Advierten que «El Niño» podría alcanzar una intensidad muy fuerte en los próximos meses en Chile

Un episodio de El Niño de alta intensidad podría desarrollarse durante los próximos meses y extender sus efectos hasta comienzos de 2027. Así lo planteó Rosa Zamora, investigadora del Centro de Acción Climática de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, quien proyectó un 97% de probabilidad de persistencia del fenómeno hasta inicios del próximo año.

El Niño se origina por la interacción entre el océano y la atmósfera en el Pacífico ecuatorial. El debilitamiento de los vientos alisios reduce la surgencia de aguas frías y provoca un aumento de las temperaturas superficiales del mar, especialmente en las zonas central y oriental del océano.

Este calentamiento genera cambios en los patrones de presión, viento y nubosidad a nivel global. En Sudamérica, estas modificaciones pueden favorecer un aumento de las precipitaciones en sectores del centro y norte de Chile.

En el ámbito regional, el calentamiento del océano también puede debilitar el anticiclón subtropical del Pacífico Sur. Esta condición permitiría que los sistemas frontales avancen con mayor facilidad hacia latitudes más bajas del territorio nacional.

A este escenario se suma la influencia de la oscilación Madden-Julian y de los llamados ríos atmosféricos, corredores de gran cantidad de vapor de agua que, al interactuar con sistemas frontales, pueden incrementar la intensidad y duración de los temporales.

Para el trimestre comprendido entre agosto y octubre se anticipan anomalías de temperatura superficial del mar superiores a los 2 grados Celsius. De acuerdo con el escenario planteado, también se prevén precipitaciones por sobre los promedios históricos en sectores de la zona centro y centro-sur del país.

Uno de los principales riesgos asociados a este escenario corresponde a la ocurrencia de aluviones y crecidas de ríos, debido a una eventual elevación de la isoterma cero. Esto podría generar precipitaciones líquidas en sectores cordilleranos donde normalmente se registra nieve, aumentando el escurrimiento hacia quebradas y cauces.

Aunque un periodo lluvioso podría representar un alivio para las zonas afectadas por años de déficit hídrico y favorecer la acumulación de nieve en la cordillera, especialistas advierten que una sola temporada de precipitaciones no garantiza la recuperación definitiva de las reservas de agua.

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