
Este 11 de septiembre se cumplen 25 años de los atentados de Al Qaeda contra Estados Unidos, una tragedia que dejó cerca de 3.000 fallecidos y marcó a generaciones. Para el exagente del FBI Mark Rossini, la fecha también revive una convicción que lo acompaña desde entonces: asegura que la información que tuvo en sus manos pudo haber permitido impedir los ataques.
“Yo vivo con el horror de saber que, si yo hubiera comunicado la información que tenía, esas dos torres estarían todavía en pie”, afirmó en una entrevista con la agencia EFE en Madrid, donde presentó el libro Agente Rossini. La historia del hombre que pudo haber evitado el 11-S, escrito por el periodista Álvaro Soto.
Rossini ingresó al FBI en 1991 y, cinco años después, fue destinado como enlace a una unidad de la CIA dedicada a localizar a Osama bin Laden. Fue en ese trabajo donde, según su relato, accedió a un antecedente que considera decisivo.
El 5 de enero de 2000 leyó un cable que informaba que uno de los asistentes a una reunión yihadista en Kuala Lumpur, Malasia, había obtenido un visado para ingresar a Estados Unidos. Se trataba de Khalid al-Mihdhar, quien posteriormente participó en el secuestro del avión que se estrelló contra el Pentágono.
El exagente sostiene que él y un compañero prepararon un informe para el FBI, pero que sus superiores de la CIA impidieron su envío. Según recuerda, cuando insistió en comunicar el antecedente recibió una respuesta tajante: “No lo vamos a pasar y tú no vas a decir nada”.
A su juicio, conocer esa información habría permitido al FBI vigilar al sospechoso desde su llegada al país e investigar sus actividades. Rossini está convencido de que ese seguimiento habría permitido descubrir los planes, aunque se trata de su interpretación sobre lo que pudo haber ocurrido.
Quien habría recibido el informe era John O’Neill, responsable de contraterrorismo del FBI, además de mentor y amigo de Rossini. O’Neill murió en los ataques contra las Torres Gemelas, una pérdida que el exagente recuerda con especial dolor.
Rossini atribuye parte de las fallas previas al atentado a la mala relación que existía entre el FBI y la CIA. También cuestiona el peso de los intereses económicos en el vínculo de Estados Unidos con Arabia Saudita, país del que procedían 15 de los 19 secuestradores.
“Arabia Saudí es un tema sensible. El precio del petróleo es más importante que la sangre de las personas”, sostuvo.
Pese a sus críticas, reconoce avances en la coordinación de los organismos de inteligencia. Según señaló, las medidas adoptadas después del 11S permitieron superar los problemas de intercambio de información que existían hace 25 años.
El libro de Álvaro Soto, elaborado tras dos años de documentación, también aborda los episodios más complejos de la trayectoria de Rossini. El periodista lo describe como “un personaje fascinante, con luces y sombras”.
Tras los atentados, el exagente enfrentó depresión y problemas con el alcohol. Más adelante perdió su trabajo por un caso relacionado con la entrega de información confidencial de una investigación del FBI a una actriz.
Rossini reconoce haber cometido errores, pero sostiene que sus conflictos con integrantes de la CIA, surgidos tras denunciar las fallas de coordinación, influyeron en las consecuencias judiciales que enfrentó.
Luego trabajó como investigador privado y protagonizó nuevas controversias. Entre ellas, prestó servicios a un mafioso de Europa del Este presuntamente vinculado con las supuestas injerencias rusas en las elecciones estadounidenses de 2016. Posteriormente, Donald Trump lo indultó en un caso de sobornos en Puerto Rico.
A un cuarto de siglo de los atentados, Rossini asegura que no pasa un día sin recordar lo ocurrido. Su propósito, afirma, es seguir contando su versión sobre los antecedentes que conoció antes del ataque y las decisiones que impidieron compartirlos con el FBI.
