
Suena el teléfono y en la pantalla aparece un número que reconoces como el de tu banco. Confías y respondes al ejecutivo que te alerta sobre una actividad sospechosa en tu tarjeta de crédito. Ante el temor y la sorpresa, caes en una elaborada estrategia de ingeniería social y terminas autorizando una transferencia a la cuenta de un estafador.
Esta escena, cada vez más frecuente en Latinoamérica, es el reflejo de un problema que dejó de ser un riesgo individual para convertirse en una amenaza sistémica: el fraude por canales telefónicos ya representa entre el 70% y el 80% de todos los ataques de phishing en la región, según cifras del sector.
La creciente sofisticación de las herramientas utilizadas por los estafadores hace que la lucha contra el fraude mediante mensajes (smishing) o llamadas de voz (vishing) sea cada vez más compleja.
«Los estafadores tienen acceso a datos personales disponibles en la dark web y a herramientas que les permiten falsificar números de teléfono para que parezcan legítimos. Estas llamadas muchas veces no son detectadas por las funciones antispam de los sistemas operativos ni por las aplicaciones disponibles para descarga», explica Mario Barrera, director Comercial de Nubatech, compañía especializada en prevención de fraude y protección de datos en canales virtuales.
El punto ciego de estas aplicaciones está en su propio modelo de funcionamiento, advierte el ejecutivo, ya que, al instalarlas, el usuario entrega su número, nombre y lista de contactos a una base de datos cuyo destino final rara vez se conoce con certeza. «El objetivo de muchas de estas aplicaciones no es únicamente prevenir el fraude, sino también recopilar información de los teléfonos para alimentar sus bases de datos o comercializarla con terceros», señala.
El resultado es doble: los clientes quedan más expuestos y, al mismo tiempo, el sistema suele clasificar erróneamente como spam números de comercios, servicios o bancos. «Esto provoca que las empresas vean limitadas o rechazadas comunicaciones que son críticas para relacionarse con sus clientes», agrega.
Frente a este escenario, un nuevo modelo de validación propone cambiar el enfoque y trasladar la responsabilidad de verificar la legitimidad de las comunicaciones desde los usuarios hacia las propias empresas. «La tecnología antismishing y antivishing se integra directamente a la aplicación móvil, el portal web y la red telefónica de la organización para detectar y bloquear en tiempo real intentos de estafa, sin que el cliente tenga que intervenir. De esta forma, el teléfono deja de ser una puerta de entrada para el fraude y pasa a convertirse en un canal más seguro, gracias al monitoreo y análisis permanente del tráfico de comunicaciones», explica el especialista.
Además de reforzar la protección de los usuarios, este modelo permite a las empresas resguardar su reputación al validar la autenticidad de sus comunicaciones mediante notificaciones instantáneas enviadas al teléfono de sus clientes. Así, las personas pueden confirmar el origen de un llamado o mensaje y se reduce el riesgo de que números legítimos sean clasificados como spam.
Sectores con altos estándares regulatorios, como banca, seguros, e-commerce y salud, ya están adoptando este enfoque en distintos países de la región, «no solo por su efectividad frente al fraude, sino también porque responde a las crecientes exigencias en materia de seguridad de la información y protección de datos personales», asegura el especialista de Nubatech, quien proyecta que la validación de la identidad corporativa será uno de los principales mecanismos para reducir el fraude asociado a llamadas y mensajes de texto.
