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OPINIÓN

Mejor Niñez: invertir en familias ( Cristina Rodríguez, Académica Trabajo Social UCEN)

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El 1 de octubre comenzó a operar el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, que reemplaza al Sename. Es la respuesta a las faltas sistemáticas y graves del Estado chileno en la protección de la infancia. Las que se vieron, entre otros, rubricadas por el informe que la Unicef emitió en 2018, que -fundado en una investigación por parte de expertos internacionales- juzga la inexcusable y grave afectación de los derechos de los niños bajo la protección del Estado.

Se agregan a estos análisis, los informes e investigaciones de la magistrada Mónica Jeldres, en 2013; de la Cámara en 2014; y del Fiscal Emilkrof en 2018. Todos los cuales coinciden en señalar: el sostenimiento de un paradigma tutelar respecto de la niñez que se halla privado de su reconocimiento como sujeto de derechos; pauperización de los sistemas de protección residencial, sostenidos por un modelo de subsidariedad estatal que -pese a la suscripción de la Convención de los Derechos del Niño en 1991, y por ende, con rango constitucional- no garantiza los derechos de la infancia que pretende proteger; la gestión ineficaz y al menos, desacertada de un Sename que en 40 años, no logró concretar una política que colocara a niños y niñas en condiciones de mayor vulnerabilidad, la prioridad que ameritaba.

Son muchas las expectativas que se ciernen sobre este nuevo servicio. Se espera que sea relevante el trabajo con las familias de niños y niñas; y desde enfoques comprehensivos que la sitúan en un contexto que determina sus privaciones y recursos, muy propio de los enfoques de intervención, ya antiquísimos, del Trabajo Social con familia. Además, la preparación e idoneidad de los recursos técnicos y profesionales que se relacionan con los niños, los apoyos, acompañamientos y soportes de bienestar laboral que les serán premunidos en aras de sostener los cuidados que necesitan, y se agrega la instalación de mecanismos y soportes de gestión que colocan la calidad de cuidado a la niñez, en el centro de las decisiones de las instituciones que con ella intervienen.

De los errores hay que aprender. Se necesitaba con urgencia una nueva institucionalidad que considerar dispositivos territoriales con derechos sociales a su disposición; con capacidad de intervención avaladas por los tribunales de familia competentes; con una vinculación intersectorial fluida en materia de salud mental y educacional; y con una intervención caracterizada por un enfoque profundamente comunitario, interdisciplinario y preventivo.

Esperamos que “Mejor Niñez” centre sus esfuerzos en una inversión que radique sus objetivos en los territorios, en los contextos en los que se producen las tensiones, privaciones y dialógicas por una sobrevivencia que pone a la familia siempre en el lugar de la demanda. Y que se encuentren fundados en la convicción de que la mejor inversión en infancia, es aquella que va dirigida en primer lugar a sus familias. Es un desafío para el nuevo Servicio colocar su dirección estratégica y de largo plazo en este impulso.

El Sename dependía del Ministerio de Justicia y DDHHs, mientras que el nuevo servicio lo hace del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, por lo que se espera que disponga de la maniobrabilidad, arrojo político y la debida urgencia, que tal contexto le brinda. El domingo pasado, María José Castro, directora de “Mejor Niñez” dijo en una entrevista: “Sabemos que van a seguir ocurriendo cosas, porque es un proceso largo”. Los niños y niñas ya no pueden seguir esperando.

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«¿Y ahora qué?: El término de la Enseñanza Media y la construcción del proyecto de vida» Por Fabián Ramos, Orientador Vocacional Admisión UCN Coquimbo

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Cuando nos acercamos al término de la etapa escolar nos enfrentamos a un sin número de presiones, dudas e incertidumbre; y todo el mundo bombardea con preguntas y recomendaciones sobre qué estudiar o a qué dedicarse. Nos dicen que, sea lo que sea que elijamos, estamos decidiendo un camino por el que transitaremos durante gran parte de nuestras vidas, y es importante que éste vaya de la mano con nuestra vocación.

La vocación, concepto frecuentemente utilizado -pero escasamente discutido-, hace alusión a una suerte de llamado. Podríamos imaginar que es algo así como una voz interna que nos señala si el camino que elegimos es el adecuado, el que realmente me hace sentir realizado. A menudo conozco estudiantes cuyo principal motivo de ingreso a una carrera es el aspecto económico -nada sorprendente en un Chile desigual en el que la Educación Superior sigue percibiéndose como una vía de superación de la pobreza-. Sin embargo, al poco avanzar en sus carreras notan como el desinterés provoca alteraciones en la motivación y sentimientos de constante frustración.

