
Astrónomos lograron registrar por primera vez, desde sus primeras señales hasta la explosión, el colapso de una estrella masiva, un fenómeno que permitió identificar evidencias de un mecanismo que hasta ahora no había sido observado de manera concluyente.
El evento, denominado SN 2026gzf, ocurrió a unos 500 millones de años luz de la Tierra y fue detectado inicialmente en marzo por el telescopio espacial chino Einstein Probe, que registró un breve destello de rayos X.
La señal correspondió al llamado desprendimiento de onda de choque, un fenómeno que se produce cuando la energía generada por el colapso del núcleo atraviesa las capas externas de la estrella. Aunque este proceso forma parte de las supernovas, su duración extremadamente breve hace que sea muy difícil observarlo en tiempo real.
Tras la detección inicial, una red internacional de observatorios siguió la evolución del fenómeno durante casi tres meses, incluido el Observatorio Chandra de la NASA. Los datos obtenidos permitieron analizar cómo la onda de choque interactuó con las capas exteriores de la estrella y con el material que la rodeaba.
La explosión fue clasificada como una supernova de tipo Ic de líneas anchas. En este tipo de eventos, el material expulsado puede desplazarse a velocidades superiores al 10 por ciento de la velocidad de la luz.
Sin embargo, el fenómeno presentó una característica que llamó especialmente la atención de los investigadores: no se detectó un brote de rayos gamma, pese a que este tipo de emisión suele estar asociada a algunos colapsos de estrellas masivas.
Los científicos plantean que la estrella pudo haber generado un chorro de materia extremadamente energético, pero que este quedó atrapado antes de conseguir atravesar las capas externas y escapar hacia el espacio.
Esta posibilidad corresponde a la denominada hipótesis del chorro sofocado o asfixiado, planteada teóricamente desde hace décadas, pero que hasta ahora no había podido ser identificada de manera concluyente mediante observaciones.
La diferencia estaría en la capacidad del chorro para atravesar el material que rodea el núcleo de la estrella. Si no cuenta con suficiente velocidad o energía, puede quedar bloqueado antes de emerger y no producir el característico brote de rayos gamma.
El seguimiento de SN 2026gzf entrega así nuevos antecedentes sobre las distintas formas en que pueden morir las estrellas más masivas y permite estudiar condiciones de temperatura y presión que no pueden reproducirse en laboratorios terrestres.
Los investigadores consideran que este tipo de supernovas constituye un laboratorio natural para analizar el comportamiento de la materia y las leyes de la física en algunos de los ambientes más extremos del Universo.
