
El reciente e histórico sistema frontal que motivó la declaración de Estado de Catástrofe en la Región de Coquimbo y la provincia del Huasco —con precipitaciones récord de 79 mm en La Serena, no registradas hace 39 años— no solo dejó a más de 99 mil personas aisladas y provocó graves severidades en la conectividad vial, sino que expuso de forma crítica la vulnerabilidad de los servicios básicos en el mundo rural.
El desborde de cauces como el río Elqui y la activación de quebradas dejaron fuera de servicio infraestructura clave de agua potable, sumándose a masivos cortes de suministro eléctrico. En este escenario, la interrupción del agua potable en localidades aisladas o dispersas (como El Islón o Cancha Brava) se transforma rápidamente en una segunda emergencia de carácter sanitario.
Ante eventos climáticos extremos cada vez más recurrentes, la respuesta del país no puede depender exclusivamente del despliegue de camiones aljibe por rutas interrumpidas. Se requiere un músculo más ágil, descentralizado y de rápida respuesta para garantizar la continuidad del abastecimiento hídrico.
Frente a las fallas de la infraestructura tradicional durante emergencias climáticas, tecnologías como la desalación undimotriz y solar emergen como alternativas operativas para sostener el suministro de agua. Su viabilidad técnica en situaciones de catástrofe se sustenta en tres factores clave:
- Independencia de la red eléctrica. A diferencia de las plantas convencionales, los sistemas undimotrices utilizan la energía directa de las olas para impulsar el proceso de ósmosis inversa. Al no requerir conexión al sistema eléctrico interconectado —cuya interrupción dejó a más de 150 mil clientes sin suministro durante la emergencia—, estas plantas pueden continuar operando de forma autónoma.
- Adaptabilidad modular en zonas de difícil acceso. La arquitectura descentralizada de esta tecnología permite instalar módulos en caletas y poblados costeros. Este diseño facilita el abastecimiento directo en el lugar, reduciendo la dependencia de rutas terrestres que suelen quedar bloqueadas por aluviones o deslizamientos.
- Respaldo en la opinión pública. Esta orientación tecnológica coincide con la percepción ciudadana en las zonas afectadas. Según un estudio de ACADES/Criteria, el 65% de los habitantes de la Región de Coquimbo se inclina por la desalación frente a la construcción de embalses tradicionales como medida de mitigación ante la escasez hídrica y las catástrofes naturales.
