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Adolescencia, pandemia y salud mental ( Georg Unger, Psicólogo y académico UCEN)

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Los eventos traumáticos cambian la perspectiva que las personas poseen sobre sí mismas y el mundo. Las relaciones de confianza y cooperación se debilitan y se cuestiona la ‘justicia’ del mundo. En este sentido, los traumas colectivos rompen los lazos de relación entre el individuo y la comunidad, lo que afecta especialmente a las y los adolescentes. Los estudios están demostrando que, a pesar de su relevancia, las cuarentenas lamentablemente producen aislamiento y confinamiento, es decir la experiencia del ‘encierro’. El confinamiento produce estrés psicosocial y exacerba los síntomas de trastornos psicológicos previos.

Uno de los principales problemas que afecta a la población y con más fuerza a los adolescentes, es precisamente la relación entre confinamiento y estrés psicosocial. Para la cultura juvenil, el aislamiento es causa de la ruptura del soporte emocional que dan los grupos de pares. Se ha demostrado, por ejemplo, que la anorexia aparece más intensa en los casos de meses recientes si se le compara con el período pre-pandemia. En un estudio practicado en Irlanda se encontró que niños y adolescentes experimentan efectos adversos en la salud mental a causa de la pandemia, como sentimientos de aislamiento social, depresión, ansiedad y el aumento de conductas mal adaptativas.

En otros estudios se ha descubierto que familias con niños con desordenes del espectro autista reportaban un aumento de problemas de salud mental asociadas fuertemente al cambio de rutinas y en el Reino Unido se ha estudiado la relación entre pandemia y violencia contra niños y adolescentes. Así también, otras investigaciones muestran que, en este contexto, los padres con trastornos psiquiátricos pueden ejercer violencia contra niños, niñas y adolescentes. Otros informes discuten la complejidad y la pluralidad de los factores involucrados en la producción de la salud mental y del sufrimiento psíquico de niños y adolescentes, especialmente aquellos que tienen el acceso de sus derechos debilitados o violados, exigiendo acciones intersectoriales que apoyan la atención psicosocial.

Para ello deben coordinarse las redes primarias, secundarias e institucionales, parte de este apoyo está sin vías de comunicación por lo que en algunos países se están aportando servicios de atención en salud mental online cuando los o las adolescentes buscan ayuda.

Otro estudio e intervención, atendió al impacto de foros grupales que se asemejan en sus posibilidades a los grupos de apoyo y autoayuda. Hay que ser creativos en esto e informar bien las intervenciones psicosociales.

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«Violencia de Género: Denuncia Oportuna» Por Fiscal Regional de Atacama, Alexis Rogat Lucero

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En el marco de los objetivos institucionales que se trazó el Ministerio Público en su plan estratégico 2016-2022, continúa muy presente el propósito primigenio de la Reforma Procesal Penal de incorporar a las víctimas como sujetos de derecho en el rol de actores claves en la persecución  de los delitos. En tal sentido, especial relevancia ha otorgado la Fiscalía a la investigación de delitos asociados a la violencia de género, aciago fenómeno consistente en actos violentos ejercidos contra una persona sólo por su género y que afectan de forma lesiva la identidad, la sexualidad y libertad reproductiva, la salud física y mental y el bienestar social de una persona.

La intervención de la Fiscalía en este tipo de delitos tiene dos objetivos centrales, por una parte: investigar y llevar ante los tribunales de Justicia a sus responsables, y por otro lado, un propósito primordial: dar efectiva protección a las víctimas mediante la Unidad de Atención a Víctimas y Testigos cuyos profesionales disponen de eficientes y oportunos protocolos de atención coadyuvados de eficaces medios logísticos orientados a reparar emocional y materialmente a las víctimas, logrando incluso extraerlas del ámbito en que sufrieron los atentados poniéndolas a salvo de sus victimarios.

Sin embargo, para el logro de los objetivos mencionados la Fiscalía requiere necesariamente que la víctima, o sus seres más cercanos e incluso terceros formulen una denuncia oportuna a fin interrumpir la dinámica delictual y brindar las medidas de protección pertinentes, y si bien en el último tiempo ha habido una mayor concientización sobre la importancia de denunciar cualquier acto de constituya violencia de género, ello aún no se corresponde con la realidad, y en general las víctimas no denuncian por motivos inhibidores tales como el temor a ser responsabilizadas de la disolución de su familia, el miedo a represalias por parte del agresor o la vergüenza de verse expuestas públicamente.

No obstante lo anterior, para el Ministerio Público constituye una tarea permanente concitar la confianza de las víctimas y así lograr brindarles protección y mantener su adhesión durante las distintas etapas que contempla toda investigación penal y la eventual verificación de un juicio oral.

Por de pronto la Fiscalía de Chile no escatima esfuerzos por brindar las más oportuna y eficiente protección a las víctimas de violencia de género, gestiones que van desde la petición de medidas cautelares contra los imputados -incluso antes de su formalización- hasta aportes económicos y traslados, contribuyendo -desde su específico ámbito de acción- a la prevención y erradicación de dicho fenómeno delictual, correspondiendo otro tanto a las restantes instituciones estatales y  a la propia comunidad puesto que, finalmente, toda la sociedad es responsable de contribuir a su erradicación y desactivación de la impunidad de los agresores.

