volver a clases la toman los padres o adultos responsables. Sabemos que volver a clases es necesario y también que es voluntario. Para lograr que ese anhelado retorno sea seguro (los alumnos quieren y necesitan volver a encontrarse, incluso por su estabilidad emocional), los establecimientos educacionales han adoptado protocolos de prevención e implementarán un sistema híbrido que combina el trabajo presencial y el trabajo a distancia. Además, comenzamos con la vacunación prioritaria de los profesores y trabajadores de la educación – aún cuando no tengan condición de salud de alto riesgo – para que los niños puedan volver a las aulas.

Ojalá todos podamos compartir el mismo objetivo: poner el interés de los niños por delante. Este 2021 es el año de la esperanza. Con la voluntad de quienes trabajaron durante el 2020 – sin vacuna e incluso presencialmente -, se impulsa al país para que este año se recupere y retome sus actividades, con todas las medidas de prevención y con un proceso de vacunación destacado a nivel mundial.

 

 

 

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Chile no es el Hogar de Cristo ( Por Juan Cristóbal Romero, director ejecutivo del Hogar de Cristo )

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El pasado domingo, como cada 20 de febrero desde 2007 y a instancias de la ONU, el mundo conmemoró el Día de la Justicia Social, en que todos deberíamos tomar conciencia de lo relevante que es repartir bien los panes, pelar bien el chancho, promover el respeto igualitario de los derechos y también de las obligaciones de cada ser humano.

Una cuestión central que explica el estallido social del 18 de octubre de 2019 tiene que ver con la desigualdad distribución de la riqueza, que por el escandaloso abismo que significa en materia de salud, educación, empleo, cultura y todos los demás ámbitos del bienestar humano, ha generado en los que menos tienen una permanente sensación de abuso, abandono y angustia. Una “triple A” de dolorosos sentimientos con la que nos encontramos en los Círculos Territoriales, justo después del estallido y antes de la pandemia, cuando, junto a Techo y Fondo Esperanza, logramos recoger el sentir y el pensamiento de más de 25 mil personas en situación de pobreza y exclusión social, mujeres jefas de hogar, en su mayoría.

Escuchar esas voces es crucial en el contexto político y social en que nos encontramos, camino a la redacción de una nueva Constitución, que no sólo debe consignar, sino ser capaz de hacer realidad el ideal de justicia social. Alberto Hurtado, quien fue un adelantado a su tiempo, un activista comprometido con este concepto que entonces ni siquiera se había acuñado, lo dijo claramente hace 76 años: “Hay en Chile dos mundos demasiado distantes: el de los que sufren y el de los que gozan, y es deber nuestro recordar que somos hermanos y que en toda verdadera familia la paz y los sufrimientos son comunes”. Eso fue en la década de los 40, cuando fundó el Hogar de Cristo, una causa orientada a hacer de Chile un país más digno y justo, porque no es caridad, sino justicia lo que el padre Hurtado y su obra propiciamos.

En uno de estos dos mundos de este Chile dividido prima el Estado de derecho y en el otro, no hay Estado ni derechos. En el segundo se ha instalado la narcocultura y el sálvese quien pueda como método de supervivencia. En el primero, se concentra el 1% más rico del país, que obtiene el 27% de los ingresos contra el 50% más pobre que logra apenas el 2.1%. En esta suerte de Chile de segunda, un ciudadano de una población de Cerrillos duerme 40 minutos menos que uno de Vitacura, por la tardanza que significa desplazarse en el transporte público; si llega a delinquir, tendrá una pena mucho mayor que el conciudadano que comete un delito de cuello y corbata; y, sin duda, es parte de los 5 millones de morosos, que representan el 20% del sistema financiero. Lo disparejo aumenta si, a su pobreza, se agrega el ser mujer. En promedio, las trabajadoras ganan un 30% que sus pares masculinos y los hogares con jefatura de hogar femenina no sólo presentan mayor tasa de pobreza por ingresos, sino que también mayor tasa de pobreza extrema por ingresos.

Hoy está de moda decir, en anónimos círculos xenófobos, en las cloacas que a veces se convierten las redes sociales, en ambientes de una intelectualidad dudosa, que “esto no es el Hogar de Cristo”, para significar que determinada institución e incluso el país no está para ayudar a cualquiera, a recibir a migrantes, a ser generoso con el que necesita o con el que sufre. En el Día de la Justicia Social ojalá todos podamos decir con orgullo y convicción que sí somos el Hogar de Cristo, porque creemos que cada uno merece un pan y no comulgamos con la idea de dos Chiles absolutamente desiguales.

 

 

 

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Pandemias, vacaciones y volver al trabajo ( Sara Arenas, psicóloga. Directora de Formación e Identidad, Santo Tomás, Sede Copiapó.) 

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Sabemos que tener vacaciones en un contexto de pandemia se transformó en un nuevo desafío nunca visto para muchas familias de nuestra región. Esta situación se hace más compleja cuando consideramos la desigualdad en el acceso a productos para el ocio. A pesar de eso las personas se las arreglaron para hacer de su casa, sus entornos y la región el lugar donde pudieron descansar.