Concluir la enseñanza media implica decidir, reconocer todos los caminos que se abren y tener la responsabilidad y libertad suficiente para poder descartar algunos y valorar otros. En este punto es común perderse entre las diversas posibilidades, quedándose estancado o dejando que los demás decidan por mí. Esto ocurre con mayor frecuencia cuando nuestra elección no está cargada de sentido. Pensamos en la vocación como un fenómeno al cual nos enfrentamos solo una vez en la vida, solo al terminar el cuarto medio, pero lo cierto, es que la vocación es algo que se construye desde la temprana infancia; es un aspecto de nosotros mismos que se va moldeando mediante nuestras experiencias de vida, nuestras relaciones y nuestros diferentes aprendizajes.

Para dotar de sentido, la decisión vocacional no es algo que deba ocurrir de la noche a la mañana, por eso es tan importante que los esfuerzos que cada estudiante, sus familias y escuelas realizan, sean progresivos y constantes. Si pensamos en la vocación como un aspecto propio de nuestro desarrollo psicológico y social, podremos identificar todos esos elementos que nos van perfilando más hacia un camino u otro. Pero no basta solo con reflexionar, debo sentir.

El primer paso para tomar una buena decisión es conocerme y sentir. Si no tengo claridad de quién soy en este momento, será difícil saber hacia donde quiero dirigirme. En este punto es relevante que nos preguntemos que cosas nos interesan, qué cosas nos aburren, qué actividades nos hacen sentir desafiados y cuales otras nos frustran.

Pero no solo eso, también es necesario que reconozcamos nuestros valores, nuestras formas de ver y comprender el mundo, y que vayamos recordando cada una de las situaciones que hemos vivido, prestando especial atención a como reaccionamos al pensar en ellas; preguntémonos por qué reaccionamos así, qué cosas me hicieron disfrutar en esa situación, y qué me generó malestar.

Desde la vereda de las familias será importante guiar y acompañar, es decir, otorgar libertad y brindar espacios sin presiones para que él/la estudiante pueda explorar en su propia historia e intereses. Asimismo, el rol de las escuelas es fundamental, ya que puede reforzar este proceso de exploración, además de coordinar acciones que permitan que el estudiante relacione su “propia brújula” con las diferentes carreras, oficios y experiencias que podrían ocurrir en el futuro.

Sea cual sea el camino que elijan, lo importante es que esté cargado de sentido y vaya en sintonía con la versión de mí que he ido construyendo a través del tiempo. La vocación, o este “llamado” del que se suele hablar, también apuntan a sentirme autorrealizado, a percibir que el camino que elegí permite desarrollar cada aspecto de mi persona.

En este sentido, y para quienes elijan el camino universitario, les invito a pensar en la Universidad como un espacio de formación académica pero también personal; un espacio en el cual podrán desarrollar al máximo sus capacidades intelectuales, artístico/culturales, sociales y de servicio. Un lugar donde podrán conocer a otros, pero también a ustedes mismos.

Porque recuerden, la vocación nunca termina de construirse.

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Semana de la Pyme ( Manuel Nanjarí Contreras, Seremi de Economía, Fomento y Turismo Atacama )  

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A partir del lunes 25 y hasta el viernes 29 de octubre de 2021, celebraremos una nueva versión de la Semana de la Pyme, iniciativa que nace en el año 2012, durante el primer gobierno del presidente Piñera, con la misión de reconocer el rol que cumplen las Pymes en el desarrollo y crecimiento de nuestro país.

Sin lugar a duda, este último año ha sido uno de los más difíciles que han tenido que sobrellevar las micro, pequeñas y medianas empresas de nuestro país, debido a que han tenido que enfrentar una de las mayores crisis y la reducción más fuerte de la actividad económica de los últimos 35 años.

Ante tal situación, el compromiso de nuestro gobierno fue generar todas las herramientas de apoyo, porque sabemos de la importancia que tienen las Pymes para miles de familias de nuestro país y además para cada trabajador o trabajadora que depende de estos emprendimientos. Por lo cual, generamos múltiples ayudas y en el caso de nuestra región de Atacama, a través de instrumentos de fomento beneficiamos a 1.403 micro, pequeñas y medianas empresas con aproximadamente $4.218 millones de pesos, asimismo, por medio de programas de digitalización de Corfo, Sercotec, Centros de Negocios y Sence hemos logrado beneficiar a 5.319 Mipymes y en el caso del Bono Pyme se beneficiaron a 14.016 empresas de menor tamaño por un monto de 21 millones de dólares, entre otros beneficios.

