
Un ambicioso proyecto de infraestructura digital busca establecer una conexión directa entre Canadá y Europa mediante un cable submarino de fibra óptica que cruzaría el océano Atlántico sin utilizar redes estadounidenses, en medio de las crecientes tensiones políticas y comerciales entre Ottawa y Washington.
La iniciativa, denominada Leif Erikson en homenaje al histórico explorador nórdico, es impulsada por la empresa noruega Bulk Infrastructure Group, especializada en redes de telecomunicaciones y centros de datos.
Según los antecedentes conocidos este lunes, la compañía busca incorporar a un socio estratégico canadiense que asuma la participación mayoritaria del proyecto, cuya inversión estimada supera los 620 millones de dólares.
El objetivo es fortalecer la autonomía tecnológica de Canadá, país que actualmente depende en gran medida de infraestructura estadounidense para transportar comunicaciones digitales y tráfico de datos hacia otros continentes.
La propuesta cobra especial relevancia ante el deterioro de las relaciones entre ambos países y las declaraciones de la administración del presidente Donald Trump sobre la soberanía canadiense, situación que ha llevado al Gobierno del primer ministro Mark Carney a revisar sus dependencias estratégicas.
Un cable de miles de kilómetros bajo el Atlántico
El proyecto contempla una conexión submarina de aproximadamente 4.600 kilómetros desde el extremo sur de Noruega hasta Happy Valley-Goose Bay, en la provincia canadiense de Terranova y Labrador.
Desde ese punto, la infraestructura continuaría mediante un trazado terrestre de otros 1.900 kilómetros a través de Quebec, hasta llegar a Montreal.
La nueva red estaría diseñada para ofrecer transmisión de datos de alta capacidad, destinada especialmente a servicios de inteligencia artificial, telecomunicaciones y plataformas de almacenamiento y procesamiento de información en la nube.
Peder Nærbø, fundador y presidente ejecutivo de Bulk Infrastructure, ha planteado que el cable debe convertirse en una infraestructura bajo control mayoritariamente canadiense, con el propósito de reducir la vulnerabilidad del país frente a posibles interrupciones de sus comunicaciones internacionales.
Actualmente, solo un número reducido de cables conecta directamente a Canadá con otros continentes sin atravesar Estados Unidos, y ninguno pertenece a empresas canadienses.
Proyecto todavía busca financiamiento y autorizaciones
Aunque la propuesta cuenta con proveedores interesados, su construcción aún no está asegurada.
La empresa necesita completar estudios técnicos, conseguir clientes, obtener financiamiento y avanzar en los permisos correspondientes, especialmente para el tramo terrestre que atravesaría territorio canadiense.
También será necesario establecer acuerdos con comunidades indígenas relacionadas con las zonas donde se proyecta instalar parte de la infraestructura.
El proyecto fue presentado a inversionistas internacionales durante septiembre, en una cumbre organizada por el Gobierno de Canadá en Toronto.
Además, Canadá y la Unión Europea tienen previsto abordar nuevas iniciativas de conectividad digital durante una reunión programada para el 29 y 30 de octubre en Montreal.
Chile enfrenta un debate similar por su conexión con China
La discusión internacional sobre la soberanía de las telecomunicaciones tiene un antecedente cercano en Chile, donde el proyecto Chile-China Express ha generado tensiones diplomáticas con Estados Unidos.
La iniciativa, impulsada por China Mobile International, busca instalar aproximadamente 20.000 kilómetros de fibra óptica submarina entre Valparaíso y Hong Kong.
Washington ha manifestado reparos relacionados con eventuales riesgos para la seguridad de las comunicaciones, mientras que las autoridades chilenas han defendido la autonomía del país para evaluar sus proyectos estratégicos.
Durante febrero, Estados Unidos anunció restricciones de visa contra tres funcionarios chilenos por su participación en decisiones relacionadas con infraestructura crítica de telecomunicaciones.
El proyecto continúa en evaluación administrativa y todavía no cuenta con las autorizaciones necesarias para su ejecución.
Así lo confirmó a fines de septiembre el ministro Louis de Grange, quien aclaró que la iniciativa no ha sido cancelada y mantiene su tramitación.
En paralelo, Chile desarrolla el proyecto Cable Humboldt, una conexión transpacífica impulsada junto a Google y Australia, que busca fortalecer las comunicaciones digitales con Asia y Oceanía.
Tanto la iniciativa entre Canadá y Noruega como los proyectos impulsados desde Chile reflejan la creciente importancia estratégica de los cables submarinos, una infraestructura fundamental para las comunicaciones internacionales y cada vez más relevante en las relaciones entre las principales potencias.
