Meniscos en jaque: ¿Cuándo el dolor de rodilla indica que es momento de evaluar una cirugía?

El bloqueo de la articulación y la inflamación persistente son señales de alerta que podrían indicar una lesión meniscal que, sin un tratamiento oportuno, puede comprometer la movilidad y favorecer el desgaste prematuro de la rodilla.

Santiago, 13 de julio de 2026. La rodilla es una de las articulaciones de carga que más exigimos en la vida diaria, ya sea al subir y bajar escaleras, al caminar largas distancias o al practicar deporte. En su interior se encuentran los meniscos, dos estructuras de fibrocartílago con forma de medialuna que actúan como amortiguadores y estabilizadores  naturales, distribuyendo la carga del peso corporal y aumentando el contacto entre el fémur y la tibia. Se estima que las lesiones meniscales tienen una incidencia aproximada de 60 casos por cada 100.000 personas al año, siendo una de las patologías de rodilla más frecuentes atendidas por especialistas en traumatología.

«El menisco tiene una capacidad reparativa muy limitada debido a su irrigación sanguínea periférica. Por eso, cuando ocurre una rotura importante, el tejido dañado puede desplazarse y actuar como una ‘piedra en el zapato’ dentro de la rodilla, provocando síntomas dolorosos mecánicos que incluso pudiesen causar un desgaste acelerado del cartílago», explica el  traumatólogo de Clínica INDISA, Dr. Juanjosé Valderrama.

¿Cómo se produce una lesión de meniscos?

Las lesiones meniscales pueden tener distintos orígenes dependiendo de la edad del paciente. En personas jóvenes suelen producirse por un trauma agudo, como un giro brusco con el pie apoyado en el suelo o una flexión excesiva durante la práctica deportiva. En cambio, en adultos mayores predominan las lesiones degenerativas, ya que el tejido pierde resistencia con el paso de los años y puede romperse incluso durante actividades cotidianas. Estudios poblacionales han demostrado que aproximadamente el 31% de las personas entre 50 y 90 años presenta una rotura meniscal detectable por resonancia magnética, aunque la mayoría no recuerda haber sufrido un traumatismo y muchas incluso ni siquiera presentan síntomas.

«Es fundamental entender que no todo dolor de rodilla requiere cirugía. Sin embargo, cuando el paciente relata que la pierna se le queda ‘trabada’, estamos frente a una señal de alerta mecánica que requiere una evaluación especializada», añade el especialista. Además señala que “en INDISA tenemos el beneficio de Copago $0 en más de 20 cirugías para pacientes con Isapre o Fonasa, de acuerdo con el porcentaje de cobertura de su previsión”.

Señales que no conviene ignorar

Detectar una lesión meniscal de forma oportuna puede evitar complicaciones futuras, como el desarrollo precoz de artrosis. Si bien el dolor suele ser el síntoma principal, existen otros signos que justifican consultar con un traumatólogo:

●  Dolor localizado: generalmente en la línea de la articulación externa o interna, entre el fémur y la tibia.

●  Inflamación: aumento de volumen de la rodilla horas después de la lesión o tras realizar actividad física.

●  Bloqueo articular: dificultad para extender o flexionar completamente la rodilla.

●  Sensación de inestabilidad: percepción de que la rodilla «cede» o no soporta correctamente el peso.

●      Crujidos o chasquidos: un sonido tipo «pop» al momento de la lesión..

¿Cuándo se recomienda una cirugía meniscal?

Cuando el tratamiento tradicional, que incluye kinesiología, reposo y medicamentos antiinflamatorios, no consigue aliviar los síntomas o recuperar la funcionalidad, la cirugía puede convertirse en la mejor alternativa. La cirugía meniscal se realiza mediante artroscopia, una técnica mínimamente invasiva que permite intervenir la articulación utilizando pequeñas cámaras e instrumentos especializados.

Actualmente, el objetivo de este procedimiento no es retirar completamente el menisco, sino preservar la mayor cantidad posible de tejido sano, eliminando únicamente la porción dañada o reparándola mediante suturas cuando las características de la lesión lo permiten. La evidencia muestra que preservar y reparar el menisco cuando la lesión lo permite ayuda a mantener la función de la rodilla y disminuye el riesgo de desarrollar artrosis en comparación con la extracciones amplias de tejido meniscal.

«Hoy privilegiamos la preservación del menisco siempre que sea posible. Mientras más tejido logremos conservar mediante técnicas de reparación, mejores serán las perspectivas a largo plazo para prevenir el desgaste del cartílago. Cuando esto no es posible, la meniscectomía parcial ofrece una solución efectiva para aliviar el dolor y permitir que el paciente retome sus actividades habituales», concluye el especialista.

En Clínica INDISA contamos con un equipo especializado en traumatología y cirugía de rodilla, también con tecnología de diagnóstico y tratamiento orientada a entregar una atención integral para lesiones deportivas y degenerativas, favoreciendo una recuperación segura y una mejor calidad de vida para nuestros pacientes.

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