Gracias, Mercator (Guillermo Cortés Lutz, Doctor en Historia, Director de la Revista de Historia de Atacama)

 

 

Durante septiembre de 2026, los países africanos alcanzaron un triunfo simbólico y cartográfico. El 4 de septiembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por 164 votos a favor, uno en contra y seis abstenciones, una resolución destinada a promover representaciones cartográficas con mayor realismo de las dimensiones  de los continentes, especialmente de África. La iniciativa fue impulsada por Togo y contó con el respaldo de la Unión Africana.

La decisión pone nuevamente sobre la mesa una cuestión que durante siglos estuvo presente, aunque muchas veces no fuéramos plenamente conscientes de ella: los mapas también construyen una herramienta de poder y una manera de mirar y dominar el mundo.

Durante buena parte de la historia moderna, la representación más conocida del planeta ha sido la proyección de Gerardus Mercator, el cartógrafo flamenco del siglo XVI. Su célebre mapamundi de 1569, que todos conocemos, uso una proyección cilíndrica que resultó extraordinariamente útil para la navegación. Sin embargo, tenía una característica que hoy nos resulta evidente: distorsionaba considerablemente las superficies, especialmente a medida que nos acercamos a los polos. De allí que Groenlandia se vea inmensa y África   median, a pesar de que es el segundo más grande del mundo.  Por supuesto que Gerardus Mercator no fue responsable de las distorsiones políticas que posteriormente pudieron asociarse a sus mapas, esas fueron las potencias imperialistas.

Su primera obra cartográfica conocida apareció en 1537, cuando realizó un mapa de Palestina, el año 1538 cuando publicó un mapamundi y en 1541 construyó un globo terrestre. Y será el año 1569, cuando publique el célebre mapamundi que dio a conocer la proyección que hoy lleva su nombre.  Mercator encontró una solución útil para los navegantes. Su mapa permitía representar las líneas de navegación, todo  un enorme avance para la navegación del siglo XVI.

Con el paso de los siglos, los mapas dejaron de ser solamente instrumentos para navegar. También se transformaron en instrumentos políticos, educativos, geopolíticos y de poder.  En una época dominada por los imperios europeos, la manera de representar el mundo podía contribuir, consciente o inconscientemente, a establecer una determinada jerarquía visual entre los territorios.

Durante siglos, el continente africano fue representado desde una mirada europea. La expansión colonial, el imperialismo y el racismo que acompañaron a ese proceso construyeron también determinadas imágenes del continente: un África periférica, atrasada y pequeña. Sin embargo, África no es pequeña, es el segundo continente más grande del planeta. Y, además, es el continente cuna de nuestra especie.

 

La nueva propuesta, la a proyección Equal Earth, desarrollada en 2018 por los cartógrafos Tom Patterson, Bojan Šavrič y Bernhard Jenny    no significa que exista un mapa absolutamente perfecto. Sino que busca ofrecer una representación en la que las superficies relativas de los continentes sean mucho más fieles a la realidad.

Finalmente decir  que no se trata simplemente de cambiar un dibujo por otro, sino de aprender a mirar  más críticamente a nuestro planeta.

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