Sin duda, el no contar con una rutina laboral durante un tiempo producto del feriado legal nos permite descansar o solo bajar el ritmo, pero llega el momento de volver a retomar esos espacios laborales. Primero es inevitable la acumulación de tareas pendientes, responder correos, mirar comunicados, evaluar o planificar el año que está recién comenzando. Por otra parte, retomar el ritmo de sueños y vigilia, la dieta, etc. son desafíos que a veces no sabemos cómo abordar. Se entiende que todas esas prácticas asociadas al ocio deben dejarse para volver aquellas asociadas al trabajo.

Cuando volvemos al trabajo, es común sentirse algo desorientado, ya que no sabemos por dónde partir, y tampoco todo mundo está llegando de vacaciones por lo tanto tampoco sabemos a quién preguntar. La primera recomendación es la de gestionar el tiempo, separando las tareas urgentes de aquellas no urgentes, y las tareas importantes de aquellas no importantes. Se sorprenderán al ver que no todas las tareas son iguales y pesan lo mismo a nivel tensional. Cuando tengas definida la tarea urgente, debemos partir por aquellas que son las más fáciles y requieren menos tiempo de realizar. Parece raro lo que estoy indicando, pero muchas veces las tareas más fáciles las vamos dejando para después y finalmente nos complican mucho porque se acumulan. Dentro de las tareas urgentes las más fáciles que requieren menos concentración y eso no da tiempo para después involucrarse en aquellas que requieren mayor involucramiento psíquico y emocional. Entonces no olvidar primero hacer las tareas urgentes y luego las importantes, partir haciendo las tareas más pequeñas y fáciles, para después de despejarte de esas preocupaciones, empezar las otras tareas.

También es fundamental en esta vuelta a las jornadas darnos tiempo para adecuar nuestro ciclo de sueño y vigilia, es bueno volver de a poco, incluso una semana antes, a los horarios que exige el ritmo laboral, definir máximos para acostarse y levantarse.  Si no se hace la transición es probable tener algunas alteraciones en el sueño, pero se va a ir normalizando en la medida que transcurren las semanas, pero una mala transición afecta nuestro desempeño, ánimo y motivación.

Como es habitual, no está de más recordar la importancia de una buena alimentación, consumo de agua, frutas, verduras, etc. Ya que el tipo de alimentación impactan en nuestro bienestar, más aún cuando como cultura tenemos incorporadas distintas prácticas alimentarias para el periodo de estival. No olvidar para quienes vuelven a las labores remuneradas y en especial para aquellas personas que sus casas son el espacio de trabajo y de vacaciones, que es fundamental contar con redes de apoyo con los que podamos hablar sobre cómo estamos y cómo nos sentimos.

Por último, el ocio no es una práctica que podemos disfrutar solo en vacaciones, este debe estar incorporado en nuestras rutinas, como tiempos de descanso y disfrute, y no considerarlo como algo definido a ciertas acciones estereotipadas de lo que significa descansar, por lo tanto, la invitación está abierta a que en las tareas importantes y a veces incluso urgente debe estar el ocio.

 

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“El pobre derecho a la privacidad” Por Paulo Egenau, (director social del Hogar de Cristo)

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Las personas pobres tienen menos de todo: autonomía, movilidad social, privacidad. Aunque todos reconocemos que la protección de la vida privada es esencial en un estado democrático y que nos genera dignidad, humanidad y autonomía, al parecer, eso no aplica para quienes viven en pobreza y exclusión social, como son las personas en situación de calle. Es como si ellas fueran depositarias de versiones más débiles de este derecho tan importante para todos.

Los que menos cuentan con espacios de privacidad, están más expuestos a que su intimidad sea vulnerada. Los que raramente son vistos o escuchados, son los que más ven su intimidad diseccionada ante un hecho doloroso.

Por eso violenta la frivolidad con que son abordados en algunos medios y en redes sociales, hechos lamentables, como lo sucedido con Francisco Martínez en Panguipulli. Antes de hecha la formalización judicial a raíz de la muerte del joven, hemos visto ventilarse diagnósticos psiquiátricos –esquizofrenia– y genéticos –síndrome de Down tipo mosaico–, atribuidos a fuentes difusas, sin el más mínimo respeto o consciencia sobre el derecho a la privacidad de la persona aludida.

Pasó de manera escandalosa hace unos años, cuando en un matinal de TV se leyó entero el examen ginecológico de Nabila Rifo, víctima de un horrible caso de femicidio frustrado. Los medios alegarán el derecho a la información frente a lo que puede parecer una defensa principista del derecho a la privacidad de los más desvalidos, pero hay que tener en cuenta el rol y la responsabilidad de cada uno.

Políticas cruciales para la integración de las personas a la sociedad, como salud, educación, trabajo, vivienda, no tendrán éxito mientras las actitudes estigmatizantes tengan el nivel de penetración que muestran hoy en nuestra sociedad. Los medios son claves para prevenir la discriminación y la estigmatización, para sensibilizar sobre la universalidad de los derechos humanos y para fortalecer la cohesión social. De lo que se trata es de poner fin a la invisibilidad que sufren las personas que viven en la calle y de promover actitudes de respeto hacia ellas. La prevención de los prejuicios y de la exclusión debe ser parte central del trabajo de periodistas y comunicadores, a la par que su derecho a difundir información.

 

 

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