 

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“Las susceptibilidades y los cambios culturales” Por Gabriel Canihuante, periodista, académico Universidad Central Región Coquimbo

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Hace algunos días las llamadas redes sociales se poblaron de memes, el chiste en la era de las imágenes, para hacer mofa del cambio de nombre de un producto de una transnacional, la famosa “Negrita”, una golosina de bajo precio y de extendido consumo en nuestro país, especialmente entre niños y adolescentes.

Hace décadas se viene produciendo un cambio cultural en Chile y en otros países respecto del lenguaje, que apunta a evitar la discriminación de las minorías de todo tipo. Se busca básicamente no herir susceptibilidades de sectores que desde tiempos remotos han sido objeto de burla, desprecio, ninguneo. Entendemos hoy que todos podemos convivir, respetando nuestras diferencias, especialmente aquellas que no son una opción para el individuo, sean estas físicas o psicológicas.

La calificación de negro o negra para una persona en Chile no es necesariamente ofensiva, pero durante mucho tiempo para alguien de piel morena no era agradable que lo llamasen por apodos relacionados con el color de su piel. Cuando niños, hace algunas décadas, llamábamos “Chocolo” -un tipo de helado- al compañero de juegos de la cuadra más moreno. A veces él respondía con un combo, pero al final se acostumbró y entonces pasamos a llamarlo como correspondía.

La golosina tendrá otro nombre, es una decisión tomada por una poderosa compañía internacional que debe atender a un criterio que escapa a nuestras fronteras. Es evidente que los chilenos seguiremos usando el adjetivo calificativo “negro” en sus distintas variantes de género, número, diminutivos, etc. No cambiaremos la letra de la canción de Violeta Parra, “Casamiento de negros”, ni tampoco la del “Negro José” interpretada por Illapu.

Pero es posible que demos atención a otros usos del lenguaje que siguen prestándose para la discriminación. Bastante hemos avanzado en relación con el humor. Y no se trata de ser de la “generación de cristal”, como algunos caricaturizan. De lo que se trata de es de evitar todo tipo de discriminación, no más que eso, ni menos.

 

 

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La soledad de las y los profesionales de la educación en el retorno al aula ( Marcelo Trivelli , Fundación Semilla )

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Una de las profesiones que ha debido enfrentar los mayores desafíos de adaptación a las condiciones generadas por la pandemia de Covid-19 son las y los profesionales de la educación. Han sido dieciocho meses difíciles para los que nadie estaba preparado, sin embargo, al regresar a las aulas nadie se está haciendo cargo del daño socioemocional que han experimentado. Las y los profesionales de la educación se encuentran en soledad al retornar a las aulas.

Niñas, niños y jóvenes también han sido dañados psicológicamente por las condiciones de la pandemia, pero su salud mental no es prioridad. Se continúa privilegiando los aprendizajes tradicionales que se miden en las pruebas estandarizadas, como por ejemplo el SIMCE, a pesar que la evidencia científica señala que mientras mayor es el bienestar socioemocional de una comunidad, mejor es el aprendizaje de las materias señaladas.

El Ministerio de Educación de Chile ha destinado $25.000 millones adicionales, poco menos de $2,5 millones por establecimiento, para apoyar el retorno a clases presenciales en todos los colegios y jardines que reciben recursos públicos en el país para implementar medidas sanitarias, pero nada se dice de apoyo socioemocional para docentes y estudiantado.

La crisis sanitaria ha causado estragos en la educación, pero no lograremos recuperar lo perdido haciendo lo mismo de siempre. Hemos tenido un año y medio para cuestionar las bases del sistema educacional y en Fundación Semilla asumimos el desafío de encontrar las oportunidades que nos ofrecía la crisis para mejorar la educación de niñas, niños y jóvenes.

Durante el año 2020, elaboramos el Decálogo del Retorno a Clases en el que se destaca, en primer lugar, que se puede lograr más aprendizajes con menos contenidos. Para ello proponemos mantener la flexibilidad curricular, autorizada excepcionalmente por el Ministerio de Educación, priorizando aquellos objetivos imprescindibles para avanzar en nuevos aprendizajes y aquellos integradores y significativos que permitan aprendizajes para integrarse como sujetos activos frente a los desafíos sociales.

El segundo punto del Decálogo da cuenta de la importancia de las emociones y los vínculos que se establecen en las comunidades educativas. Hasta antes de la pandemia las dábamos por aseguradas por el solo hecho de la presencialidad en la escuela sin trabajarlas ni apoyar a quienes se iban quedando rezagados. La calidad de la convivencia escolar y la adquisición de habilidades sociales, emocionales y ciudadanas, deben mantener una alta relevancia pedagógica.

Hacer realidad estas oportunidades no será tarea fácil. El sistema educacional necesita hacer suyo esta nueva mirada ofreciendo apoyo socioemocional y capacitación a las y los profesionales de la educación, así como nuevas herramientas pedagógicas que apoyen la labor docente.

La educación se comporta como un gran buque de carga que tiene grandes dificultades para cambiar de rumbo.  Lamentablemente, mientras el retorno a clases avanza, vemos la soledad en que se encuentran las y los profesionales de la educación.

 

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