Lluvias dejan una oportunidad y nuevos desafíos para los olivares de Atacama

Las precipitaciones registradas durante las últimas semanas representan un aporte hídrico excepcional para el cultivo del olivo, pero también llevan a ajustar labores como el riego, la poda, la fertilización y el monitoreo sanitario para aprovechar sus beneficios y reducir posibles riesgos.

Las intensas precipitaciones registradas durante el reciente temporal generaron condiciones poco habituales para la agricultura de la Región de Atacama, especialmente en las zonas olivícolas de la provincia del Huasco. En algunos sectores, las lluvias alcanzaron intensidades de hasta 15 milímetros por hora.

En Vallenar, uno de los principales territorios productores de olivos, se acumularon 186,9 milímetros de agua, cifra muy superior a los 40,2 milímetros que normalmente se registran en un año. El escenario permitió aumentar las reservas de humedad del suelo y favorecer el lavado de sales, aunque también generó riesgos que requieren una evaluación antes de retomar las labores agrícolas.

Desde el INIA Intihuasi recomendaron a los productores verificar las condiciones de cada predio antes de ingresar maquinaria, reiniciar los riegos o aplicar fertilizantes. Se debe comprobar que exista un drenaje adecuado, que los accesos estén habilitados y que no permanezcan sectores saturados o cubiertos con sedimentos.

Uno de los principales efectos favorables de las precipitaciones es el lavado de sales acumuladas en el perfil del suelo, especialmente en terrenos donde habitualmente se utilizan aguas con alta conductividad eléctrica. Este proceso puede beneficiar el desarrollo de las raíces y mejorar posteriormente la absorción de agua y nutrientes.

Sin embargo, los especialistas advierten que el riego no debe retomarse de manera automática. La humedad acumulada debe ser evaluada antes de establecer nuevamente el programa habitual, evitando aportar agua mientras el suelo aún conserve reservas suficientes.

Otro punto de atención corresponde a los sedimentos que pudieron ingresar a los huertos producto del escurrimiento superficial y de los aluviones. Cuando estos materiales cubren el cuello de los árboles o modifican la superficie del terreno, pueden afectar la aireación de las raíces y aumentar los riesgos sanitarios.

Por ello, se recomienda identificar las zonas afectadas, retirar cuidadosamente los sedimentos y restablecer las pendientes del terreno. El ingreso de maquinaria debe postergarse hasta que el suelo alcance una condición adecuada, con el objetivo de evitar su compactación.

La sanidad de los cultivos también requiere vigilancia. La humedad prolongada sobre el follaje puede favorecer enfermedades como el repilo del olivo, causado por Fusicladium oleagineum. Al mismo tiempo, las lluvias pueden disminuir parcialmente algunas plagas mediante el arrastre de huevos y ninfas, aunque esto no significa que las poblaciones desaparezcan.

Frente a este escenario, el INIA recomendó mantener un monitoreo permanente antes de determinar eventuales medidas de control sanitario.

Las condiciones de humedad también tendrán efectos en las próximas labores de poda y fertilización. La mayor disponibilidad de agua puede estimular la actividad radicular y favorecer una brotación más vigorosa durante la primavera, por lo que se aconseja una poda invernal equilibrada, enfocada en eliminar ramas dañadas o mal ubicadas sin generar un crecimiento vegetativo excesivo.

En materia de fertilización, los especialistas plantean que las lluvias intensas pueden provocar lixiviación de nutrientes, es decir, el desplazamiento de estos elementos hacia capas más profundas del suelo. Por esta razón, las próximas aplicaciones deberán definirse a partir de análisis de suelo y, posteriormente, de análisis foliares, evitando fertilizar mientras los terrenos permanezcan saturados.

El subdirector regional de I+D+i, Francisco Tapia, destacó que las precipitaciones representan un alivio para la disponibilidad hídrica, aunque reconoció que la intensidad del evento también provocó dificultades en los predios.

Tapia explicó que el agua acumulada permitió tanto reducir la concentración de sales en la zona radicular como generar una importante reserva de humedad. A su juicio, estas condiciones pueden favorecer la aparición de nuevas raíces y mejorar la absorción de nutrientes, creando un escenario favorable para la floración y la posterior cuaja.

El especialista señaló que, si esta disponibilidad de agua es acompañada por un manejo adecuado del riego, la nutrición, la poda y la sanidad, los olivares de Atacama podrían iniciar la próxima temporada con un alto potencial productivo.

En tanto, el seremi de Agricultura de Atacama, Guillermo Procuriza Naim, informó que los equipos técnicos de la cartera se encuentran desplegados en terreno para realizar el catastro de los daños silvoagropecuarios provocados por el sistema frontal y entregar recomendaciones frente a futuras precipitaciones.

La autoridad llamó a los productores a plantear sus inquietudes durante estas visitas técnicas, con el objetivo de abordar de manera oportuna los efectos que las lluvias puedan generar en sus cultivos y planificar las próximas labores de recuperación.

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