
Durante las Fiestas Patrias muchas familias se reúnen, aumenta el consumo y buena parte del comercio modifica sus horarios para dar espacio a la celebración. Sin embargo, mientras los grandes supermercados y establecimientos comerciales permanecen cerrados durante los feriados irrenunciables, los almacenes de barrio adquieren un protagonismo que muchas veces pasa inadvertido: mantienen disponible una amplia variedad de productos esenciales y permiten que los vecinos puedan resolver sus necesidades de abastecimiento cerca de sus hogares en forma rápida y efectiva.
Para lograr esta capacidad de respuesta, en septiembre los comercios de cercanía anticipan el aumento de la demanda con mayor planificación de inventarios para que alimentos, hielo, carbón y otros artículos de alta rotación estén disponibles oportunamente, por esa razón, fortalecer la logística, última milla y entregar herramientas que permitan a los almaceneros tomar mejores decisiones para mantener activa la cadena de suministros.
El 18 y 19 es una oportunidad para reconocer el valor estratégico del almacén de barrio dentro del abastecimiento nacional. Su cercanía, flexibilidad y capacidad de adaptación lo convierten en un actor fundamental, sobre todo cuando las grandes cadenas están cerradas. Como industria, tenemos el desafío de seguir acompañando a estos emprendedores con tecnología, información y una distribución cada vez más eficiente. Porque detrás de una compra de último minuto, de ese producto que falta para una celebración o de una necesidad cotidiana que debe resolverse, existe una red de personas y empresas trabajando para que el barrio nunca deje de estar abastecido.
Por Alfredo Kameid, gerente general de Grupo Kameid.