Durante esta nueva versión de la Semana de la Pyme, nuestro objetivo será reconocer la resiliencia, compromiso y el gran aporte que han hecho a nuestra región, además, realizaremos talleres, seminarios, ferias de emprendedores, capacitaciones, espacios de conversación y nos desplegaremos por toda la región junto a diversas autoridades regionales para conocer y destacar en terreno el talento y compromiso que tienen las Pymes de nuestra región de Atacama.

El compromiso de todos y todas es seguir cuidándonos frente a la Pandemia y junto con eso recuperar nuestra actividad económica para que las micro, pequeñas y medianas empresas puedan salir adelante, reactiven sus emprendimientos, sigan contribuyendo con la generación de puestos de trabajo, pero, además, porque somos ¡Más Pymes Que Nunca!

 

 

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77 años del hogar de todos ( Por Juan Cristóbal Romero, director ejecutivo del Hogar de Cristo )

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Fue la gélida noche del 18 de octubre de 1944, cuando Alberto Hurtado experimentó la epifanía que consolidó el evidente sesgo social de su vocación sacerdotal. Esa noche vio en la figura de “un pobre hombre, con una amigdalitis aguda, tiritando, en mangas de camisa, que no tenía dónde guarecerse” a Cristo.

La convicción de que en cada compatriota desvalido, en cada chileno vulnerable, en todo prójimo dañado por el desamparo, la falta de oportunidades, la pobreza, vivía el Hijo de Dios, lo llevó a reflexionar frente a un centenar de mujeres pudientes que se habían reunido en la sede del Apostolado Popular de calle Lord Cochrane. A esas “señoras y señoritas”, como las llamó el Diario Ilustrado, les dijo: “Cristo vaga por nuestras calles en la persona de tantos pobres dolientes, enfermos, desalojados de su mísero conventillo. Cristo acurrucado bajo los puentes, encarnado en niños que no tienen a quién llamar padre, que carecen por muchos años del beso de una madre. Cristo no tiene Hogar. ¿No queremos dárselo nosotros, los que tenemos la dicha de uno confortable, comida abundante y medios para asegurar el porvenir de nuestros hijos?”.

Marta Holley, una de las mujeres que lo escuchaba, quien sería una de sus colaboradoras principales, recordó que “estaba transfigurado” y que luego pidió perdón por su discurso encendido, el que no tenía intenciones de pronunciar allí. Pero la solidaridad se había desatado. Al final del retiro, ese 19 de octubre, había recibido la donación de una propiedad y una suma de dinero para iniciar “un Hogar para los pobres”, el Hogar de Cristo. Luego, en un sobre anónimo, le llegó una valiosa alhaja; así nació el Hogar de Cristo.

Días después, en una columna en El Mercurio, ahondó en la necesidad “de un Hogar para los que no tienen techo”. Era un enorme contingente de migrantes. Los migrantes de entonces: campesinos que llegaban en masa a la capital desde el campo, buscando una oportunidad y vivían hacinados “como animales” en cités miserables. Entonces escribió: “Informes minuciosos aseguran que faltan 400 mil casas para que se pueda decir que la población de Chile tiene Hogar”.

Hoy, existen casi 81.643 familias habitando 969 campamentos, y se requieren unas 650 mil casas, según el catastro hecho por Techo-Chile, que la semana pasada lanzó Déficit Cero. La iniciativa busca satisfacer la demanda de vivienda, trabajando de forma colaborativa, participativa y abierta.

Hogar de Cristo conoce la manifestación más dura de esa carencia: la vida en situación de calle. Actualmente, unas 20 mil personas sobreviven en esas condiciones. Son chilenos que antes vivían hacinados o de allegados y sufrieron un quiebre económico o emocional; son madres jefas de hogar con precarios empleos de subsistencia a las que el COVID-19 ha golpeado más que a nadie; son migrantes, que en medio de la crisis social generada por la pandemia, no pudieron seguir pagando arriendos usureros por habitaciones deplorables. Son esas y otras diversas versiones del hombre aterido de frío que hace 77 años impulsó a Alberto Hurtado a crear el Hogar de Cristo.

Ahora y con ocasión de nuestro cumpleaños, decimos en nuestra campaña: “Difícil es lograr un país digno y justo; fácil es con el compromiso de todos”. Apelamos a la solidaridad que en ese retiro de antaño tocó a “señoras y señoritas” y que esperamos hoy logre despertar la sensibilidad de todos. Este 2021, decimos, tal como ayer: involúcrate, es tu país, porque no se cambian las estructuras, si no se cambian las conciencias.

 

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